Se cumple este 10 de diciembre de 2023 el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
48 representantes de los 58 Estados que entonces eran miembros de las Naciones Unidas, incluyendo al de Nicaragua, aprobaron la histórica Declaración. Ninguno votó en contra, pero 8 se abstuvieron y 2 se ausentaron en el momento de la votación.
Las abstenciones fueron de la Unión Soviética y los otros Estados comunistas que eran sus satélites, así como de Arabia Saudita y Sudáfrica. Ellos no aprobaron la Declaración porque no reconocían los derechos humanos de sus ciudadanos y por lo tanto no se sintieron obligados a respetarla.
Sin embargo, por el solo hecho de pertenecer a las Naciones Unidas los gobernantes de todos los países miembros tienen la obligación de acatarla porque es un tratado constitutivo de derecho internacional. Lo cual no impide que en muchos de los 193 Estados que en la actualidad pertenecen a la ONU, los derechos humanos son violados de muchas maneras y en algunos de ellos inclusive cometiendo crímenes contra la humanidad.
Sobre esto el académico ruso democrático Vladislav Inozemtsev, profesor del Departamento de Economía Mundial de la Facultad de Gobernanza Pública de la Universidad Lomonósov de Moscú, ha escrito y publicado en el diario La Razón, de España, un enfoque muy interesante.
Inozemtsev señala en su artículo, titulado Derechos, obligaciones y errores humanos, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos “se convirtió en uno de los pilares del derecho internacional contemporáneo, pero tres cuartos de siglo después se necesita más que nunca una actitud crítica”.
Señala que la Declaración solo habla de derechos, lo que “contrasta con la naturaleza de una mancomunidad que según Thomas Jefferson consiste en hombres que conocen sus derechos pero también sus deberes”. Y observa que además la Declaración “no dice ni una palabra sobre quién exactamente debe garantizar los derechos de los hombres”.
Agrega el profesor ruso que quienes más “violan los derechos humanos son los gobiernos de las naciones ‘poscoloniales’”. Y denuncia que “cualquier tipo de asistencia humanitaria a cualquier nación pobre pero dictatorial perpetúa las violaciones de los derechos humanos de su población”.
Sostiene categóricamente el profesor de la prestigiosa Universidad Lomonósov que “quien no respeta los derechos humanos no debería tener derecho a ser parte de Naciones Unidas… La celebración de los derechos humanos no debería convertirse en la continuación y el fortalecimiento de los errores humanos”.
Actualmente la Organización de Naciones Unidas sufre una grave crisis de identidad, principios y acción política. Crisis que ha sido agravada por la guerra en Gaza donde se han cometido terribles violaciones a los derechos humanos que la burocracia de ONU, parcializada, solo los mira y señala en el lado de Israel.
La celebración del 75º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos debería ser una oportunidad para que los líderes de los países democráticos reflexionen sobre los errores cometidos en la vigilancia de su aplicación. Pero al parecer no hay oportunidad ni voluntad para hacerlo, solo la retórica política de la ocasión.