Este domingo 10 de diciembre tomó posesión el nuevo presidente de Argentina, Javier Milei, autodefinido como libertario y calificado por sus adversarios y detractores como ultraderechista.
El cambio democrático de gobierno en el país suramericano, que es el tercero más grande de América Latina y pasa de un gobierno populista de izquierda a otro de derecha liberal ortodoxa, ha impactado fuertemente en Nicaragua, al grado de que el régimen de Daniel Ortega retiró a su embajador en Argentina antes de la toma de posesión de Milei.
Al parecer el régimen de Ortega se adelantó al nuevo gobernante argentino, quien, respondiendo una pregunta del periodista peruano Jaime Bayly dijo que retiraría a los embajadores de Argentina en Nicaragua, Venezuela y Cuba, porque sus gobiernos son dictaduras. Según los expertos, la retirada de un embajador no significa ruptura de las relaciones diplomáticas, pero sí una reducción al mínimo o un congelamiento de los vínculos entre los países.
Cabe recordar que con el gobierno saliente de Alberto Fernández, que era de izquierda, pero democrático, el régimen de Nicaragua tuvo dificultades. Tanto así que las relaciones diplomáticas de los dos países se enfriaron en 2021, cuando Daniel Ortega anunció que se volvería a reelegir en el mes de noviembre de ese año. Sin embargo, después de que el autócrata nicaragüense se reeligió los vínculos de los dos gobiernos volvieron a la normalidad.
En cualquier caso, las relaciones del nuevo gobierno derechista de Argentina con el régimen izquierdista de Nicaragua no es un tema importante en aquel gran país suramericano. Su gran preocupación es la grave crisis económica que deja el gobierno de la izquierda peronista, la cual el presidente Milei se ha comprometido a resolver con medidas drásticas de ajuste.
El diario argentino La Nación ha dicho en un editorial que Javier Milei ganó la elección presidencial por el “hartazgo de la sociedad ante las prácticas corruptas del kirchnerismo (gobierno anterior) y un modelo económico agotado que condujo a los argentinos a niveles de inflación del 142 % interanual que no se sufrían desde hacía 32 años y a tasas de pobreza superiores al 40 %”.
Agregó el gran periódico de los argentinos que “dejar atrás la inflación y sus efectos en el incremento de la pobreza debe ser una política de Estado.” Sin embargo, “ni empezar a resolver este caótico estado de cosas ni avanzar hacia un Estado limitado, ni poner fin a los regímenes de privilegio de una casta acostumbrada a vivir de las prebendas estatales entre la cual hay dirigentes políticos, empresarios y sindicalistas será fácil para Milei. Mucho menos con una representación parlamentaria que apenas constituye el 15 % de la totalidad de la Cámara de Diputados de la Nación y el 10 % del Senado, y sin gobernadores aliados”.
Concluía el editorial de La Nación indicando que el desafío de Milei “es llevar adelante (el programa de cambios) persuadiendo a muchos de quienes lo votaron sin estar demasiado convencidos de apoyarlo, con la Constitución en la mano, respetando el principio republicano de división de poderes y anteponiendo la indispensable prudencia y la tolerancia de la que todo presidente que apunte a convertirse en estadista debe hacer gala”.
Por nuestra parte expresamos que ojalá que la oposición peronista y de izquierda en general deje gobernar a Milei. Ellos han dejado a la Argentina en una situación desastrosa y lo menos que podrían hacer es dejar que gobierne normalmente la derecha y trate de sacar al país del abismo al que lo arrojaron.