Expectativas con nuevo gobierno en Guatemala

La ciudadanía de Guatemala ha recibido con expectativas la toma de posesión del nuevo presidente de la República, Bernardo Arévalo de León.

Arévalo, de 65 años de edad, muestra con orgullo la credencial de ser hijo del notable estadista guatemalteco del siglo 20, Juan José Arévalo, quien gobernó su  país de 1945 a 1951 y es reconocido como el primer —y quizás el único— presidente íntegramente democrático en la historia de Guatemala.

 Graduado en Sociología en la Universidad Hebrea de Jerusalén y doctorado en Filosofía y Antropología Social en la Universidad de Utrecht en los Países Bajos, Bernardo Arévalo de León fue diputado en representación del Movimiento Semilla y después su victorioso candidato presidencial. Semilla fue reconocido legalmente como partido político apenas en 2018. Y sus cinco principios ideológicos constitutivos son: 1. La construcción de la democracia: 2. La equidad como eje orientador de la acción pública; 3. El reconocimiento de un país plural; 4. Impulsar la economía humana; y 5. El respeto a la Naturaleza.

Semilla pertenece a la Internacional Progresista, que agrupa a partidos socialdemocráticos de izquierda de más de ochenta países y de la que forma parte el partido político nicaragüense Unamos, antes denominado Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Seguramente por eso algunos analistas de extrema derecha han dicho que el gobierno de Bernardo Arévalo en Guatemala será uno más del llamado socialismo del siglo 21. Pero la verdad es que él ha condenado explícitamente a los regímenes de Venezuela y Nicaragua, llamándolos “sistemas dictatoriales”.

“En Nicaragua no hay democracia”, declaró Arévalo en febrero de 2022. Antes, en noviembre de 2021, el ahora presidente de Guatemala propuso en el Congreso de su país una moción para desconocer los resultados de la elección presidencial de Nicaragua, en la que Daniel Ortega se reeligió por tercera vez consecutiva.

De manera que no hay ninguna razón para creer que el gobierno de Bernardo Arévalo en Guatemala se sumará a los regímenes autoritarios de América Latina. Aunque tampoco es razonable esperar que los vaya a enfrentar y buscarse problemas externos teniendo más que suficiente con los internos.

Realmente, como quedó demostrado en el largo y tormentoso período desde la elección presidencial el 20 de agosto de 2023 hasta la toma de posesión el 14 de enero de 2024, el flamante presidente guatemalteco debe lidiar con poderosos enemigos e ingentes problemas. Y tiene que demostrar desde temprano que es capaz de resolverlos.

 “Las expectativas despertadas por el nuevo gobierno están ahí —se dice en el editorial de Prensa Libre de este martes 16 de enero—, pero el beneficio de la duda demanda resultados tangibles, al menos en un plazo de cien días”. La población que lo apoyó en las últimas semanas de convulsión política y sus propios votantes —agrega el prestigioso periódico guatemalteco—, “esperan ver correspondido su aval. Defendieron los resultados electorales, aunque no tanto por una filiación ideológica, sino por un profundo anhelo de ver salir a Guatemala del pozo en el cual la sumieron anteriores engaños, saqueos y componendas”.

No es poca cosa, pues, el desafío que tiene ante sí el presidente socialdemócrata de Guatemala, Bernardo Arévalo de León.

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