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Reencuentro entre Moisés Salinas y sus tres hijos, a quienes no miraba desde hace más de 11 meses, tras ser desterrado por la dictadura Ortega-Murillo. Foto: Captura de video divulgado en redes sociales.

Desterrado político Moisés Salinas se reúne con su familia en Estados Unidos

El excarcelado político tenía casi un año sin ver y abrazar a su familia, tras ser expulsado de Nicaragua por la dictadura Ortega Murillo.

La esposa y los tres hijos de excarcelado político Moisés Salinas Paz —desterrado de Nicaragua por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo el pasado 9 de febrero a Estados Unidos—, luego de más de ocho meses de trámites, por fin lograron llegar a territorio estadounidense para reunificar a su familia.

Los tres hijos de Salinas Paz, según un video divulgado por el periodista Miguel Mendoza a través de sus redes sociales, al ver a su padre en la sala de espera del aeropuerto estadounidense, tiraron sus maletas y se abalanzaron sobre él, abrazándolo, besándolo y llorando al reencontrarse luego de más de 11 meses de separación forzada por la dictadura orteguista.

V.M.B.A., de 33 años, esposa de Salinas Paz, detalló en entrevista con LA PRENSA que primeramente salió de Nicaragua hacia Costa Rica, de forma irregular, con sus hijos de 8, 10 y 11 años de edad, por temor a ser retenida por los funcionarios de la dictadura orteguista.

La mujer pasó más de cinco horas de camino para poder pisar territorio costarricense, desde donde espera partir este 12 de octubre en un vuelo directo hacia Estados Unidos, gracias a que las autoridades de ese país le autorizaron a ella y a sus hijos un permiso para ingresar.

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“Nos dieron un permiso. Vamos a tomar un vuelo a Estados Unidos y esperamos reunirnos mañana (hoy) 12 de octubre, en las primeras horas de la mañana. Fue duro salir de nuestro país, donde pasamos más de dos años sin vivir en paz, pero esperamos un día poder regresar”, afirmó V.M.B.A.

Condenado por ser concejal de CxL

El excarcelado político Moisés Salinas Paz fue detenido por la dictadura orteguista el 6 de noviembre de 2021, únicamente por ser crítico del régimen y concejal del extinto partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) en el municipio de El Almendro, Río San Juan.

La Policía orteguista, durante la captura, amenazó a Salinas Paz frente a sus tres hijos, que se aferraban al cuerpo de su padre, mientras los funcionarios le exigían que los acompañara “por las buenas o por las malas” y le enseñaban sus armas de reglamento.

Salinas primeramente fue trasladado a la estación policial de El Almendro, donde permaneció cinco días y luego fue encerrado casi cuatro meses en las celdas de la estación policial de San Carlos, Río San Juan, donde solo pudo ser visitado por su familia luego de un mes de encarcelamiento arbitrario.

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En marzo de 2022, el opositor fue trasladado al Sistema Penitenciario de Cuisalá, en Juigalpa, Chontales. La justicia orteguista lo acusó de los delitos de “menoscabo a la integridad nacional y propagación de noticias falsas”, condenándolo a 10 años de prisión.

En los más de 15 meses que estuvo encarcelado por motivos políticos, confirma su esposa, Salinas solo vio a sus hijos —con estricta vigilancia de funcionarios del penal— en tres ocasiones, además sufrió tortura física y psicológica, que hasta la fecha le han dejado secuelas.

“Saber del destierro fue doloroso para todos”

La esposa del excarcelado político relató que tanto ella como sus hijos, en más de 15 meses que duró el encierro de Salinas, sufrían persecución policial, por lo que tuvo que trasladarse, dentro del mismo municipio de El Almendro, a la vivienda de su madre, donde se sentía “acompañada” y “podía laborar como comerciante”.

Moisés Salinas Paz, cuando llegó a Estados Unidos. LA PRENSA/Twitter

Explicó que la noticia del destierro —en febrero pasado— fue dura, sobre todo porque inicialmente les causó zozobra porque no sabían de la excarcelación y solo se enteró, a través de una llamada telefónica de presos comunes, que su esposo había sido sacado de su celda el 8 de febrero, un día antes de que fuera enviado a Estados Unidos.

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“A él lo sacaron un día antes del penal de Cuisalá, Juigalpa. Le dijeron que iba a ser trasladado, pero él le dijo a los presos comunes que me llamaran, que me avisaran que lo iban a mover, él tampoco sabía que lo iban a sacar y menos que lo iban a desterrar. Me cuenta que lloró mucho al saber que lo estaban expulsando de Nicaragua, pensando en que no podría volver a ver a su familia”, recordó.

El 9 de febrero, tras ser desterrado de Nicaragua, Salinas llamó a su esposa y le confirmó —en medio de lágrimas— que era libre. “Me dijo, lo recuerdo bien, ‘soy libre, soy libre, estoy en un país de libertad, pero lloré en ese avión al saber que no iba a volver a ver a mi familia'”, relató.

Migración: “Su esposo no existe”

V.M.B.A. explica que pese al dolor del destierro, se sintió aliviada al saber que su esposo ya no estaba en manos de la dictadura Ortega Murillo. Explica que la reunificación para ellos fue más larga y tediosa porque ni ella ni sus hijos tenían pasaporte, por lo que el trámite fue toda una zozobra.

Detalló que tramitó los pasaportes de sus hijos desde marzo pasado, pero solo logró obtenerlos hasta mayo. Las autoridades orteguistas de Migración al indicarle los requisitos le recalcaron a V.M.B.A. que en el permiso de salida de sus tres hijos “su esposo no existe”, por lo que en el documento notariado solo se ubicó el nombre de ella, con la aclaración de “madre soltera”.

V.M.B.A. afirmó que, tras conseguir los pasaportes, se iniciaron otra serie de trámites para su salida del país, lo cual se logró gracias al apoyo de todas las personas que desde fuera de Nicaragua la asistieron en todos los trámites, la apoyaron económicamente y le ayudaron a conseguir un permiso de viaje a Estados Unidos.

Ahora, desde territorio costarricense, V.M.B.A. afirma que como familia cuentan las horas para reencontrarse, pues su esposo tiene más de 11 meses de no abrazar a sus hijos, ya que la última vez que se vieron fue el 6 de diciembre de 2022, en una visita supervisada por funcionarios del Penal de Cuisalá, Juigalpa.

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