La revista Confidencial ha divulgado los resultados de una encuesta de CID-Gallup sobre la situación de monseñor Rolando Álvarez Lagos, el principal preso político de Nicaragua que fue condenado a más de 26 años de prisión
La divulgación de los resultados de dicha encuesta ha coincidido con el 57 cumpleaños de monseñor Álvarez y con la segunda presentación, por parte del régimen, de evidencias de vida del obispo prisionero.
También en esos mismos días el Congreso de Estados Unidos realizó una audiencia de comité sobre el obispo Álvarez, en la que dos sacerdotes nicaragüenses excarcelados políticos rindieron testimonio anónimamente. Ellos dijeron que en los interrogatorios policíacos se les quiso obligar a que incriminaran al obispo Álvarez como instigador de un golpe de Estado y autor de otros delitos políticos, a lo cual, por supuesto, ellos se negaron.
En la encuesta sobre la situación de monseñor Álvarez que se realizó entre el 17 de octubre y el 15 de noviembre pasados, el 72 por ciento de la población lo considera inocente y opina que debe ser liberado. Solo un 9 por ciento opinó que el obispo es culpable y por tanto está bien que lo tengan preso.
Cabe mencionar que el 42.1 por ciento de quienes se confiesan sandinistas dijeron estar en desacuerdo con la condena al obispo, solo el 30.4 por ciento lo cree culpable y el restante 27.5 por ciento dijo no saber de eso o no respondió.
Otro dato importante de la encuesta es que el 57 por ciento de la población cree que hay una persecución religiosa, “contra los sacerdotes y feligreses de la Iglesia católica”. Además, el 59 por ciento opina que el destierro de los 12 sacerdotes enviados al Vaticano fue algo negativo, y que deben regresar a sus parroquias en Nicaragua. Solo el 18 por ciento aprobó que el régimen los expulsara del país.
La encuesta arroja luz sobre lo que opinan los nicaragüenses de dentro del país, de las tribulaciones que sufre la Iglesia católica y personalmente monseñor Rolando Álvarez. Pero a nuestro juicio faltó preguntar sobre el reiterado silencio de la Conferencia Episcopal ante esta situación.
Personas con presencia en los medios y redes sociales critican duramente a los obispos por este silencio, algunos hasta con ofensas. Pero aparte de esos, hay muchos católicos sinceros y respetuosos que no entienden el silencio de la alta jerarquía de su Iglesia.
¿Qué porcentaje de la opinión pública y de los católicos está de acuerdo, o no, con el mutismo de los obispos ante la continuada represión estatal? Saberlo por medio de una encuestadora confiable como es CID-Gallup sería útil en el ambiente de oscuridad informativa por razones políticas que hay en el país.
Ojalá que en otra consulta de opinión pública sobre este mismo asunto se preguntara a los encuestados sobre el silencio de los obispos. El resultado podría ser de mucho valor hasta para ellos mismos, pues podrían conocer mejor los sentimientos de la gente católica de Nicaragua.