Se ha demostrado hasta la saciedad que la división de las fuerzas democráticas en todos los países que se realizan elecciones libres, honestas, transparentes y con observación electoral, es lo que provoca su inevitable derrota.
Bien se dice que los pueblos tienen el gobierno que se merecen. Esto lo hemos visto en Venezuela, donde Hugo Chávez ganaba las elecciones con amplia mayoría pero miles de esas personas que votaron por Chávez tuvieron que salir al exilio. Después votaron por Maduro al morir Chávez, pero igual, miles de esas personas que votaron por la continuidad del chavismo, también salieron al exilio por millares dejando a sus compatriotas sumidos en la desgracia.
Ahora toca comprender lo incomprensible en Argentina. El 22 de octubre, los argentinos en sus elecciones generales en primera vuelta, tenían que elegir entre la democracia o la continuidad de la debacle en que se encuentra sumido el país desde que el kirchnerismo llegó al poder. Sin embargo, una campaña de miedo terminó imponiéndose contra el candidato Javier Milei.
El kirchnerismo, valiéndose del poder que ostenta entregó dinero previo a las elecciones a sectores vulnerables que sin duda creen que eso será permanente pero que, si ganaba Milei, esa ayuda desaparecerá. Con ese cuento engañaron a la inmensa mayoría de pobres argentinos, pues el candidato del gobierno se encuentra mandando de facto en Argentina y no rinde cuenta de sus actos.
En Argentina, uno de cada cuatro habitantes vive en la extrema pobreza y la deuda es del 85 por ciento del PIB. Los argentinos, parece que no se dan cuenta que se hicieron el harakiri, pero todavía tienen la oportunidad de redimirse.
Sin duda Milei tiene ante sí un gran reto que resolver en pocos días, lograr convencer a los votantes de Patricia Bullrich (que quedó en el tercer lugar) para ganar la Presidencia, dejar a un lado el tema del aborto para que las mujeres se reencuentren con él y asegurar que nunca romperá relaciones con el Vaticano.
Debe convencer a los pobres que las migajas entregadas por el oficialismo solo serán por el tiempo de la campaña, después no habrá nada, porque la situación real de Argentina, no lo permite.
El candidato kirchnerista ganó la primera vuelta con el 36,68 por ciento, contra el 51 por ciento sumado de Javier Milei y Patricia Bullrich, que se han unido para en la segunda vuelta que se realizará el 19 de noviembre, enfrentar al candidato gobernante de forma unida. A esto habría que sumarle otro 6.78 por ciento, del peronismo federal, que no votó por el gobernante. Aunque los votos no se suman automáticamente sí existe la posibilidad que esa gente decida el balotaje a favor de Milei.
Si la clase política opositora argentina continúa con el cuento de que no seguirán a Patricia Bullrich, en su unión con Milei, será un verdadero harakiri, que les pesará por largo tiempo. No les bastó con dividir el voto democrático, que, de haberse presentado unidos, hubieran ganado en la primera vuelta, pero parece que el ego importa y es más grande que el amor a la patria.
En realidad, los gobernadores del partido político de Bullrich no se dan cuenta la importancia para América Latina del rescate de su país para el futuro de la democracia regional. Una derrota de Milei, en la segunda vuelta, es una derrota para el futuro de nuestra América.
El autor es comentarista político.