La semana pasada, del miércoles 13 al viernes 15 de diciembre se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, el Foro Mundial sobre Refugiados.
Ha sido un evento importante para Nicaragua, donde el problema de los refugiados se ha agravado por los exilios obligados y el despojo de su nacionalidad a muchas personas, convertidas en apátridas por la represión estatal. También a numerosos nicaragüenses se les ha impedido regresar a su patria o encontrándose en el extranjero los consulados nicaragüenses no les revalidan sus pasaportes.
No tenemos la cifra exacta, pero sin duda que es muy grande la cantidad de personas y familias nicaragüenses que sufren por la tragedia de los refugiados, exiliados y apátridas, que son personas humanas investidas de dignidad y no miserables parias de la Tierra.
De esa manera se llama peyorativamente a las personas que por diversas causas son marginales, no están integradas en la sociedad, son estigmatizadas por el desprecio y condenadas a la humillación y el escarnio. “Escorias del mundo” los denomina también la doctora Eleni Varikas, una politóloga griega profesora en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad París VIII que ha hecho un enjundioso estudio del tema.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, expresó en la clausura del Foro Mundial sobre Refugiados que “estos sonpersonas reales con esperanzas y sueños legítimos: mujeres y hombres con habilidades e ideas, niños y niñas con planes y ambiciones. Son personas que tienen los mismos derechos a la seguridad, la alimentación, el agua, la vivienda y la dignidad, recalcó”.
Agregó Guterres que “los refugiados merecen todas las oportunidades de un futuro mejor, lo que significa que la protección y el apoyo no deben ser una lotería, ni una carga desproporcionada que recaiga sobre unos pocos países y comunidades en función de la geografía. Es una obligación compartida por toda la humanidad”.
En realidad, no es por su propia voluntad que esas personas sufren esa penosa situación, lejos de su patria y de sus hogares, de sus familias y su gente, pasando por indecibles dificultades.
Aunque los representantes del Estado de Nicaragua se refieren con desprecio a los nicaragüenses refugiados en otros países, a los exiliados y los apátridas, estos merecen la admiración, el respeto y la solidaridad de sus compatriotas dignos.
La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha declarado que se propone poner fin a la apatridia para el próximo año 2024. Y que para 2030 habrá reasentado en condiciones adecuadas a por lo menos un millón de refugiados.
Gracias a los esfuerzos de Acnur millones de apátridas han podido adquirir una nacionalidad y varios países han aprobado leyes y ejecutado medidas para aliviar la situación de los refugiados. De manera que el reciente Foro Mundial sobre los Refugiados podría fortalecer los esfuerzos de Acnur y ayudarla a alcanzar sus metas tan humanitarias.
Aunque para eso deberá tener el apoyo práctico de los gobiernos, lo que seguramente no será nada fácil.