Israel en el banquillo de La Haya

El jueves de esta semana Sudáfrica acusó a Israel ante la Corte Internacional de Justicia de estar cometiendo genocidio contra el pueblo palestino. La acusación es contra el Estado de Israel  no contra el pueblo judío o israelí, ha precisado el gobierno sudafricano.

El supuesto genocidio lo estaría cometiendo Israel en la guerra que libra en la Franja de Gaza contra Hamás, la organización militar palestina declarada terrorista por la comunidad democrática internacional, en particular Estados Unidos y la Unión Europea. De manera que, como era de esperarse, los regímenes dictatoriales y autoritarios que existen en diversos países y los movimientos políticos de la izquierda y ultraizquierda internacional han respaldado la acusación sudafricana.

Por su parte el ministro de Relaciones Exteriores del Estado de Israel, Isaac Katz, rechazó la acusación alegando que lo que pretende el gobierno sudafricano es que el ejército israelí ponga fin a su ofensiva militar en Gaza. De esa manera Hamás y las otras organizaciones terroristas palestinas quedarían en libertad para seguir atacando a Israel y masacrando a la población civil israelí.

Ahora bien, para entender el porqué de la acusación de Sudáfrica hay que tomar en cuenta que el gobierno sudafricano ha tomado posición reiteradamente contra Israel en el conflicto con los movimientos palestinos. Y ahora pretende ignorar que la actual guerra de Gaza la comenzó Hamás con otros movimientos terroristas palestinos, con su despiadado ataque contra la población civil israelí perpetrado el pasado 7 de octubre, que dejó un saldo de más de mil doscientos asesinados y decenas de secuestrados.

Está absolutamente claro que no ha sido Israel el que inició esta guerra y mucho menos con intención de exterminar al pueblo palestino, como acusa el gobierno sudafricano. Son los terroristas palestinos los que tienen el propósito declarado de liquidar a la población israelí, pues, como establece la Carta Fundacional de Hamás, “Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam los destruya, tal como ha borrado a otros antes”.

La Corte Internacional de Justicia es el órgano judicial de las Naciones Unidas (ONU), que mayoritariamente se ha pronunciado contra Israel en esta guerra contra Hamás. Según la ONU con su respuesta a los ataques del 7 de octubre Israel ha matado indiscriminadamente a muchos civiles palestinos y debe poner fin de inmediato a sus acciones militares contra Hamás. De allí que algunos observadores crean que la Corte de La Haya resolverá en contra de Israel la  acusación de Sudáfrica.

Sin embargo, la Convención Internacional contra el Genocidio establece que este se comete solo cuando hay intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Lo cual tiene que ser demostrado por la parte acusadora contra Israel y comprobado por el tribunal de La Haya con hechos verificados y pruebas evidentes, contundentes e irrefutables, no con declaraciones sueltas de algún funcionario extremista y exaltado.

De manera que según los expertos podría pasar mucho tiempo hasta que la Corte Internacional de Justicia dicte sentencia sobre el caso. Sin embargo, y al parecer esto es lo que pretende Sudáfrica, la Corte podría dictar de inmediato como medida cautelar una orden para que Israel cese la guerra contra Hamás.

Si los jueces de la  Corte de La Haya fuesen en este caso ecuánimes —como tiene que ser la justicia por su propia naturaleza—, deberían ante todo exigir a Hamás que libere a las personas israelíes que tiene secuestradas; que desmantele su organización militar y ponga fin a sus operaciones terroristas contra Israel; y que a partir de eso las dos partes procuren un acuerdo de paz con garantías internacionales.

La Corte Internacional tiene la histórica responsabilidad no solo de decidir sobre la acusación sudafricana contra Israel, sino también, y ante todo, de demostrar al mundo que es un tribunal de justicia en el cual la humanidad puede confiar ahora y seguir confiando en el futuro.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Pero resulta que el ejercito de Israel esta formado por todo el pueblo de Israel. Todo el mundo tiene que prestar servicio militar tanto mujeres como hombres. Un fallo adverso a Israel sería una condena a todo el pueblo de Israel puesto que todos forman parte de las fuerzas armadas. Si este es el caso, entonces los Aliados en la Segunda Guerra Mundial deberían haber sido condenados por haber regresado la ciudad alemana de Dresden a la Edad de Piedra. No habia ninguna justificacion para haber destruido Dresden ya que no habían fabricas contribuyendo a la causa Nazi ni ejercito defendiendola.

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