Costa Rica celebra este viernes 1 de diciembre el Día de la Abolición del Ejército. Los costarricenses conmemoran que ese día de 1948, don José Figueres Ferrer —quien era el presidente de la Junta Fundadora de la Segunda República— dio el primer mazazo para derribar los muros del cuartel militar de Bellavista, el principal de Costa Rica.
Recién había terminado una guerra civil que duró 40 días y fue provocada por el Congreso Nacional que no reconoció los resultados de una elección presidencial que ganó el candidato de la oposición.
Un año después, en 1949, se consagró en la nueva Constitución la prohibición del ejército como institución permanente del Estado. O sea que no fue una abolición absoluta, pues se dejó consignado en el artículo 12 constitucional que “sólo por convenio continental o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares” que estarán siempre subordinadas al poder civil.
Después solo hubo un intento de revolución armada, en 1955. Fue una invasión que se organizó en Nicaragua con el apoyo de la dictadura de Anastasio Somoza García. Pero las fuerzas policiales y la movilización de los ciudadanos costarricenses fueron suficientes para derrotar a los facciosos.
Transcurridos 75 años después de la abolición constitucional del ejército como institución permanente, la historia demostró de manera convincente que aquella memorable decisión fue positiva y solo ha producido satisfacciones y beneficios a la gente costarricense.
Ante todo Costa Rica goza de un ejemplar clima de paz, libertad, democracia, desarrollo económico y progreso social. Por eso la ONU estableció allí la Universidad de la Paz y es la sede de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. No por casualidad en Costa Rica se aprobó la Convención Americana de Derechos Humanos, conocida como Pacto de San José.
Al invertir en la educación pública los recursos económicos antes dedicados a mantener un ejército permanente, y con una administración pública honorable, Costa Rica creó un sistema educativo de calidad. Actualmente, el presupuesto nacional para la educación en Costa Rica es el doble que el de Nicaragua; y solo universidades costarricenses figuran por Centroamérica en la clasificación de las mejores instituciones de educación superior latinoamericanas.
Económicamente Costa Rica salió del subdesarrollo y se encuentra en el umbral del mundo desarrollado. Costa Rica es un país receptor de migrantes económicos, sobre todo nicaragüenses, que no encuentran en su propio país las oportunidades que necesitan de trabajo y una vida mejor.
Costa Rica enfrenta complejos desafíos que son propios de la época, como por ejemplo el narcotráfico y el crimen organizado en general. También es amenazado por las tentaciones del autoritarismo y la corrupción política. Pero los resuelve de manera democrática, respetando la libertad de los costarricenses y las instituciones democráticas del Estado de derecho.
Y sobre todo —a propósito de la celebración de hoy—, el pueblo costarricense no soporta el gravoso costo económico y el riesgo institucional que representa la presencia ominosa de un ejército permanente.