Otra vez el anhelo de una Navidad sin presos políticos

Diciembre es para los nicaragüenses un mes de tradicionales celebraciones religiosas y alegres festejos familiares en un ambiente de paz y amor. Pero también es un período de anhelar y pedir una Navidad sin presos políticos.

Esto ha sido reiterativo en la historia de Nicaragua, porque siempre ha habido presos políticos en este país, salvo en el breve período de 16 años de vida democrática, de 1990 a 2006.

Según el Mecanismo para el Reconocimiento de las Personas Presas Políticas, hasta el 31 de octubre pasado había 91 presos políticos, entre ellos 17 mujeres. Sin embargo, el medio de comunicación independiente, Confidencial, ha informado que “hay más de 130 presos políticos en Nicaragua”. A los cuales habría que agregar los nombres de los más recientes: Martín y Bernardo Argüello, padre e hijo; el tiktoker Geovany López Acevedo y el sociólogo y catedrático universitario Freddy Quezada.

Pero cualquiera que sea la cantidad de presos políticos lo cierto es que no debería haber ninguno. Nadie tiene por qué estar encarcelado por motivos políticos, y si de todas maneras lo están debido a las circunstancias, la celebración de la Navidad es una buena oportunidad para devolverles su libertad.

El año pasado, en el editorial de LA PRENSA del 18 de diciembre mencionamos el dato histórico de que las campañas Navidad sin presos políticos, “nacieron a finales de los años 60 para demandar la libertad de las personas que la dictadura somocista mantenía en las cárceles por motivos políticos… Y doña Lidia Saavedra, madre de Daniel Ortega, era una de las principales activistas de este movimiento”.

En aquella época, Daniel Ortega era un guerrillero y fue condenado a 14 años de cárcel por participar en el asalto a un banco. Pero no fue por las campañas en pro de una Navidad sin presos políticos que salió libre antes de cumplir la condena, sino por una operación militar de la guerrilla urbana sandinista realizada en Managua en 1974, precisamente en el mes de diciembre.

Ahora no hay lucha armada ni violencia política como la practicaban los sandinistas contra el régimen dinástico somocista. Sin embargo, por justicia y derecho y en homenaje a aquellas campañas navideñas para que los presos sandinistas fueran liberados, el actual régimen debería en esta Navidad poner en libertad a todas las presas y presos políticos de ahora, entre los que destaca monseñor Rolando Álvarez.

Deberían, decimos, porque siendo realistas comprendemos que esto es más un deseo que una probabilidad. Sin embargo, lo planteamos por lo que vale la fe de todas las personas que en Nicaragua y otros países oran para que el corazón de los gobernantes se ablande y pongan en libertad a los presos políticos; y porque es una cuestión de derechos humanos.

Las personas presas políticas no son criminales y no merecen estar en la cárcel. Por mero derecho y sentido de justicia deberían ser dejados en libertad; y en todo caso que se haga como una muestra del cristianismo que se pregona en las altas esferas del poder estatal.

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