Muchos estudiantes de la UCA han podido retomar sus estudios tras el cierre de la universidad por parte de la dictadura. Foto: AFP

Miles de estudiantes en el limbo académico en una universidad a la deriva

Tras la confiscación de la UCA, los estudiantes quedaron en un limbo académico. La Universidad Casimiro Sotelo nunca empezó a funcionar y los jesuitas de El Salvador y Guatemala tratan de ofrecerles una solución.

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A la generación de Luisa le tocó estudiar en medio de muchas desgracias. Ella entró a la Universidad Centroamericana (UCA) para estudiar Arquitectura en 2018 y desde los primeros días supo que iba a ser complicado terminar su carrera.

“Primero fueron las protestas a los pocos meses que entramos a clases, después vino la pandemia y cuando la cosa parecía que se iba arreglando y ya estaba a punto de salir, el gobierno cierra la UCA. Ha sido difícil estudiar para los que entramos en 2018”, lamenta Luisa, quien nos pide omitir su verdadero nombre por temor a represalias.

Hasta el momento, Luisa no sabe cómo hacer para terminar sus estudios. Solamente le faltan cuatro clases y presentar su tesis para graduarse. De hecho, cuando se dio cuenta que el régimen de Daniel Ortega canceló la personalidad jurídica de la UCA el pasado 18 de agosto, ella se encontraba aprovechando las vacaciones de medio año para avanzar en su tesis. “Cuando vi la noticia, estaba frente a la computadora y solo la cerré y me puse a llorar. Fue muy frustrante”, relata.

Entre las opciones que esta joven ha escuchado para continuar con sus estudios, está la de hacerlo en las universidades jesuitas de Guatemala y El Salvador, así como otras iniciativas que han surgido en Costa Rica, pero para ella, ninguna es una opción pues vive sola con su abuelita no vidente desde 2020, cuando su madre falleció a causa del Covid19.

“No puedo irme de Nicaragua y dejar a mi abuelita de 82 años sola. Solo me tiene a mí y a mi hermana que ya hizo su vida, vive aparte y no puede hacerse cargo porque tiene sus hijos”, lamenta la joven que, tras la muerte de su mamá, le ha tocado trabajar y estudiar para sobrevivir.

Los estudiantes de la UCA fueron los primeros en salir a protestar en 2018 contra la dictadura de Daniel Ortega. LA PRENSA

La historia de Luisa se repite con Manuel, otro joven estudiante del tercer año de Comunicación que también nos pide no revelar su verdadero nombre “porque andan diciendo que a los que estudiaban en la UCA los andan buscando casa a casa y no quisiera tener problemas”, se excusa.

Manuel está interesado en continuar sus estudios y quisiera hacerlo en las otras universidades jesuitas de Centroamérica porque no quiere que su título diga “Universidad Casimiro Sotelo”, además de que no le da confianza el nivel académico que vaya a tener esa universidad, pues sabe que de lo que fue UCA “ahí no va a quedar nada”.

Este joven dice que ha estado muy pendiente de todos los correos y las comunicaciones que hacen los jesuitas para ayudarle a los estudiantes de la UCA que quedaron desamparados, pero hasta el momento, dice Manuel, se siente mucha desesperanza entre todos los afectados.

“Nos mandaron a pedir nuestros datos, pero hay muchas cosas que no están claras como si nos van a convalidar algunas clases, o si vamos a empezar desde cero, si vamos a tener que pagar, o cómo va a ser”, se pregunta el joven.

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A pesar de todas las dudas que tienen Manuel y Luisa, ambos coinciden en que el panorama está más claro del lado de los jesuitas que del lado del régimen, pues las nuevas autoridades de la Universidad Casimiro Sotelo han pospuesto el inicio de clases en dos ocasiones.

Al principio dijeron que no se pagaría por estudiar ahí, pero luego dijeron que sería “autofinanciada” y hasta este momento, no se sabe cuándo empezarán las clases, si se pagará algún arancel, si habrá modificaciones en los pensum de las carreras y si se tendrán en cuenta los registros académicos de los estudiantes.

