Este miércoles 4 de octubre comenzó en el Vaticano —y se prolongará hasta el 29 del mismo mes— el Sínodo de la Sinodalidad de la Iglesia católica.
Se le llama Sínodo de la Sinodalidad porque esto significa que se debe “escuchar las voces de todos los miembros de la Iglesia, incluso de aquellos que tienen opiniones diferentes”, según explicación de la revista católica española Religión Digital.
El tema del sínodo es muy importante en Nicaragua, donde por lo menos la mitad de la población se declara católica, según las encuestas, mientras que la Iglesia reconoce como bautizados a más del 80 por ciento de los nicaragüenses.
Pero el sínodo no solo es importante por la gran cantidad de católicos que hay en el país, sino también por la situación actual de la Iglesia de Nicaragua que sufre la peor tribulación de su historia que comenzó desde hace exactamente quinientos años, en 1523.
El sínodo es una asamblea consultiva de los obispos de todas partes donde existe la Iglesia católica, que se reúnen con el papa para intercambiar información y experiencias y aprobar acuerdos del interés eclesial. No se realizan con frecuencia, como lo demuestra el hecho de que el que comenzó sus labores este 4 de octubre en el Vaticano es apenas el número 16, en los más de dos mil años de historia de la Iglesia.
Este sínodo se celebra cuando la Iglesia católica afronta grandes y novedosos desafíos que exigen tomar en cuenta no solo lo que dicen los obispos, sino todos los católicos y demás gente de buena voluntad. Por eso es que en el Sínodo de la Sinodalidad además de los obispos participan presbíteros, diáconos, personas religiosas y laicas, incluyendo a 54 mujeres con derecho de votar en la adopción de las decisiones.
Por Nicaragua debía participar el obispo de la Diócesis de León, monseñor Sócrates René Sándigo, pero de última hora se supo que no viajó a Roma, sin conocerse los motivos.
Ahora bien, para el sínodo hay un documento general de base que fue elaborado durante largo tiempo y después de muchas consultas, llamado instrumentum laboris en latín, que significa instrumento de trabajo.
Este documento contiene temas llamados a introducir reformas trascendentales en la Iglesia católica; como en el celibato, que sería opcional para los sacerdotes; el nombramiento de mujeres en el diaconado (que es el tercer grado en la jerarquía eclesiástica); el derecho de las personas católicas divorciadas a comulgar; y el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo manteniendo el concepto católico fundamental de que el matrimonio es solo entre hombre y mujer.
Sin embargo, como para que no haya demasiadas expectativas y seguramente a fin de apaciguar a los sectores más conservadores de la Iglesia, el papa Francisco dijo al inaugurar este sínodo que no es un simple evento de reformas. La Iglesia —advirtió el santo padre de los católicos— “no debe afrontar los desafíos y los problemas de hoy con espíritu de división y de conflicto… sino volviendo los ojos a Dios que es comunión, y con asombro y humildad”.
Cabe mencionar que el Sínodo de la Sinodalidad no terminará el próximo 29 de octubre, solo su primera parte. En el mismo mes del año 2024 se volverá a reunir para confirmar sus decisiones después de un tiempo razonable para evaluarlas e interiorizarlas.
Pero no cabe duda de que la Iglesia católica saldrá renovada del Sínodo de la Sinodalidad. Para eso precisamente han sido los sínodos, desde que se celebró el primero de la historia, apenas en el año 50 después de Jesucristo, cuando se decidió desligar a los cristianos de la ortodoxia del judaísmo.