La oración y el diálogo diplomático sí funcionan

El pueblo católico y toda la gente de buena voluntad de dentro y fuera de Nicaragua recibió con alegría, este domingo 14 de enero, la noticia de que los 2 obispos, 15 sacerdotes y 2 seminaristas que estaban encarcelados en condición de presos políticos y de conciencia, fueron liberados y desterrados al Vaticano. Nosotros, por supuesto, también estamos muy contentos por ese hecho notable.

De esa manera los religiosos católicos liberados el fin de semana pasado se han unido a los otros 12 sacerdotes que también fueron excarcelados en octubre del año 2023 y desterrados a la sede romana de la Iglesia católica mundial.

Para los creyentes, los religiosos han sido excarcelados por el poder espiritual —invisible pero real— de la oración. “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá”, se dice en el Evangelio de San Mateo. Y así ha sucedido. Los católicos de Nicaragua y del mundo estaban en oración rogando con fe por la libertad de sus guías religiosos y morales, y sus oraciones han sido escuchadas; pues aunque los religiosos no hayan sido dejados en libertad incondicionalmente y en su país, como debería ser en estricto sentido de derecho y justicia, el hecho de que hayan salido de las mazmorras es ya un gran triunfo y una bendición.

 En el plano material y político la liberación de los obispos, sacerdotes y seminaristas católicos es una  victoria de la diplomacia discreta y paciente del Vaticano. El mismo régimen lo reconoce en el comunicado oficial para informar sobre la liberación y destierro de los religiosos, en el que agradece al papa Francisco “por las muy respetuosas y discretas coordinaciones realizadas para hacer posible el viaje hacia el Vaticano de dos Obispos, quince Sacerdotes y dos Seminaristas”.

 Después de una larga cadena de discursos injuriosos y agresivos contra los representantes de la Iglesia católica, incluyendo a sus autoridades superiores y al mismo papa Francisco, el régimen habla en ese comunicado del “cumplimiento de Acuerdos de Buena Fe y Buena Voluntad, que buscan promover entendimiento y mejorar la comunicación entre la Santa Sede y Nicaragua, para la Paz y el Bien”. Y reconoce “las posibilidades del Diálogo franco, directo, prudente y muy serio… para continuar cultivando la confianza y para acrecentar desde la Fe, la tranquilidad de Espíritu y el Derecho a la Justicia y la Vida de las Familias Nicaragüenses”.

 Ojalá que esas palabras fuesen sinceras y sean respaldadas por avances concretos hacia el restablecimiento de las relaciones normales del Estado con la Iglesia católica y demás instituciones religiosas; al respeto de la libertad de religión que incluya el retorno libre al país de los religiosos desterrados; y hacia la liberación de todos los presos políticos porque no debería haber ninguna persona encarcelada por sus opiniones políticas y creencias religiosas.

 Se puede hacer cualquier clase de suposición o especulación sobre las razones del régimen para liberar a los obispos, sacerdotes y seminaristas  y enviarlos al Vaticano. Pero lo que importa ante todo es el hecho mismo, las explicaciones del caso ya se podrán conocer más adelante.

 Lo importante ahora es la demostración de que la unión del poder espiritual de la oración con la fuerza política y moral de la diplomacia, podría ciertamente producir grandes logros en beneficio de toda la sociedad nicaragüense, la que hoy está dolorosamente contrapuesta y polarizada en dos grandes bandos que parecen pero no deberían ser absolutamente irreconciliables.

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