El régimen de Ortega renombró como Universidad Casimiro Sotelo a la UCA. ARCHIVO

Universidad Casimiro Sotelo

La UCA nació en 1960 por idea del sacerdote jesuita León Pallais y de exestudiantes del Colegio Centroamérica de Granada, propiedad de la Compañía de Jesús. Lo que querían era que la enseñanza de esa orden sacerdotal no se quedara solo en educación primaria y secundaria, sino que continuara a nivel universitario.

La universidad sobrevivió a la dictadura somocista, el terremoto de 1972 y la oscura década sandinista. Durante años formó a muchos profesionales de gran calidad y por sus aulas pasaron algunos funcionarios de la dictadura como Edwin Castro, Ana Julia Guido, Carlos Emilio López, Wálmaro Gutiérrez, Wilfredo Navarro, y hasta el mismo Daniel Ortega que empezó a estudiar Derecho y se salió de la carrera en el primer año.

Los hijos de Ortega, Juan Carlos, Maurice, Laureano y Daniel Edmundo también estudiaron en la UCA.

El pasado 16 de agosto, la dictadura acusó a la universidad de ser un “centro de terrorismo” y dos días después, la aniquiló cancelando su personería jurídica y confiscándola. Esto dejó en incertidumbre a los más de 6,000 estudiantes que estaban por iniciar el proceso de matrícula del segundo semestre de este año.

Después, el Consejo Nacional de Universidades (CNU) inauguró la Universidad Casimiro Sotelo en el recinto donde funcionaba la UCA. En el acto, hecho en las canchas de deportes de la Alma Mater, se erigió la bandera del Frente Sandinista y las autoridades del CNU dijeron que sería una universidad “gratuita”.

Posteriormente, el CNU anunció que las clases iniciarían el 28 de agosto, pero cuatro días antes pospusieron la fecha para el 25 de septiembre. Las autoridades de la universidad argumentaron que el retraso de las clases se debía a que estaban en “revisión exhaustiva de los expedientes académicos” para identificar a los estudiantes “que provienen de familias de escasos recursos económicos”.

Pero el 19 de septiembre, el rector Alejandro Genet Cruz, en declaraciones a medios oficialistas indicó que las clases no se reanudarían el día 25 y no mencionó si habría una nueva fecha. “Se dará en su momento un inicio de clases del segundo semestre, una reorganización del semestre porque tenía una fecha de apertura y una fecha de cierre, y disponernos también al ingreso del próximo año”, dijo.

Ramona Rodríguez (izquierda) cuando impuso a las autoridades de la Casimiro Sotelo, la universidad montada sobre las instalaciones robadas a la UCA. Tomada de El 19 Digital

Genet también dijo que la Universidad no sería gratuita como tal. “Ya los estudiantes no van a pagar 685 dólares por semestre, van a pagar 200 córdobas. Desde el momento que se creó, se anunció que la universidad sería gratuita en el sentido que no van a estar pagando aranceles sino un aporte como se hace en otras universidades”.

Manuel, que ha seguido de cerca todo lo que se diga sobre el inicio de clases de la Universidad Casimiro Sotelo, recuerda muy bien esa entrevista que dio Genet y lo que más le preocupó es que el rector confirmó que esta casa de estudios se alinearía a las políticas de la dictadura.

“Nosotros estamos dispuestos a ofrecer nuestros servicios académicos con valores como patriotismo, un espacio de paz, acorde también a los principios rectores de nuestro gobierno, porque nosotros no podemos separarnos, hemos sido creado por parte del gobierno actual y vamos a responder a esos principios”, mencionó Genet.

“Para mí escuchar eso fue darme cuenta que no voy a aprender nada y no vale la pena estudiar en una universidad así, pero lamentablemente es lo que hay”, comenta Manuel.

Una extrabajadora administrativa de la UCA que también solicita anonimato, señala que sus excompañeros que todavía trabajan en el recinto, le han dicho que todavía no hay fecha establecida para el inicio de clases y que la incertidumbre que sienten los estudiantes, también la tienen los extrabajadores de la universidad, pues a muchos no los llamaron para seguir con sus labores y quedaron en el desempleo.

