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La semana pasada, para sorpresa de muchos, el Grupo Lala anunció la venta de su operación en Nicaragua. Con su partida, se van también las promesas que hizo al inaugurar su planta en San Benito, Managua. Entre las ofertas incumplidas están convertir a Nicaragua en una plataforma para expandirse al resto de la región, transferir tecnología a los productores para elevar la productividad, elevar los volúmenes de acopio industrial y generar muchos empleos. En resumen, la «gota de leche para el desarrollo» que ofreció, no regó el suelo nicaragüense.
«Hemos invertido más de 50 millones de dólares y hemos incorporado la tecnología más avanzada del mundo en esta planta. Desde aquí buscamos consolidar nuestra presencia en el mercado centroamericano«, anunció el presidente del Consejo de Administración del Grupo, Eduardo Tricio Haro, durante la inauguración de la planta en mayo de 2015 en San Benito.
El Grupo mexicano Lala figura entre las empresas lácteas más importantes de Latinoamérica. Es una empresa que se cotiza en bolsa y en 2022 reportó ventas netas por 93,368 millones de pesos (unos 5,187 millones de dólares) y utilidades por 1,361 millones de pesos (unos 75.61 millones de dólares). Tras su salida de Nicaragua sus operaciones se concentran en México, Estados Unidos, Guatemala y Brasil.
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Nicaragua como centro regional de Lala
Por su importancia en el sector era fácil creer que las promesas que hizo se concretarían. Especialmente porque además de construir su planta adquirió las de Eskimo y La Perfecta. Eso consolidó su hegemonía en la industria láctea nicaragüense. Sin embargo, la planta nunca trabajó a plena capacidad. Según información del sector, de los 300 mil litros diarios de leche que puede procesar, mantuvo un promedio de 180 mil litros diarios. Esto, a pesar de que ahí se fusionó la operación de la empresa La Perfecta que adquirió en 2016. Se desconoce si en ese volumen se incluye la leche que procesaba la planta Eskimo que Lala compró en 2014.
En 2016, luego de enfrentar algunas dificultades para exportar a Costa Rica los productos que elaboraba en Nicaragua, compró una planta en ese país. Pero Miguel Schumann, director comercial del Grupo para Centroamérica, descartó que eso alterara los planes iniciales de expandirse desde Nicaragua.
Tres años después, en 2019, concretó la inversión de 14 millones de dólares en la remodelación de esa planta en Alajuela, Costa Rica y al año siguiente, la vendió tras admitir que estaba registrando pérdidas en la región y que la pandemia había acelerado su salida de ese país. En ese momento se anunció que los recursos obtenidos de la venta se redirigirían a sus empresas de Nicaragua y Guatemala.
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Lala ayudaría a elevar productividad
Al final el beneficiado fue Guatemala, donde comenzó a instalarse en 2017, es decir dos años después que en Nicaragua. Allá solo invirtió 30 millones de dólares y desde ahí comenzó a distribuir varios productos a la región. Incluso, según reportes periodísticos trasladó varias operaciones a esa planta, entre ellas la de producción de helados. Finalmente la promesa de convertir a Nicaragua en su plataforma de abastecimiento para la región se diluyó. Ahora, concentra sus operaciones de Centroamérica en Guatemala, y con ello la promesa de consolidar una plataforma de abastecimiento para toda la región se concreta en aquel país.
Otras promesas que no cumplieron son las referidas a la transferencia de tecnología para elevar los rendimientos, que en ese momento promediaba 3 litros de leche por vaca al día y la ampliación de las rutas de acopio a zonas remotas. Durante el acto inaugural de la planta San Benito, Daniel Ortega confirmó que durante una sesión de trabajo con Tricio acordaron trabajar para resolver ambas situaciones. Aunque en el caso del acopio, Ortega admitió que el gran obstáculo era la falta de caminos de penetración.
Como parte de ese compromiso, Lala anunció que invertiría 5.1 millones de dólares durante tres años, para ayudar a 1,800 ganaderos a elevar en 50 por ciento la producción láctea por vaca. La inversión ayudaría a los productores a mejorar sus prácticas productivas mediante el uso de cercas eléctricas, semillas mejoradas para pasto, maquinaria y equipo para corte y ensilaje, semen de alta calidad genética para la reproducción del hato, forrajes y suplementos alimenticios para la época de estiaje y adquisición de equipo de ordeño mecánico.
