La cuestión es qué hacer con los pobres y su pobreza

Las declaraciones del presidente de México publicadas en el Diario LA PRENSA el pasado 2 de octubre, afirmando que una nueva oleada de inmigrantes queriendo llegar a los Estados Unidos ha elevado la cifra de estos a la suma de 16,000 inmigrantes diarios. Una cifra que, multiplicada por semanas o por mes, debe preocupar a las autoridades norteamericanas. Detrás de las declaraciones de Andrés López Obrador han manifestado su preocupación el alcalde de New York, el presidente Biden anunciando el reinicio de las deportaciones de venezolanos a su país, el gobernador del estado de Texas y ya no digamos el de la Florida que tiene su ley antinmigrante.

La pregunta del millón es por qué todas las iniciativas, incluyendo el invento del expresidente Donald Trump de la construcción de un megamuro, no han dado resultado. La repuesta es bien sencilla y yo la identifiqué en pocas palabras. “Las causas de la inmigración se encuentran lejos de la frontera”. Cada día, después de ver cómo el éxodo continúa estoy más seguro de dicha afirmación.

El Plan Marshall fue un programa ideado por los Estados Unidos para apoyar la reconstrucción de las economías de los países de Europa Occidental, que habían quedado devastadas luego de la Segunda Guerra Mundial. El nombre del proyecto se debe a George Marshall, secretario de Estado de la administración del presidente Harry Truman, quien propuso esta iniciativa durante un discurso pronunciado en 1947.

La implementación de la ayuda económica fue diagramada por funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos. El plan estuvo vigente entre 1948 y 1951, durante los cuales los Estados Unidos desembolsaron unos 20,000 millones de dólares. Los países beneficiados por la ayuda económica fueron Grecia, Turquía y todos los de Europa Occidental, con excepción de España, que estaba gobernada por el franquismo. La Unión Soviética se negó a recibir ayuda económica y bloqueó toda posibilidad de que los países de Europa Oriental participaran del programa.

El Plan Marshall impulsó la recuperación económica europea, la disminución de las barreras arancelarias y la vigencia del libre comercio. Los países europeos utilizaron sus fondos para adquirir alimentos, combustibles, productos industrializados, vehículos y equipamiento industrial, procedentes de Canadá y los Estados Unidos. Se calcula que dicho programa costó la suma de aproximadamente 20,000 millones de dólares. Dinero que, si volvemos a ver a Europa en estos momentos, no cabe la menor duda de que fue aprovechado de la mejor manera.

En Latinoamérica, en la época del presidente John F. Kennedy se implementó algo parecido con el mismo propósito al que llamaron Alianza para el Progreso, cuyo objetivo era: «Mejorar la vida de todos los habitantes del continente». Además, tenía como objetivos específicos: Un incremento anual de 2.5 por ciento en el ingreso del capital, el establecimiento de gobiernos democráticos, eliminación del analfabetismo de adultos para 1970, estabilidad de precios, eliminación de la inflación o deflación, una distribución más equitativa del ingreso promedio, reforma agraria y planificación económica y social.

Se proclamaron medidas de carácter social (educación, sanidad, vivienda…), política (defendiendo la formación de sistemas democráticos, según el principio de autodeterminación de los pueblos) y económica (limitación de la inflación siempre bajo la iniciativa privada). Para garantizar estos objetivos, Estados Unidos se comprometía a cooperar en aspectos técnicos y financieros y por supuesto económicos. La suma que se hablo fue también de 20,000 millones de dólares a proveerse en diez años

La pregunta obligada es: ¿Por qué en Europa el Plan Marshall cumplió su objetivo y en Latinoamérica seguimos con el flagelo de la pobreza en muchos casos extrema? Yo tengo mi repuesta a esa pregunta, pero en esta ocasión se las quedo debiendo, así que quedan ustedes queridos lectores habilitados a considerar la vuestra.

Para finalizar permítanme por esta vez ser portador de no tan buenas noticias. Creo que los inmigrantes seguirán llegando a las fronteras México-EE.UU.  sin importar los peligros a los que se enfrenten, pues el sueño de una vida mejor con oportunidades para ellos y sus hijos, los seguirá empujando a cruzar desiertos, junglas inhóspitas y, lo más peligroso, se seguirán enfrentando a la maldad humana de aquellos que se aprovechan de ellos, llegando hasta el asesinato masivo truncando así su sueño de una vida mejor.

Por mi parte sigo sosteniendo que las causas y solución de dicho problema migratorio están lejos pero bien lejos de las fronteras de Estados Unidos con México.

El autor es analista político y social.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Totalmente de acuerdo con Guillermo Miranda.

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