Cristo es Rey

¡Que Cristo es Rey!… los cuatro evangelistas lo dicen.

Los sumos sacerdotes y escribas presentaron a Jesús ante Pilato acusándole de que se tildaba de rey: “Hemos encontrado a éste… diciendo que él es Cristo Rey” (Lc.23,2).

Este es el rey de los judíos” (Mt.27,37; Mc.15,26; Lc.23,38; Jn.19,19)

Fue ante Pilato que Jesús habló claro y aceptó ser llamado rey, y más tarde en su cruz, le pusieron el motivo por el que se le mandó a crucificar.

Durante su vida pública, Jesús nunca se llamó a sí mismo rey de una manera directa, excepto en su juicio ante Pilato (Jn.18,33-37).

Según los cuatro Evangelistas al preguntarle Pilato, que si era verdad que Él era el rey de los judíos, Jesús le respondió: “Si, tú lo dices” (Mt.27,11; Mc.15,2; Lc.23,3; Jn.18,33-34).

Tampoco lo negó cuando Natanael se encuentra con Jesús y este le dice: “Tú eres el Rey de Israel” (Jn.1,49), Jesús no le contradice.

Igualmente, la muchedumbre que recibió a Jesús en Jerusalén, con palmas y olivos, le decían gritando: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel” (Jn.12,13; Mc.11,10).

Jesús no les mandó callar, sino todo lo contrario: «algunos de los fariseos que estaban entre la gente, le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos.” Y Jesús les respondió: “Si éstos se callan, gritarán las piedras” (Lc.19,39-40).

Siempre que pretendemos esculpir o pintar la figura de Cristo Rey, lo vestimos y lo ornamentamos con mantos reales, cetros y coronas al estilo de los reyes de este mundo.

Sin embargo, Jesús aclara ante Pilato algo que es muy importante: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn.18,36).  Él nunca permitió que se le confundiese con un rey político al estilo de los reyes de este mundo, y esto pareciera que el mundo aún no lo ha entendido, ni a Él, ni a su reinado.

Jesús, sí acepta ser llamado rey y habla de un reinado. «Cuando la gente vio el milagro de Jesús al multiplicar los panes y de los peces, pretendió tomarle a la fuerza para hacerlo rey, como los reyes de este mundo y él, al darse cuenta de ello, huyo al monte solo (Jn.6,15) porque el poder no es lo propio de Jesús sino el servicio.

Es por eso que cuando Jesús se da cuenta de que sus discípulos se están peleando por el poder y sus primeros puestos (Mc.10,35-3841), les dice: “¿No saben lo que pedís?” (Mc.10,38)… “Saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc-10,42-45).

El programa del reinado de Jesús es comunicarnos “una Buena Nueva” (Lc.4,18;8,1 Mc.1,15).

Ha venido para la creación de un hombre nuevo, capaz de construir también una nueva sociedad. Nunca ha sido más actual el reinado de Jesús que en estos momentos en los que todos ansiamos ver cómo el hombre empieza a construirse como un hombre nuevo, enriquecido con los valores de todos esos grandes valores con los que vivió Jesús.

Solo un hombre nuevo será capaz de construir esa nueva sociedad que todos deseamos y soñamos. Por eso: Construir el reinado de Dios es pensar, sentir, hablar y actuar como Jesús pensó, sintió, habló y actuó. El primer hombre nuevo que llevó a cabo el reinado de Dios.

Construir el reinado de Dios es hacer realidad en nuestra vida los grandes valores con que Jesús edificó su vida. Esos valores que, al verlos la gente decía asombrada que “enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mc.1,22).

Construir el reinado de Dios es enseñar a amar a todos sin distinción alguna, respetar a todo ser humano y sus derechos, tener solidaridad, igualdad y fraternidad.

Vivir la honradez, la fidelidad, la ayuda al más necesitado, la justicia, el espíritu de servicio y sí logramos hacer esto una realidad entre nosotros, nos convertiremos en hombres nuevos y esta sociedad nuestra, sin duda alguna, será también nueva. 

Empezaremos a vivir en paz todos porque el reinado de Dios se hace una realidad en este mundo nuestro. Por ello el único sentido en esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios, teniendo a Jesús por rey.

El autor es sacerdote católico.

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