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Programa de productividad quedó a medias
También promoverían entre sus proveedores la adquisición de tanques enfriadores de leche, sistemas de enfriamiento instantáneo, plantas de energía eléctrica, therma stores y camiones para la recolección de pichingas. El proyecto comenzó a impulsarse, pero se desconoce por qué se abandonó. Y en el caso de la ampliación de las rutas de acopio, al admitir Ortega que el obstáculo era la falta de infraestructura vial, la empresa no podía hacer mucho, ya que no era su responsabilidad construir caminos.
Pese a que según los productores el proyecto no logró sus objetivos, en los últimos años la producción láctea creció como consecuencia del crecimiento del hato y de una ligera mejora en los rendimientos promedio. Estos pasaron de tres a cuatro litros diarios por vaca, pero el volumen de acopio de la empresa se redujo.
En 2016, durante la crisis generada por el cierre de la frontera de Costa Rica a los productos que Lala elaboraba en Nicaragua, ejecutivos de la empresa confirmaron a LA PRENSA que con las tres plantas: San Benito, La Perfecta y Eskimo, procesaban unos 200 mil litros de leche que le compraban diariamente a unos cuatro mil productores, que la entregaban en 66 centros de acopio y a otros 19 que tenían infraestructura de almacenamiento y enfriamiento.
Lala redujo el acopio
Pero al anunciar su salida del país la empresa confirmó que acopiaba la producción de 1,700 ganaderos, diez cooperativas y nueve proveedores directos. Es decir, menos de la mitad de los abastecedores que tenían en 2016. Además, representantes del sector confirmaron que actualmente la empresa acopiaba unos 180 mil litros por día, es decir, 200 mil litros menos que en 2016.
Con respecto a la generación de empleo, Tricio dijo que de los 32 mil colaboradores que el Grupo tenía en 2015, mil estaban en Nicaragua. Según información divulgada en su sitio web, actualmente el Grupo tiene operaciones en México, Estados Unidos, Centroamérica y Brasil. En total tiene 31 fábricas, 173 centros de distribución y 40 mil colaboradores.
Al anunciar su salida del país, la empresa ofreció estabilidad a sus 1,200 colaboradores. Es decir, que tras ocho años de operaciones y luego de comprar en 2016 la empresa láctea La Perfecta, su planilla solo creció en 200 personas.
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Acopio y procesamiento se estancó
De hecho, las estadísticas de producción del Banco Central de Nicaragua (BCN) reflejan incremento en los volúmenes de acopio de leche. Por ejemplo, en 2015 cuando Lala inició operaciones en su planta de San Benito se produjeron 945.87 millones de litros de leche y entre las plantas industriales y las artesanales acopiaron 576.72 millones de litros que luego procesaron. Es decir, el 60 por ciento de la producción total. Pero en 2022 de los 1,517.8 millones de litros que se produjeron solo acopiaron 1,517.78 millones de litros, volumen que representa el 45 por ciento del total de la producción.
Esta reducción en el porcentaje de la producción acopiada se registra pese a que según el BCN a partir de 2016 incluyeron los volúmenes que acopian las plantas procesadoras de leche en polvo y las procesadoras de queso. En estos registros incluyen la leche que acopian las plantas industriales que están certificadas para exportar, pero también el resto de plantas que acopian leche para diversas actividades.
A diferencia de lo que ocurrió en Costa Rica donde atribuyeron su salida a las pérdidas que estaban acumulando en la región, en Nicaragua la empresa nunca habló abiertamente sobre los problemas que enfrentó. Sin embargo, en 2017 sus ejecutivos confirmaron a LA PRENSA que los constantes microcortes de energía que sufría la planta de San Benito desde su inauguración les generaba serios daños.
¿Qué provocó la venta de Lala?
El problema surgió porque la planta de San Benito Managua está ubicada al final de la línea de transmisión y al trasladar las operaciones de las plantas de La Perfecta y Eskimo demandaba mayor potencia. Explicaron que en el método de UHT (ultrapasteurizado) los microcortes apagaban la planta y antes de volver a encenderla tenían que botar la leche y lavar el equipo. Y en algunos meses registraron hasta quince microapagones.
La situación se volvió insostenible, a tal punto que en 2017 la empresa consideró trasladar a Guatemala la línea de producción de leche UHT y la de yogurt. Pero tras múltiples gestiones por parte de la empresa y las organizaciones empresariales lograron que Laureano Ortega Murillo, hijo de la pareja gobernante, interviniera. La empresa responsable instaló una nueva línea de distribución que abastecería a cuatro plantas industriales que funcionan en la zona.
El problema se resolvió, sin embargo, nunca se supo la cuantía de las pérdidas. Tampoco si esta situación influyó en la decisión de Lala de vender sus acciones.
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