La cancelación de la personería jurídica del partido indígena Yatama, y por lo tanto su liquidación como entidad política legal —así como el encarcelamiento de su único diputado (Brooklin Rivera) y de su suplente (Elizabeth Enríquez)—, ha puesto fin definitivo al poquísimo pluralismo político que quedaba en Nicaragua.
Yatama no era exactamente un partido opositor. Más bien colaboraba con el régimen y se alió con el FSLN en las elecciones de 2006 para ayudarle a recuperar el poder. Esa alianza se rompió en 2014 por los consabidos pleitos de los políticos por sus particulares intereses.
Yatama participó en el año 2018 en la opositora Coalición Nacional e inclusive presentó su propio precandidato presidencial. Pero fue expulsado de dicha alianza de oposición porque apoyó la elección de un magistrado sandinista que dio al FSLN el control absoluto del poder electoral.
Sin embargo, aunque en estricto sentido Yatama no era un partido opositor, se mantenía como un grupo político independiente. Precisamente por esa condición y como representante de los indígenas miskitos, Brooklin Rivera —el líder y único diputado de Yatama— protestó en un foro de las Naciones Unidas por el hostigamiento del Estado contra Anexa Alfred, una prominente defensora de los derechos de los indígenas del Caribe nicaragüense.
Por eso a Brooklin Rivera no se le permitió entrar al país cuando regresaba de la ONU y tuvo que ingresar ilegalmente por algún punto de la extensa zona de la Mosquitia. Y el régimen reaccionó metiéndolo en la cárcel y encarcelando también a su suplente en la Asamblea Nacional.
Con la liquidación de Yatama han quedado con personería jurídica y una minúscula representación parlamentaria, los partidos PLC, ALN, PLI y Apre. Pero estos no son opositores, son sumisos colaboradores del régimen y no representan el pluralismo político en ninguna forma.
Por eso decimos que la liquidación de Yatama ha puesto fin al poquísimo pluralismo político que quedaba en Nicaragua, pues sin bien ese partido indígena no era exactamente opositor, por lo menos tenía independencia para tomar sus decisiones.
De acuerdo con la doctrina y la práctica de la política, sin pluripartidismo no hay una verdadera democracia. El pluralismo político significa la existencia de distintos partidos con derecho de disputar el poder mediante elecciones populares, y de criticar y exigir cuentas al que está en turno. Lo cual es imposible en Nicaragua donde el Estado no es democrático, sino autocrático.
El sistema político de Nicaragua es monopartidista. Como ya lo dijimos, aunque formalmente hay varios partidos con diminutas representaciones parlamentarias, no cuentan para nada en el ejercicio del poder que es detentado exclusivamente por el FSLN.
En la historia han sido muy pocos los casos de sistemas monopartidistas “puros”, o sea de un solo partido político, de hecho solo en la extinta Unión Soviética comunista y en la Cuba castrista que existe hasta ahora.
En China, por ejemplo, existen 8 partidos, pero el que toma todas las decisiones es únicamente el Partido Comunista. Y en Corea del Norte existen 4 partidos políticos, pero el que determina todo sin tomar en cuenta a los otros es el Partido del Trabajo, como se llama allí el partido comunista.
Para que en Nicaragua vuelva a haber democracia se tendrá que restablecer la existencia legal y real de los partidos políticos. Inclusive desde antes, porque serán necesarios para impulsar y sostener la transición democrática.
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