“A mí no me llamaron y hasta donde sé, a varios de los que sí llamaron dijeron que no iban a continuar”, señala, e indica que quien ha estado dirigiendo la selección de quiénes continuarán trabajando en la casa de estudios, es David López, presidente del sindicato de trabajadores de la UCA y simpatizante del Frente Sandinista.

Otro asunto que tiene pendiente la Universidad Casimiro Sotelo es que todavía no cuenta con una personería jurídica, la cual debe ser aprobada por la Asamblea Nacional para poder operar. Lo que sí existe es la aprobación del CNU para su funcionamiento, pero de acuerdo al artículo 58 bis de la Ley 1114, las instituciones de educación superior que obtengan la aprobación del CNU, “deberán completar los requisitos y obligaciones para obtener la personalidad jurídica e iniciar su funcionamiento legal”. Para este trámite, la ley otorga un plazo máximo de seis meses, del cual ya han pasado dos.

Los esfuerzos jesuitas

El sacerdote jesuita José María Tojeira fue rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, la cual es hermana de la UCA y actualmente ha sido designado como vocero para todo lo que tenga que ver con los esfuerzos para ayudar a los estudiantes nicaragüenses afectados tras el cierre de la casa de estudios.

Tojeira explica que actualmente hay un comité integrado por miembros de la UCA de El Salvador y la Universidad Rafael Landívar, de Guatemala, también jesuita, que está trabajando para encontrar la manera en que se le pueda ayudar a los miles de estudiantes nicaragüenses.

“Algunos ya están en El Salvador y Guatemala. Algunos incluso ya estudiando”, indica el sacerdote, pero no sabe exactamente cuántos son. “Son una minoría. Eso sí”, aclara.

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), de El Salvador. Tomada de la UCA El Salvador

Según Tojeira, a algunos de estos estudiantes se les ha ayudado en gastos de hospedaje, alimentación y transporte, y hay algunos casos en que las universidades les han dado algún trabajo en áreas administrativas o en las pastorales. Pero Tojeira insiste, que “son pocos a los que se les ha ayudado”.

El sacerdote explica que el principal problema que enfrentan los estudiantes de la UCA de Nicaragua es que no tienen certificados de sus notas, y que el comité está tratando de encontrar una solución con los Ministerios de Educación de Guatemala y El Salvador. Lo otro que atrasa el proceso, es que la Universidad Casimiro Sotelo en Nicaragua está cerrada y no existe ningún canal por el cual puedan comunicarse con las autoridades.

En un inicio, más de 4,000 estudiantes de la UCA de Nicaragua buscaron ayuda con las autoridades jesuitas, pero muchos han desistido. Tojeira indica que, hasta la fecha, mantienen contacto con 2,300 estudiantes que han mostrado interés y enviado sus datos para continuar sus estudios en otras universidades.

Para Tojeira, toda esta situación también está llena de incertidumbre, pues no se sabe todavía de qué manera ayudarle a todos estos estudiantes sin certificados de notas. El otro problema, son los aranceles.

“No puede haber 2,300 becados en este momento porque no hay suficientes fondos”, señala y explica que se han hecho cálculos y han concluido en que “una beca puede costar anual en torno a los 4,000 dólares”, por cada estudiante. Es decir que se necesitaría un fondo de 9,200,000 dólares anuales para becarlos a todos.

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El pasado miércoles 18 de octubre, la UCA de El Salvador envió un correo explicando a los estudiantes sobre una campaña para recaudar fondos destinados a becar a algunos de ellos. “Aplicar a esta campaña es voluntario, es decir que no están obligados a hacerlo, pero si desean y necesitan el apoyo, les solicito que me envíen un correo” con sus datos personales, además del pasaporte, edad, carrera que estudian y país de residencia actual.

