Para la Iglesia católica de Nicaragua una Navidad triste, pero esperanzada

Sin duda que la Navidad 2023 es para la Iglesia católica de Nicaragua la más triste en su historia de cinco siglos, pero siempre llena de esperanza.

Al decir Iglesia católica nos referimos a la institución religiosa, su alta jerarquía, orden sacerdotal, seminaristas y congregaciones religiosas, pero también a todos los fieles que por definición y en virtud del bautismo forman la gran asamblea de Dios.

La Navidad es una celebración de esperanza porque festeja el nacimiento de Jesucristo, del Mesías, del Hijo de Dios hecho hombre que vino al mundo a ser crucificado por la redención de la humanidad; y quien, de acuerdo con la doctrina, vendrá otra vez al final de los tiempos para juzgar a todos los vivos y los muertos y colocarlos en el lugar que les corresponderá por toda la eternidad.

Pero al mismo tiempo esta Navidad  es triste para la Iglesia católica, por la gran tribulación que sufre debido a la intolerancia y persecución del Estado, por la gran cantidad de sacerdotes desterrados y dos de sus obispos encarcelados: el de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez Lagos, y el del Siuna, monseñor Isidoro Mora.

Jamás en la historia nacional había ocurrido algo semejante. La Iglesia católica de Nicaragua sufrió muchas persecuciones y martirios en el pasado, pero nunca y ninguno como los que padece en los tiempos actuales.

Pero la esperanza es la virtud teologal que “protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna…”, según el Catecismo de la Iglesia católica.

Suenan en estas circunstancias con más actualidad y vigor que nunca los versos de Rubén Darío, uno de los constituyentes de la identidad cultural nicaragüense, en su poema emblemático que tituló precisamente Canto de Esperanza:

     ¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas para tender tu manto de luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas!

     Surge de pronto y vierte la esencia de la vida sobre tanta alma loca, triste o empedernida que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida.

Ven, Señor, para hacer la gloria de Ti mismo; ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo, ven a traer amor y paz sobre el abismo…

En esta Nochebuena y en el Día de Navidad, junto con el regocijo por el nacimiento del Niño Jesús, en los templos, los hogares, los corazones y las mentes de todos los católicos, pero también de los creyentes no católicos y todas las personas de buena voluntad, se han de  elevar plegarias para que Dios se acuerde de esta tierra hoy tan ultrajada, y de su gente que sufre sin merecerlo el castigo que se le está imponiendo.

Y sobre todo muchas plegarias se alzarán al cielo por la libertad de los obispos Rolando Álvarez e Isidoro Mora, por el cese de las hostilidades contra la Iglesia de Dios, porque reine la paz en  los corazones de todos los miembros de la gran familia nicaragüense.

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