La elección presidencial en Ecuador

Para bien del pueblo de Ecuador, la segunda vuelta de la elección presidencial del recién pasado domingo 15 de octubre tuvo un final feliz, al realizarse en un ambiente de paz, tranquilidad y seguridad; y al informar rápidamente las autoridades electorales quién fue el candidato ganador.

Es válido hablar de final feliz, después de que el 10 de agosto pasado, diez días antes de la primera vuelta electoral, uno de los principales candidatos presidenciales (Fernando Villavicencio) fue asesinado a balazos al salir de un mitin de su campaña.

Posteriormente, cuando faltaba una semana para la segunda vuelta, los siete sicarios acusados del asesinato de Villavicencio fueron ajusticiados por otros criminales en la cárcel donde se encontraban, aumentando la incertidumbre nacional.

Históricamente Ecuador fue un país tranquilo, pero el uso de su territorio por las organizaciones de narcotraficantes como vía de tránsito para los envíos masivos de droga a América del Norte y Europa, lo convirtió en uno de los más violentos de América del Sur.

Al mismo tiempo, como suele suceder en estos casos, el crimen organizado penetró a las instituciones políticas ecuatorianas conduciendo al país a una deplorable condición de Estado fallido.

Precisamente por la ingobernabilidad del Estado ecuatoriano el presidente democrático Guillermo Lasso se vio obligado a aplicar un mecanismo constitucional que permite adelantar las elecciones. De manera que el presidente electo el domingo pasado, también de tendencia democrática de centro derecha, solo ejercerá el poder presidencial hasta el 24 de mayo de 2025, al terminar el período para el cual fue elegido Lasso en 2021.

Daniel Noboa tendrá que gobernar en una situación extremadamente difícil. No solo por la grave criminalidad e inseguridad pública que domina al país, sino también por la fragmentación política del poder legislativo, la grave crisis económica, la carencia de recursos para hacerle frente, y el acoso de la izquierda autoritaria que en Ecuador es llamada correísmo, por el expresidente de esa corriente Rafael Correa.

Sin embargo, la elección presidencial del domingo pasado ha sido una gran fiesta de la democracia, como lo son en realidad todas las elecciones libres, honestas y competitivas en los países latinoamericanos y del Caribe, donde la democracia está poco desarrollada y sigue siendo muy frágil a pesar de que ya han transcurrido más de dos siglos de vida política independiente.

Pero  precisamente por eso es que  las elecciones limpias y competitivas  como las que se acaban de realizar en Ecuador, son la clave para que la democracia sobreviva y al menos no termine de sucumbir ante los embates del autoritarismo izquierdista.

Aunque las elecciones libres y competitivas no son toda la democracia, sin ellas no puede funcionar el sistema democrático. Inclusive en aquellos países donde no hay esa clase de elecciones, ni posibilidad de que las haya en el corto y mediano plazo, ellas tendrán que ser la mejor —inclusive la única— salida cuando se den o sean creadas las condiciones para realizarlas.

La otra vía, que es la de la violencia en cualquiera de sus formas, al menos en Nicaragua nunca ha conducido a la libertad ni a la democracia. Solo ha sido provocada y practicada para imponer nuevas y peores formas de dictadura.

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