Las barbaridades y atrocidades que se cometen en nombre de la democracia, los derechos humanos y la libertad

En las Américas hay muchas instituciones de la sociedad civil y organismos que hablan tanto de la democracia, los derechos humanos y la libertad. La pregunta es si realmente trabajan para implementarlas y desarrollarlas o simplemente se han convertido en instituciones de adquisición económica personal que lo que desarrolla es una mejor vida individual de quienes las dirigen, sin importarles que se logren implementar tanto la democracia, el respeto a los derechos humanos y la libertad, ya que de suceder su implementación, se les termina el negocio adquisitivo de grandes salarios y desviación de fondos destinados al fortalecimiento de las mismas.

De esta distorsión de actuar de lo que es la democracia, los derechos humanos y la libertad, no se libran algunos gobiernos del continente americano, ya que poseen instituciones encargadas de proteger los derechos humanos del ciudadano y diariamente son violentados y las instituciones estatales encargadas de la materia, en su informe anual simplemente declaran que en su país los derechos humanos son respetados por el gobierno, de la democracia y la libertad estos gobiernos no necesitan de institución alguna que declaren en igual sentido, ellos mismo lo dicen diariamente y lo peor es que se lo creen y sus seguidores hasta los defienden, falacia gubernamental.

La democracia, la libertad y los derechos humanos en las Américas, para no irnos más largo, son relativas, ya que todos los gobiernos reclaman para ellos mismo implementarlas, sin importar si su sistema de administración pública es totalitario, represivo y dictatorial como son los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua entre otros de menor escala.

No hay dictador alguno que reconozca la falta de democracia y libertad en su sistema de administración pública, pero que el dictador y su equipo se lo crea a que el pueblo se lo llegue a creer, hay un abismo de distancia que hacen imposible e irreconciliable el actuar armónico de la sociedad y el gobierno. Lo preocupante de esta situación no es lo que quiera creer la dictadura, ya que es viable y posible construir un cambio hacia la democracia y libertad, de hacer bien las cosas y actuar de una forma cívica, constante y transparente. Más bien lo peligroso y preocupante es la mentira diaria de quienes han encontrado un modo de vida y enriquecimiento fácil, aduciendo que son los representantes del pueblo en busca de la democracia, el respeto de los derechos humanos y de la búsqueda de la libertad, que no pasan de hacer panfletos, de hablar del tema en los medios de comunicación y andar de foro en foro, para justificar en gastos los grandes fondos adquiridos en presupuestos anuales que terminan en cuentas personales en bancos extranjeros.

La democracia, los derechos humanos y la libertad no son instrumentos mercantiles de sectores sociales ni objetos propagandísticos de los Estados. Son condiciones de derechos naturales y adquiridos que deberían de ser respetados, protegidos y desarrollados tanto por las instituciones civiles que dicen ser especializadas en la materia y el Estado principalmente.

Una de las características de la doctrina liberal que yo profeso es la tolerancia. Es ahí donde se respeta el libre pensar de los demás, por lo tanto aspira a la construcción de una democracia equitativa como me gusta calificarla, no a una democracia relativa, ya que cualquier gobernante de cualquier pensamiento ideológico aun cuando este sea un dictador, reclama para sí mismo o su gobierno, que está bajo un sistema democrático, convirtiendo su administración en una democracia relativa.

El liberalismo profesa la democracia equitativa, donde todos los sectores o en su mayoría sientan que están viviendo en una democracia, aunque esta no sea propulsada, construida y desarrollada por su pensamiento ideológico, pero que sí llenan las expectativas de vida en prosperidad, libertad, democracia y justicia social.

De lo que también tenemos que estar claro y plenamente convencidos es que la solución de la problemática, política, económica y social de las Américas, no es derecho exclusivo de un sector ideológico específico. La solución es la concertación de sectores democráticos que lleven por delante el deseo de actuar con voluntad, ética y moral, que su único interés sea la construcción de Estados que implanten en su base, una patria en libertad con democracia y que se practique la justicia social.

No dejemos que en nuestros países el mal llamado socialismo del siglo XXI siga ampliando su radio de acción. El foro de San Paulo está en marcha y el socialismo está presente no solo en algunos gobiernos americanos, sino que también está infiltrado en la oposición en algunos países y el peligro que es más latente, es que dominan en gran parte los medios de comunicación electrónico y social y la creación de organismos no gubernamentales, ONG.

Que Dios salve a las Américas de más socialismo en sus tierras.

El autor es activista liberal independiente.

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