Venezuela es un país con un régimen autoritario que implementa las mismas prácticas de represión contra los opositores y críticos como lo hace la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua, pero aún así permite que sus ciudadanos participen con libertad en las actividades religiosas, lo que no ocurre en el país centroamericano.
Por estos días, los medios de comunicación venezolanos están anunciando la esperada procesión de la Santísima Virgen Divina Pastora en la ciudad Barquisimeto, el evento más multitudinario del país, organizado por la Arquidiócesis de la ciudad.
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Es la «166° visita de la Divina Pastora, que se llevará a cabo el próximo 14 de enero. La procesión, que es la más multitudinaria del país, girará en torno al lema ‘Con María, caminemos en comunión'», según una nota publicada por el medio religioso Aciprensa.
La imagen de la Virgen recorrerá más de siete kilómetros desde la iglesia de Santa Rosa hasta la Catedral Metropolitana de Barquisimeto. En 2023, las autoridades informaron que aproximadamente tres millones de personas asistieron a la procesión.
Recién el viernes 5 de enero tuvo lugar la solemne «bajada» de la Divina Pastora de su nicho en la iglesia de Santa Rosa, hasta la nave central del templo, lo que confirma que en Venezuela se respetan los actos tradicionales religiosos. El acto inició con una misa, presidida por monseñor Oswaldo Araque, obispo de Guanare y administrador apostólico de la Arquidiócesis de Barquisimeto.
En cambio la dictadura de Ortega en Nicaragua, que ve en el régimen de Nicolás Maduro uno de sus principales aliados políticos en la región, tiene presos a casi 20 sacerdotes de la Iglesia católica, entre ellos el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, uno de los más críticos contra la dictadura orteguista. El obispo Álvarez fue sentenciado a 26 años de prisión por «traición a la patria» y otros delitos políticos. Los demás sacerdotes no han sido acusados.

En los últimos años, el dictador Ortega y su esposa y cogobernante, Rosario Murillo, han radicalizado sus ataques contra la Iglesia católica, encarcelando sacerdotes y prohibiendo todas las actividades religiosas fuera de los templos. Particularmente en 2023, en Semana Santa, la Policía orteguista persiguió a los participantes de las procesiones tradicionales, entre estas, la recreación de la Pasión de Cristo.
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La guerra de la dictadura de Ortega contra la Iglesia católica lo llevó a suspender las relaciones diplomáticas con el Vaticano, tras una crítica del papa Francisco por la detención de sacerdotes en Nicaragua.