Las elecciones primarias llevadas a cabo el 22 de octubre pasado, en tres mil centros de votación distribuidos en Venezuela y en ochenta ciudades de treinta países, donde residen los más de siete millones en el exterior, son un inmenso triunfo democrático y un golpe estratégico al régimen de Maduro.
La oposición creyó en el pueblo venezolano y el régimen no. Por eso Maduro y sus aliados están reaccionando furiosamente.
En enero 2023, hace apenas nueve meses, la oposición canceló el gobierno interino y dejó un enorme vacío y frustración entre los venezolanos dentro y fuera de su país y en la comunidad internacional.
Para superar la crisis apostaron a la esencia de la legitimidad, el voto popular. Fueron capaces de ponerse de acuerdo en una Comisión Nacional de Primarias (CNP) que cumplió con su misión plenamente, superando grandes obstáculos. Lograron acordar las reglas de la contienda, lo que permitió que compitieran diez candidatos y candidatas de las diferentes fuerzas políticas en la oposición y los resultados superaron ampliamente las expectativas al haber participado más de dos millones de venezolanos dentro y fuera del país.
La candidata María Corina Machado arrasó con más del 90 por ciento de los votos y ha recibido el reconocimiento y apoyo de los otros líderes de la oposición y sus partidos, incluyendo a Henrique Capriles y Juan Guaidó, quienes encabezaron la unidad opositora en la última década.
Este evento aclara el panorama ante el pueblo de Venezuela y la comunidad internacional. La solución del conflicto está en llevar a cabo una elección libre, justa y transparente, con observadores internacionales, en el segundo semestre de 2024, en la que libremente se escoja entre Maduro y María Corina.
Me recuerda una situación similar, cuando en la Nicaragua de 1990 elegimos a doña Violeta de Chamorro como candidata de la oposición unida para enfrentarse a Ortega. Con una participación del 86 por ciento ella lo derrotó 55 por ciento a 41 por ciento. Los restantes ocho candidatos opositores que fueron por su cuenta, obtuvieron todos juntos 4 por ciento del voto.
Doña Violeta tenía 60 años de edad y María Corina tendrá 57 años cuando enfrente a Maduro el próximo año. Dos mujeres y madres, separadas una generación, pero igualmente firmes en sus valores y su decisión de entrega a sus respectivas patrias, para salvarlas del desastre del socialismo represor, incapaz de mejorar la vida de los ciudadanos.
Si Maduro y su régimen se niegan a esta elección dejarán claro ante el mundo entero, una vez más, su rechazo a gobernar democráticamente y basarse únicamente en la represión, con las serias consecuencias que eso acarrea.
El ejemplo de la oposición venezolana es valiosísimo para la oposición nicaragüense. El voto popular es insustituible para seleccionar al liderazgo de la oposición, aún en el exilio.
El autor es presidente de honor del Partido Conservador (PC).