Este viernes 6 de octubre se conoció que el Premio Nobel de la Paz 2023 le fue otorgado a Morges Mohammadi, una mujer de Irán defensora de los derechos humanos que está presa por esa causa.
En la historia del Premio Nobel de la Paz que se instituyó en 1901, Morges Mohammadi es la novena mujer que lo recibe. Y la segunda de Irán, pues en 2003 otra defensora iraní de los derechos humanos y en particular de las mujeres, Shirin Ebadi, fue reconocida con el prestigioso premio.
Morges Mohammadi es ingeniera, pero desde que estaba en la universidad se dedicó al activismo social y al periodismo comprometido con las causas de la libertad y la democracia. Con 51 años de edad, ha sido encarcelada 13 veces y sentenciada en 5 ocasiones a un total de 31 años de prisión. En una de esas veces fue castigada con 154 latigazos, acusada de “traición a la patria” y de “atentar contra la seguridad nacional”.
Pero aun en prisión no deja de luchar por la justicia y el respeto a la dignidad humana. Desde la cárcel, de cualquier manera que puede ella denuncia las inhumanas condiciones en las que el régimen de Irán —que es un estrecho aliado del de Nicaragua— mantiene a los presos políticos y de conciencia.
En Nicaragua muchas personas tenían la esperanza de que el Premio Nobel de este año le fuera otorgado a monseñor Rolando Álvarez, el obispo de la Iglesia católica que está preso desde hace 14 meses y ha sido condenado a más de 26 años de prisión, por acusaciones iguales o parecidas a las que tienen en la cárcel de Irán a Morges Mohammadi.
Sin embargo, para que monseñor Álvarez pudiera recibir el Premio Nobel de la Paz de 2023 su candidatura debió haber sido presentada desde el año pasado. Y fue propuesta en julio de este año por la Sociedad Interamericana de Derechos Humanos (SIDH). Un mes después la presentaron también todos los expresidentes vivos de Costa Rica.
De manera que hay que esperar el Premio Nobel de la Paz de 2024. El reconocimiento internacional que podría recibir este año el obispo mártir nicaragüense es el Premio Sájarov del Parlamento Europeo, que se anuncia en diciembre. Monseñor Álvarez está nominado para este premio junto con la activista de derechos humanos, doctora Vilma Núñez de Escorcia.
Por cierto que a Morges Mohammadi le fue otorgado el Premio Sájarov en 2018. De manera que se puede suponer que si el obispo Álvarez recibiera este premio en diciembre de este año, que es cuando se anuncia, mejoraría la posibilidad de que le concedieran el Nobel de la Paz de 2024.
Lo cual sería para él un homenaje muy merecido, por su abnegado sacrificio personal, pero también un aliento solidario a la Iglesia católica y todo el pueblo de Nicaragua, que necesita salir de la crisis sociopolítica y la odiosa polarización extrema en la que se encuentra atrapado.