Perseverarse humanos; toda una identidad beatífica

La calidad del desarrollo ha de medirse por su capacidad de mantenernos humanos, que es lo que fomenta la unión y la unidad, favoreciendo condiciones existenciales dignas, acceso a los bienes necesarios, relaciones sociales justas, atención y cuidado de la creación.

Resistiendo a la obsolescencia de los afectos

La única vía para la emancipación de esta lógica no es el retorno nostálgico, sino la articulación de una política de la permanencia donde la paciencia, el compromiso y el cuidado recíproco sean actos de subversión radical contra la tiranía de lo instantáneo… si no se lucha por la densidad de los afectos, ¿quién luchará por la densidad de nuestra propia vida?

Abandonar un gran amor

Espero que en este momento periodistas y comunicadores estemos remendando con oro este amor por la profesión, para que cuando la crisis termine se muestre lo valioso de nuestro trabajo, lo enamorados que estamos y que supimos realmente lo que “amor es…”.

El respeto a los vínculos de pertenencia

Cada cual, consigo mismo, debe propiciar el cambio; sin obviar el nudo de participación, con rendición de cuentas y actitudes responsables. Unamos, pues, nuestras energías para tomar otra reorientación por las sendas de la paz y del verdadero progreso.

Superar la situación actual

No existe ser humano que no se sienta aliviado cuando reina en su interior la quietud. Expandamos, pues, las saludables vibraciones de la conciliación entre nosotros. Comencemos por nuestro propio hábitat más cercano.

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