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Robespierre
Cuando Robespierre subía los escalones al cadalso es posible que pensara en la ironía: había sido condenado a morir en la guillotina bajo el mismo proceso injusto y arbitrario que él utilizó para eliminar a quienes consideraba sus enemigos. La noche anterior apenas había sido capturado. Quiso suicidarse, pero, incapaz de manejar un arma se pegó el tiro en la mandíbula. Fue condenado en la madrugada en un juicio sumario y en masa. Y ahí iba, a poner su cuello en la guillotina, con la mandíbula desencajada y muriendo de miedo y dolor. No tuvo oportunidad de defenderse.
Veredictos
Ninguno de los jueces del régimen de Daniel Ortega quisiera ser procesado por el sistema de “justicia” al que ellos pertenecen. Saben cómo funciona la cosa. No hay proceso justo. No hay reglas parejas. El veredicto viene desde El Carmen. Y una vez sentado en el banquillo, los acusados ya están condenados de antemano porque el régimen no lleva a juicio a nadie para declararlo inocente. ¡Ni uno solo de los cientos de presos políticos juzgados por estos jueces resultó libre! Ni siquiera para guardar las apariencias. Y eso dice mucho más que todas las violaciones que cometieron.
Reinado del Terror
Durante el Reinado del Terror en la Revolución Francesa (1793-1794) fueron ejecutadas entre 20 mil y 40 mil personas. Se sabe con cierta seguridad que 16,594 fueron decapitados en las guillotinas dispuestas en plazas públicas. Otros fueron fusilados, ahorcados y hasta asesinados en masa con disparos de cañón. Era raro que los acusados fueran declarados inocentes, porque los tribunales revolucionarios no estaban diseñados para hacer justicia sino para eliminar a supuestos enemigos de la revolución, y la mayoría de los juicios resultaron en condenas a muerte. Hubo poca tolerancia para la absolución.
Verdugos
Guardando las distancias, uno se puede imaginar a Roberto Larios, el otrora feroz vocero de la Corte Suprema de Justicia, defensor del régimen hasta la maldad pura, entrando a la sala con su uniforme azul de preso. Sabe que la sentencia ya está dictada. Si pudiera defenderse, no alegaría que la acusación de traición a la patria es una aberración jurídica. Tampoco usaría artículos o códigos legales. Diría que él ha servido bien al comandante y a la compañera. Pero, nadie mejor que él sabe que ese sistema de justicia no sirve para hacer justicia. Que ni siquiera tendrá derecho a la defensa. Que no está ahí ante un sistema de justicia, sino ante una máquina trituradora. Él lo sabe bien porque aplaudió cada una de sus ejecuciones cuando las víctimas eran otros.
Máquina trituradora
El camino de la máquina trituradora siempre suele ser el mismo. Comienza machacando a quienes se le oponen por considerarlos sus enemigos. Luego la rueda machacadora alcanza incluso a aquellos que la empujan. Robespierre ordenó la ejecución de Georges Danton y Camille Desmoulins, dos líderes revolucionarios que habían sido sus amigos y aliados. La paranoia de poder hace sospechar de todo mundo, y si en Francia se comenzó eliminando a aquellos que se oponían a la revolución, pronto la revolución era Robespierre y, por tanto, se consideraba contrarrevolucionario quien hablara mal, se opusiera o disintiera de Robespierre. En Nicaragua, ya lo sabemos, es “traición a la patria” criticar a Daniel Ortega.
Justicia
Ahora la pregunta del millón: ¿es justicia que los caídos en desgracia del régimen sean medidos con la misma vara con que midieron? Así, apresados y condenados en procesos arbitrarios, despedidos sin derecho a indemnización y con tomas policiales en sus centros de trabajo. A mi criterio no. Podrá decirse que «mal paga el diablo a quien bien le sirve», pero no es justicia. No, porque el solo pensar que se está haciendo justicia en estos casos sería concederle a un sistema mafioso y degradado alguna capacidad de hacer justicia, que definitivamente no la tiene. Y si esto es justicia, ¿también los procesos anteriores y similares los serían?
Venganzas
He oído por ahí a alguien decir que, en un eventual cambio de gobierno, se deberían dejar por un tiempo las reglas y leyes opresoras para castigar a los abusadores con los mismos abusos que ellos cometieron. Tampoco sería justicia. Solo venganza. Y eso no quiere decir en ningún momento que los delitos que se han cometido o se están cometiendo deban quedar impunes. No. Al contrario, deben ser juzgados por un sistema real de justicia y no por venganza en una máquina trituradora, aunque quienes estén en el banquillo sean quienes la operaban.
¡A los leones!
El punto al que quiero llegar es que un sistema abusivo y arbitrario no le conviene a nadie, ni siquiera a sus mismos partidarios. Una sociedad, para que funcione, necesita reglas que las cumplan todo mundo, incluso quienes gobiernan. Porque a alguien puede resultarle muy agradable ver desde las gradas cómo echan a los cristianos a los leones, pero si aplaudo la masacre de otros, legitimo esos eventos, debo saber que cuando falten cristianos, buscarán en las graderías, y ahí no será gracioso. Es lo que pasa en el sistema judicial actualmente y que pasará, es casi seguro, en otras áreas. Y eso debería hacer pensar a quienes empujan la rueda trituradora que en cualquier momento serán ellos los triturados.
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