El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), informó que ha invitado a sus homólogos de varios países hispanoamericanos a reunirse con él en territorio mexicano, el próximo 22 de octubre, para buscar solución a la crisis migratoria.
AMLO mencionó 11 países a cuyos gobernantes dice haber invitado, “porque son —explicó— los que tienen más injerencia en todo lo relacionado con la migración”. Entre ellos incluyó a todos los de Centroamérica, menos a Nicaragua.
El presidente de México no dejó claro por qué excluyó a Nicaragua. Podría haber sido por una omisión involuntaria. Es difícil creer que AMLO excluiría a Nicaragua porque su gobernante es de extrema izquierda, pues los presidentes de Venezuela y Cuba también lo son y a estos sí los mencionó entre sus invitados.
Algunos analistas han recordado que en 2021 AMLO y Daniel Ortega tuvieron una discrepancia pública que motivó al mexicano a llamar a su embajador. Desde entonces el presidente de México no menciona a Ortega ni a favor ni en contra y tal vez por eso no lo invite a la reunión sobre la crisis migratoria. Pero eso sería un infantilismo político que no le luciría a México, que es uno de los países más grande de América Latina y pretende ser un líder regional.
La verdad es que aparte de lo que se piense de Ortega la participación de Nicaragua en el encuentro de alto nivel convocado por AMLO es importante, porque se trata de uno de los países que tiene más “injerencia” en la crisis migratoria, como lugar de tránsito y origen de las migraciones.
Inclusive, según algunos observadores, el régimen de Nicaragua estaría facilitando el paso de los migrantes hacia Estados Unidos, para agravar la crisis migratoria que sufre este país declarado por el régimen sandinista como su enemigo principal.
Por otra parte, dijo AMLO que el problema de las migraciones masivas no se debe enfrentar con medidas punitivas contra los migrantes, sino resolviendo los problemas que los obligan a emigrar masivamente en busca de mejor vida. “El planteamiento —declaró este lunes 9 de octubre— es qué hacemos para dar atención en los pueblos de origen, a los que toman la decisión de echarse a andar por necesidad; cómo garantizamos que haya trabajo, que haya bienestar en los pueblos de nuestros países para atemperar, reducir el flujo migratorio, no estar pensando solo en medidas coercitivas, retenes, muros (y) en militarizar las fronteras”.
Eso es correcto. Pero lo que no dijo el presidente mexicano, tal vez por su ideología izquierdista, es que para evitar que la gente emigre masivamente hacia Estados Unidos y otros países desarrollados y ricos, no solo hay que procurarle fuentes de trabajo y condiciones básicas apropiadas para su bienestar social, sino también libertad y democracia, respeto a los derechos humanos, y seguridad pública y personal, que son condiciones indispensables para vivir con dignidad. Y por lo tanto para no tener razón de emigrar.