De igual manera, el pasado 13 de octubre, 18 congresistas estadounidenses enviaron una carta al secretario de estado de ese país, Anthony Blinken, en la que solicitan que se “ponga a disposición recursos económicos y recursos técnicos de asistencia para ampliar rápidamente la capacidad de las instituciones de educación superior en la región, al menos de manera temporal, y apoyar la inscripción de exalumnos de la UCA en estas instituciones”.

También instaron a “facilitar la provisión de visas de estudiante” a los exalumnos de la UCA que tengan la oportunidad de continuar sus estudios en Estados Unidos.

En septiembre, el Centro Nicaragüense de Educación y Formación Abierta Universidad Pablo Freire Costa Rica (Cenief-UPF), anunció un “acuerdo preliminar concretado con la Universidad de San Marcos, Costa Rica, ante la situación que viven los estudiantes universitarios nicaragüenses”, y abrieron una convocatoria especial para que los estudiantes pudieran continuar sus estudios en línea.

Las carreras que ofrecen a través de dicho programa en línea son: Contaduría Pública, Marketing, Ingeniería en Sistemas Informáticos, Psicología, Administración de Empresas, Finanzas y Negocios Internacionales, Gestión del Talento Humano e Ingeniería Industrial.

El padre Tojeira señala que los jesuitas también han analizado la posibilidad de encontrar becas en Estados Unidos, pero es mucho más complicado. “Una beca podría costar 40,000 dólares. Con esa cantidad se pueden becar a 10 estudiantes aquí”, además de que, por temas de arraigo, en Centroamérica es más fácil encontrar opciones para los estudiantes nicaragüenses.

A pesar de que se está trabajando para encontrar una solución, Tojeira expresa que incluso para el siguiente año, no son muchos los que podrán retomar las clases en las otras universidades de la región. “De los que podrían empezar en enero de los 2,300, son también una minoría. Bastante menos de la mitad”.

Delincuencia en Nicaragua
Desde antes de la confiscación de la UCA, la Policía asediaba a los estudiantes y trataba de contener todas las protestas que organizaban. LA PRENSA

Asimismo, hay casos de estudiantes que ya estaban a punto de graduarse y solamente les faltaba tramitar su título. Tojeira explica que el principal problema con ellos es que las leyes de la mayoría de países del mundo, incluidos El Salvador y Guatemala, establece que estos estudiantes deberán cursar algunas materias en esos países para extenderles un título, aun cuando ya hayan culminado todo en sus países de origen.

“Tendrían que hacer una serie de materias como complemento. Eso significaría aproximadamente un año más (de estudio), además de hacer la tesis”, explica. Todos estos detalles son los que el comité de jesuitas está tratando de arreglar con los ministerios de Guatemala y El Salvador. “Hay buena voluntad” para encontrar una solución, pero los tiempos ministeriales son tardados, señala Tojeira.

Incertidumbre

Lo único claro para Luisa, es que este año ya no va a poder estudiar. “Es imposible que el gobierno nos haga sacar un semestre si al año ya solo le quedan dos meses prácticamente”, valora.

Ella siente que cuando la Universidad Casimiro Sotelo anuncie el inicio de clases, deberá tomar una decisión: terminar su carrera en esa universidad o dejar de estudiar. No es una decisión sencilla para alguien que está en la recta final.

De momento, seguirá pendiente a lo que anuncien las autoridades de esa universidad. Su única motivación es que le falta poco para graduarse y convertirse en arquitecta. “Al menos no va a ser mucho tiempo que tenga que estar con esa gente (sandinistas), digo yo”.

Manuel tampoco sabe qué hacer. Él quiere continuar sus estudios en la UCA de El Salvador. Ya envió sus datos al correo para optar por una beca, pero sabe que su problema es que no tiene un certificado de notas y como la Universidad Casimiro Sotelo está cerrada, tampoco puede ir a solicitarlas. “Estoy esperando que abran y ojalá no pongan trabas para sacar las notas”, comenta.

Pero lo que más lo abruma, dice Manuel, es que su título universitario no será de la Universidad Centroamericana, en la que se matriculó por considerar que era la mejor de Nicaragua.

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