Una de las deudas que tiene el periodismo es el seguimiento de las historias que contamos. Me pasó muchas veces que la gente me preguntaba qué pasó con el niño grillo, aquel que hacía grillos de palma para ganar dinero y llevarlo a su familia. La verdad hasta se siente un poco de culpa por no saberlo.
Recuerdo que ese tipo de reclamos, me atrevería a decir, me hicieron proponer dar seguimiento a algunas historias como la de Aldo, el niño universitario, el primer trabajo de una página que escribí cuando llegué a LA PRENSA, en 2003. Nos vimos 19 años después y el niño era todo un hombre, más alto que yo, recio, nada como el muchachito flaco que usaba camisas de uniforme y la regla de arquitectura le quedaba grande.
Con otras historias no tuve tanta suerte, pregunté por Belinda Eva, una mujer que luchaba contra el cáncer con el mejor humor que he visto, decía que no importaba perder el cabello cuando con las pelucas, pañuelos y sombreros tenías tantas posibilidades. En el 2004 a sus 47 años llevaba 11 años en esta lucha. Cuando intenté retomar esta historia al igual que con Aldo, una amiga que vivía cerca de la casa de ella me dijo que había fallecido.
En mis adentros, y a una manera de consuelo dije que Belinda Eva vivió una gran vida y con mucha esperanza, porque ella misma decía que una de las claves era la espiritualidad, sin importar la religión que practicaras.
Nicaragua ya no tiene periódicos impresos como LA PRENSA y El Nuevo Diario, donde pude contar muchas de estas historias, aún no sé dónde puedo conseguir una hemeroteca como la de la Universidad Centroamericana (UCA), si me dejarían entrar en la Casimiro Sotelo, es decir si estará abierta al público, para dar una repasada por esas páginas que creo ya estarán amarillas, porque ya son 20 años desde que inicié en la maravillosa aventura de escribir en medios de comunicación nacionales.
Hoy leo mucho, veo y escucho mucho de historias de gente que se ha visto forzada al exilio, que tiene problemas para hacer gestiones de refugio, asilo y similares. Se han contado historias de la situación que viven los presos políticos en Nicaragua, de los que fueron excarcelados, desterrados y desnacionalizados. Qué pasará con ellos en cinco, diez, quince, veinte años.
Algún periodista se tomará el tiempo de ver si el que solicitó refugio logró establecerse en ese nuevo país, si el expreso político logró rehacer su vida sin documentos oficiales, porque creo que lo de nicaragüense no te lo da un papel, se preguntarán qué pasó con aquellos que fueron enviados a Estados Unidos sin hablar inglés, a Roma cuando declararon amar a Nicaragua y trabajar con su gente.
Dar seguimiento a lo que contamos como periodista es parte de la memoria histórica y es importante decirle a la gente qué ocurre luego. Ya he escrito sobre dar CACA (contexto, actualidad, comparación y análisis) bueno creo que también hay un poco de esto en retomar esas historias.
La preocupación que dejo, creo que se me está haciendo ya una mala costumbre con estos artículos, es que debe existir un registro de esta memoria histórica, no confiar que la hemeroteca de la UCA o el archivo del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica se mantendrá, porque ya la misma historia mostró lo contrario.
Los comunicadores, periodistas, deben de encontrar alternativas para el resguardo de los archivos y en este sentido reconozco y agradezco la iniciativa de LA PRENSA al rediseñar la Revista Magazine, incluyendo un amplio archivo de revistas, que nos remonta a aquellos tiempos en los que en un librero, un estante o una gaveta, guardábamos esos reportajes que releíamos cuando queríamos.
Espero que luego de sobrevivir, de resistir y reinventarse, el periodismo y la comunicación en Nicaragua logre rescatar los archivos y rescatar esas historias. A veces es bueno ponerse como audiencia y preguntarse qué pasó con aquellas personas que nos compartieron lecciones, información, sus vidas.
Hay algunas historias más fáciles de seguir como la de Phyllis Powers, exembajadora de Estados Unidos en Nicaragua, una mujer fuerte, recuerdo de esa entrevista que ella me dijo que aprendió mecánica para que no le dieran vuelta en los talleres. Entre otros detalles.
Otras son más difíciles, como la del niño grillo que hoy, al igual que Aldo ya no debe estar pequeño, debe ser un hombre, uno que quizá ya no me recuerde, pero los que leyeron ese trabajo en LA PRENSA un fin de semana seguro sabrán de quién hablo. A los colegas solo les pido, no dejemos pasar esos reclamos.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.