Este lunes 8 de enero el papa Francisco habló sobre Nicaragua por segunda vez en lo que va del nuevo año, 2024. La primera fue el mismo 1 de enero, cuando en la oración del Ángelus pidió rezar por Nicaragua y que “siempre busquemos el camino del diálogo para superar las dificultades”. El papa Francisco no especificó las dificultades, pero es obvio que se refería al encarcelamiento de sacerdotes y obispos y en general a las tribulaciones que sufre actualmente la Iglesia católica.
Ahora, al hablar este lunes 8 de enero ante el cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano, el papa Francisco tampoco entró en detalles, pero fue claro al decir que en Nicaragua “hay una crisis que se prolonga desde hace tiempo con dolorosas consecuencias para toda la sociedad nicaragüense, en particular para la Iglesia católica”. Y agregó que “la Santa Sede no cesa de invitar a un diálogo diplomático respetuoso del bien de los católicos y de toda la población”.
Cabe suponer que al decir “diálogo diplomático” el papa Francisco se refería a una negociación entre Estados, ya sea que se realice directamente o mediante intermediarios.
El Estado de Nicaragua suspendió las relaciones diplomáticas con el Vaticano en marzo del año pasado, después de que el papa Francisco calificara al régimen de Daniel Ortega como una “dictadura grosera” y “hitleriana”. No rompió las relaciones, solo las dejó suspendidas.
Un año antes había sido expulsado del país el nuncio papal, o embajador del Vaticano, monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag. A cargo de la Nunciatura en Managua quedó el secretario y también monseñor Marcel Diouf, en condición de Encargado de Negocios, pero un año después el régimen pidió al Vaticano retirar a los representantes de los dos Estados. Según se informó, la sede de la Nunciatura quedó a resguardo de la Embajada de Italia en Nicaragua.
Ahora bien, lo que hizo anteriormente el régimen con los 12 sacerdotes que tenía encarcelados, fue desterrarlos el 18 de octubre del año pasado y enviarlos al Vaticano previo acuerdo con la Santa Sede. De manera que no sería raro que ahora negociara también —mediante el “diálogo diplomático” mencionado por el papa Francisco—, la deportación de los 13 sacerdotes, tres seminaristas y un obispo encarcelados a fines del 2023.
Se puede suponer que para el Vaticano, la Iglesia de Nicaragua y personalmente para los religiosos católicos prisioneros, sería muy importante que los sacaran de la cárcel aunque fuesen desterrados. Lo que habría que ver es si monseñor Rolando Álvarez, quien está preso desde hace más de 16 meses, también aceptaría salir de la cárcel para irse al Vaticano, como consecuencia del hipotético “diálogo diplomático” que ha pedido el papa Francisco “por el bien de los católicos y de toda la población”.
En estricto sentido de derecho y justicia los obispos, sacerdotes y seminaristas presos deberían ser dejados en libertad incondicionalmente, puesto que no se ha comprobado en un juicio justo que hubieran cometido delito. Sin embargo, dadas las circunstancias, si los sacaran de la cárcel para enviarlos al Vaticano por lo menos se aliviaría su sufrimiento, así como el de sus familiares y en general de la comunidad católica nicaragüense e internacional.