Libertad de empresa, de religión y educación privada

He leído con sorpresa el artículo publicado en este mismo Diario el día 22 del corriente mes por el columnista don Guillermo Miranda, titulado “Señores de Ministerio de Educación tomen nota”, en el que se refiere a los costos  de aranceles y otros rubros que cobran los colegios privados a los alumnos que se matriculan en los mismos y se refiere en una parte del mismo artículo que todos son de tendencia religiosa.

Voy a ir por partes. Parece, según el citado analista, que el Ministerio de Educación debe intervenir en la fijación de los costes que pagan los padres por matricular libremente a sus hijos en los mencionados centros de enseñanza. Pero cada quien que matricula a sus hijos en dichos centros lo hace en uso de su libertad de escoger el centro que mejor considera conveniente y los centros privados tienen también libertad de fijar sus aranceles y otros gastos en función de lo que le cueste a ellos el mantenimiento de la calidad de su educación y el pago del mantenimiento de su cuerpo docente.

Estimado señor Miranda, si los padres los matriculan en esos centros a los que usted parece sorprenderle los gastos es porque ellos tienen la capacidad económica necesaria para darles enseñanza que consideran como la mejor, la más aceptable  y nadie les obliga a matricularlos en los mismos. Lo hacen —reitero— en función de su libertad de elección de centro y de su capacidad económica.

El ciudadano que no tiene esa facilidad, matricula a sus hijos en la enseñanza pública que mal que bien, también lo hace por las mismas causas de libertad de elección, aunque no dudo que si tuvieran los medios económicos los mandarían seguramente a esos colegios a los que usted denuncia ante el Ministerio, como si estuvieran cometiendo un atropello contra la educación. No, señor Miranda, los colegios privados tienen las mismas normas de enseñanza que los públicos o concertados. Aparte de que, por ejemplo, los padres de los hijos que matriculan en los institutos y colegios de primaria tienen que hacer frente a gastos como la compra de libros, uniformes, zapatos, transporte y otros, que no son diferentes en este aspecto de los mismos o parecidos gastos que se pagan en los privados.

Vuelvo a otro aspecto que me da repelo a mí y seguramente a otros padres, ya que menciona a centros de educación católica y se le olvida que hay otros centros que no son de orientación católica donde también se paga los mismos gastos y quizás más, que todos conocemos y donde quizás no se les oriente en las normas del catolicismo, pero que sí en otras que obvia la enseñanza católica.

Parece que en nuestro país somos paupérrimos y no hay gentes que con su trabajo honesto tengan para hacer frente al pago de quinientos o más dólares que cuesta según el articulista matricular y pagar los gastos de colegiatura y demás. Pero los hay bastantes que tienen para pagar esos quinientos o más dólares en casos que incluso fuera más de un hijo el que estudie en esos centros de enseñanza. Aunque admito que es posible que haya familia que tengan que endeudarse hasta el “pescuezo” como afirma en su columna dedicada a este tema.

La verdad es que no comprendo su mensaje, señor Miranda, ya que no sé si usted  profesa o no la religión católica, si es evangelista, agnóstico o no creyente y el trasfondo que yace en el mismo. Me atrevo a preguntar con los debidos respetos: ¿Con quién quiere quedar bien? Pues tiene olor a falta de conocimientos profundos sobre la materia, ya que los colegios privados, católicos o no, existen y han existido siempre en nuestro país y en todas partes del mundo.

Este es un tema delicado y complejo que si bien puede ser sometido a escrutinio público, ello no implica que cualquier persona con los conocimientos necesarios opine manteniendo una escrupulosa ecuanimidad, y no hablar sobre el mismo al peso de la lengua como decimos en nuestro idioma secular.

Las naciones más desarrolladas económicamente, en cualquier parte del mundo mantienen los dos tipos de enseñanza, los privados y los públicos y los concertados y le vuelvo a llamar la atención en cuanto a que la libertad de elección del tipo de enseñanza está presente en todos los países. Menos en los que hay regímenes autocráticos en los que la elección la escogen los gobernantes.

En América, desde Canadá hasta Chile, hay libertad de elección en la escogencia del centro al que mandar a sus vástagos, con muy pocas excepciones. En Europa, hay centros de enseñanza enteramente privados, sean o no religiosos o de otro tipo, y que sucede igual incluso con la enseñanza superior que conviven con los enteramente públicos. En África sucede igual y lo mismo puede decirse de otros continentes.

Aunque creo que en el fondo al señor Miranda no le gusta mucho que haya centros de enseñanza primaria o secundaria, que sean diferentes a los públicos, pues le repito si hay centro de enseñanza religiosos católicos es debido a que sus padres pueden pagar sus costos y les gusta que sus hijos se eduquen dentro de la religión católica y ello no significa menosprecio a la enseñanza pública que puede tener las mismas calidades que los mencionados y en la que hay también alumnos que profesen su fe católica o evangélica con independencia de su pertenencia al centro público en el que estudien.

Le repito, señor Miranda, soy lector asiduo de sus columnas de los lunes en este prestigioso periódico en el que ambos tenemos una ventanita, que queramos o no, servimos de orientadores en los temas que tratamos y de allí que no debemos a veces lanzarnos a la piscina sin que haya agua. Saludos cordiales.

El autor es abogado nicaragüense residente en España.

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