La gente venezolana democrática de dentro y fuera del país ha celebrado jubilosamente la exitosa realización de las primarias opositoras del domingo recién pasado. Y la victoria ciertamente aplastante de la carismática líder nacional María Corina Machado.
En las primarias los votantes debían escoger entre 10 candidatos a quien represente a la oposición en la elección presidencial pactada para 2024. Y la escogida fue Machado, con más del 90 por ciento de los votos emitidos.
También las organizaciones internacionales democráticas, así como grupos de nicaragüenses opositores en el exilio, saludaron con entusiasmo la primaria de la oposición de Venezuela valorándola como una esperanza en el renacimiento de la democracia electoral en ese país falto de libertades políticas, entre ellas la de escoger libremente a las personas que deben gobernar.
Venezuela es uno de los tres países latinoamericanos (los otros dos son Cuba y Nicaragua) donde hay elecciones, pero no valen para cambiar de gobierno mediante el voto popular, solo para confirmar a los designados previamente por quienes detentan el poder. Por eso en Venezuela perdura el mismo régimen desde 1999, como en Nicaragua desde 2007 y en Cuba desde 1959. Eso es inconcebible en países democráticos, donde hay elecciones libres y alternabilidad en el poder.
Sin embargo, por sus peculiaridades nacionales el régimen autoritario de Venezuela es más vulnerable a las presiones políticas y sanciones internacionales. Eso explica que el 17 de octubre recién pasado el régimen de Maduro firmara con la oposición (en la isla de Barbados) un acuerdo para que el próximo año haya elecciones libres con observación internacional. Maduro lo aceptó a cambio de una flexibilización de las sanciones petroleras impuestas por el Gobierno de Estados Unidos.
El ablandamiento de las sanciones estadounidenses aliviará bastante la economía venezolana, arruinada por el socialismo autoritario. Pero la medida es temporal y condicional, las sanciones serían restablecidas plenamente si el régimen no cumple los acuerdos de Barbados.
El dilema de Nicolás Maduro es que si cumple y permite la candidatura presidencial de María Corina Machado en las elecciones de 2024, su derrota electoral (de Maduro) sería inevitable. Ocurriría lo mismo que en Nicaragua en 1990, cuando la UNO y doña Violeta derrotaron al sandinismo.
El régimen venezolano ya dio señales de un probable incumplimiento de los acuerdos de Barbados. Dice que las primarias opositoras del domingo pasado fueron fraudulentas porque solo el Estado puede organizar elecciones, por medio del Consejo Nacional Electoral. Y sostiene que María Corina no puede ser candidata presidencial porque está inhibida para ejercer cargos públicos por una resolución de la Contraloría.
De manera que aunque ha renacido en el pueblo venezolano la esperanza en un cambio democrático por la vía electoral, esto no se puede asegurar. Dependerá de que Maduro y su camarilla política y familiar se arriesguen a perder las elecciones, o lo echen todo por la borda a fin de seguir aferrados al poder.