Un calabozo de presos políticos en la Plaza de Luxemburgo

La solidaridad con los presos políticos, donde los haya, no termina ni  cesa la demanda de su libertad. En Nicaragua, como se sabe, hay actualmente alrededor de cien presos políticos, entre ellos monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y encargado de la Diócesis de Estelí.

A nivel internacional promueven la solidaridad con los presos políticos entidades como el Instituto Casla de la República Checa. Este es un centro de estudios de los problemas de América Latina, en particular de los países donde no hay democracia y especialmente de las violaciones a los derechos humanos y la situación de los presos políticos. Tiene su sede en Praga, capital de la República Checa y su directora ejecutiva es la jurista democrática venezolana Tamara Sujú, exiliada en ese país centroeuropeo.

El Instituto Casla promueve entre sus iniciativas particulares el apadrinamiento de personalidades internacionales a presos políticos de distintos países, incluyendo a los de Nicaragua. Como parte de ese esfuerzo, en agosto pasado montó una perfomance o presentación artística en la Plaza de Luxemburgo, de Bruselas, capital de Bélgica, en ocasión del 75 aniversario de la aprobación de la  Declaración Universal de los Derechos Humanos que se ha cumplido el recién pasado domingo 10 de diciembre.En la hermosa Plaza de Luxemburgo que es flanqueada por los edificios de la sede del Parlamento Europeo y otras instituciones principales de la Unión de Europa, el Instituto Casla montó la presentación artística que incluyó la representación visual de una celda de aislamiento de presos políticos, de 2×1 metros cuadrados, con los barrotes y el aspecto sórdido de esos antros en los que las dictaduras encierran a personas que luchan por la libertad y la democracia.

La simulación de la celda de castigo tenía el propósito de “mostrar la soledad y el aislamiento, los maltratos y las torturas físicas y psicológicas” que sufren los presos políticos. A lo cual “se suma al miedo a ser olvidados en esas cárceles inhumanas construidas o remodeladas para depositar a los presos políticos del mundo, esas que nos recuerdan cuán incivilizada puede ser la humanidad”.

Se recuerda aquel evento en ocasión de que, con motivo de las festividades navideñas, el Instituto Casla y otras entidades defensoras de derechos humanos han renovado la demanda de que cesen los encarcelamientos por motivos políticos, y que se libere a los que están presos por esas razones.

Las organizaciones nicaragüenses de derechos humanos y por la libertad de los presos políticos ya están en esa campaña. Y según informó LA PRENSA, el recién pasado domingo 10 de diciembre, nicaragüenses, cubanos y venezolanos exiliados o residentes en Miami, realizaron allí una marcha por la libertad de los presos políticos.

Es que mientras haya presos políticos en cualquier parte del mundo —y los habrá en tanto siga habiendo dictaduras— la gente noble, humanitaria y solidaria los tendrá en su memoria y no dejará de demandar su libertad.  

Editorial
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