Con la victoria del expresidente Donald Trump el martes 23 de enero en la elección primaria de New Hampshire, los expertos en la política de Estados Unidos (EE.UU.) opinan que no tendrá rival para su nominación como candidato presidencial del Partido Republicano.
La misma jefa de campaña del presidente y también candidato demócrata Joe Biden, Julie Chávez Rodríguez, así lo reconoció al declarar que con su victoria en New Hampshire “Donald Trump prácticamente se ha asegurado la nominación republicana”.
Pero el camino de Trump a la nominación y a un segundo mandato presidencial no está libre de obstáculos. Tiene sobre todo el que la Suprema Corte de EE.UU. debe decidir si puede o no ser candidato en la elección presidencial de noviembre de este año.
Entre las diversas acusaciones judiciales que enfrenta Trump la más grave políticamente es la de que fue responsable del asalto al Capitolio de Washington DC, en enero de 2021, calificado como una insurrección o intento de golpe de Estado. Y de acuerdo con la sección 3 de la Enmienda 14 de la Constitución de EE.UU., no pueden ocupar cargos federales quienes “han participado en una insurrección o rebelión”.
La Corte estatal de Colorado ya sentenció que Trump no puede participar en la elección primaria de dicho estado. Trump apeló la sentencia, la Suprema Corte Federal anunció que decidirá el caso en febrero próximo y su sentencia será válida para toda la Unión Americana.
Ahora bien, aunque Trump ya fue presidente de EE.UU. y se conoce lo que hizo durante su administración, hay una gran expectativa acerca de lo que querría y podría hacer en un segundo período presidencial. Al respecto el reconocido analista francés de política internacional, Guy Sorman, opina que aunque sea necesario prepararse para un segundo mandato de Trump no hay “ninguna razón para que sea más turbulento que el primero”. Según Sorman, “Trump tratará sin duda de desentenderse de la guerra en Ucrania”. Los europeos lo saben y por eso “ya están dedicando una proporción cada vez mayor de sus recursos a ejércitos que, a la larga, podrán intervenir sin Estados Unidos”.
Agrega Sorman que “hay dos áreas de conflicto en las que es poco probable que Trump cambie la posición tradicional de Estados Unidos: Taiwán e Israel. Taiwán, porque Trump es aún más antichino que Biden, e Israel, porque el núcleo de su electorado es profundamente proisraelí, por razones teológicas incluso más que geopolíticas”.
Por supuesto que Sorman no dice nada sobre Nicaragua, pero se puede recordar cómo actuó Trump frente la crisis nicaragüense que estalló en abril de 2018, cuando él llevaba un año y tres meses en el cargo. La administración Trump atribuyó la crisis de Nicaragua a “la respuesta violenta del gobierno a las protestas que comenzaron el 18 de abril de 2018”, y acusó al régimen de Ortega del “desmantelamiento y debilitamiento sistemático de las instituciones democráticas y el Estado de derecho”, así como el uso desmedido de la represión y la violencia estatal.
Inclusive, la administración Trump declaró la crisis de Nicaragua como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU.”, como consecuencia dictó una orden ejecutiva para sancionar a funcionarios del régimen de Ortega. Y además dispuso una ayuda económica para apoyar la lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua, destinada a organizaciones de la sociedad civil y defensores de los derechos humanos.
Altos funcionarios de la administración Trump condenaron en términos muy fuertes al régimen de Ortega. Por ejemplo, el asesor presidencial de Seguridad Nacional, John Bolton, declaró que Nicaragua formaba con Cuba y Venezuela “la troika de la tiranía” y un “triángulo del terror… causante del inmenso sufrimiento humano, el ímpetu de la enorme inestabilidad regional y la génesis de una sórdida cuna del comunismo en el hemisferio occidental”. Pero eso no pasó a más.
Ahora, si Trump volviera a ser presidente de EE.UU. en enero del próximo año habrían pasado más de cinco años y muchos acontecimientos que han modificado la situación internacional. Sin embargo, recordar el comportamiento de Trump en relación con Nicaragua cuando fue presidente de EE.UU. antes de la actual administración de Joe Biden, puede ser útil para avizorar lo que más o menos podría hacer en una segunda oportunidad presidencial. Eso en el caso de que la Suprema Corte de Justicia se la permita.