Cuando hacen falta los profetas o líderes auténticos

Los analistas políticos distinguen o clasifican como democráticos o autoritarios a los diversos gobiernos de izquierda que hay en Latinoamérica y el Caribe. Como de izquierda, pero democráticos califican, por ejemplo, a los de Brasil, Argentina, Chile y México; y como autoritarios a los de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

De los primeros mencionados dicen que son democráticos porque surgieron del voto popular y permiten elecciones libres. Y a los segundos los llaman autoritarios porque no emanaron del voto libre de los ciudadanos y aunque realizan elecciones no son competitivas.

Por supuesto que cada uno de esos regímenes tiene sus particularidades, algunas de las cuales son importantes y se deben tener en cuenta, ya sea para el análisis más acertado o para elaborar las estrategias políticas más adecuadas.

Un rasgo común de los tres países con regímenes autoritarios de izquierda es que sus pueblos sufren una crisis integral crónica, aunque en Nicaragua no hay —todavía— una debacle económica como en Cuba y Venezuela.

Al respecto el psicólogo, doctor en ciencia política y profesor universitario venezolano, Ángel Oropeza, ha escrito en el diario El Nacional que “uno de los síntomas anímicos y psicológicos colectivos más salientes de las crisis crónicas es la desorientación y la sensación generalizada de que se ha perdido el rumbo, que no hay salida”.

Agrega que la consecuencia más grave de esa situación consiste en que, “si una población no percibe en el escenario una solución tangible a su tragedia, y además no sabe qué hacer para que ello ocurra, termina por generar la creencia de que no hay solución posible. Se origina así un ciclo pernicioso de reforzamiento cognitivo que finaliza provocando una actitud de indefensión y desamparo, que puede conducir a conductas de desmovilización y resignada pasividad”.

Se refiere Oropeza a la situación de Venezuela, particularmente, pero en general es igual y en algunos aspectos hasta peor la de Nicaragua.

Ciertamente, en Venezuela hay represión del Estado, una gran cantidad de presos políticos y un enorme exilio; pero quedan espacios para la organización y actividad opositora y de la sociedad civil, inclusive para la participación electoral, a pesar de que la institución estatal encargada de organizar las elecciones está subordinada al partido del gobierno.

Opina el psicólogo político venezolano que “es en estos momentos de desorientación, incertidumbre y angustia cuando los pueblos necesitan de profetas”. Lo cual  podría ser válido también en Nicaragua.

Cabe aclarar que al hablar de profetas el catedrático de Venezuela no se refiere a ciertos opinantes y activistas políticos que presumen de adivinadores y a menudo anuncian colapsos o implosiones inminentes del régimen. Esos son —dice Oropeza—“embaucadores que no hacen falta”.

Él se refiere a personas o dirigentes políticos que no se limiten a denunciar las injusticias, sino que su misión vaya más allá: “Por una parte anunciar y proclamar la realidad de un futuro distinto, y por la otra transmitir a la gente lo que se debe hacer en el momento presente para alcanzarlo y comprometerse con ello”.

En Nicaragua a esas personas no se les llama profetas, sino líderes, pero que sean íntegros y democráticos, no los caudillos de distinto pelaje político e ideológico que a lo largo de la historia nacional han pululado en la política criolla, siempre para mal.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    A veces la Ingeniería Social lo dificulta.

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