El conflicto por el Esequibo y la amenaza de otra guerra

El Esequibo es un territorio de  América del Sur, a orillas del océano Atlántico, reclamado como propio por Guyana y Venezuela. Tiene casi 160 mil  kilómetros cuadrados y es rico en petróleo y minerales valiosos. 

La disputa por el Esequibo es antigua, viene desde la fundación del Estado independiente de Venezuela, pero se agravó cuando se supo de las grandes riquezas que contiene su subsuelo. Y se agudizó a partir del 3 de diciembre corriente, cuando el régimen venezolano realizó un referendo para que los votantes aprobaran que el territorio en litigio sea un nuevo estado de Venezuela, denominado Guayana Esequiba.

El gobierno de Guyana reaccionó declarando que está dispuesto a defender de cualquier manera el territorio que considera y administra como propio. Y de esa manera se creó una conflictiva  situación que podría conducir al estallido de una guerra entre los dos países.

La relación de fuerzas entre ambos es enormemente desigual. Venezuela tiene una población de más o menos 30 millones de personas, mientras que la de Guyana no llega al millón. Y en cuanto a fuerzas militares la diferencia es de 40 a 1 a favor del Estado venezolano. Sin embargo, Guyana apela a su relación de amistad con Estados Unidos para poder defenderse si es necesario.

La guerra se puede evitar si se permite que la disputa territorial se resuelva mediante la aplicación del derecho internacional. Ya a comienzos de 1966, tres meses antes de que Guyana dejara de ser colonia británica y se constituyera como Estado independiente, se adoptó el denominado Acuerdo de Ginebra en el cual se determinó que la disputa limítrofe debe resolverse mediante negociaciones pacíficas de las partes. Y que si no lograran ponerse de acuerdo, el secretario general de las Naciones Unidas debía escoger posibles mecanismos de solución, de acuerdo con la Carta de la ONU.

En efecto, al no ponerse de acuerdo los gobiernos de Venezuela y Guyana el secretario general de la ONU, que entonces era Kofi Annan, dispuso que el diferendo debía ser resuelto por la Corte Internacional de Justicia, como debe ser y se ha hecho en muchos conflictos iguales o parecidos.

Sin embargo, el régimen de Venezuela no acepta la competencia de la Corte Internacional en este caso y plantea que se debe resolver en una negociación bilateral de las partes. Al parecer no confía en que la Corte podría favorecerlo con su fallo y apela a la superioridad de su tamaño y de sus fuerzas armadas. 

No obstante, como ya hemos dicho, Guyana cuenta con el apoyo de Estados Unidos y fuerzas militares de los dos países ya han realizado ejercicios preventivos. Además, Guyana puede invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que obliga a los Estados miembros de la OEA  a acudir en ayuda del que fuese víctima de un ataque militar de otro Estado.

O sea que Guyana no está sola ni estaría indefensa ante un ataque armado de Venezuela. Sin embargo, lo mejor sería que el conflicto no llegara a tales extremos; que Venezuela acepte el fallo de la Corte Internacional así como Guyana ha declarado su disposición a acatarlo, aunque no lo favorezca.

La guerra sigue siendo parte de las relaciones entre los Estados, pero se puede evitar si los países que tienen conflictos se someten al derecho y  la justicia internacional. Como lo ha hecho  Nicaragua en sus conflictos territoriales con otros países. 

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