La investidura del líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, como candidato a la Presidencia del gobierno escogido por el monarca Felipe VI, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 99 de Constitución española en su primer apartado después del acto ritual que es menester realizar, verificado en los días del 26 al 29 de septiembre, ha resultado fallida, o sea, que el candidato propuesto no ha conseguido los votos necesarios para ello.
En mi anterior artículo titulado “Después de las elecciones del 23J, comienza el camino a la investidura del candidato que sume 176 escaños”, de fecha 1 de septiembre del año en curso, expuse quién había ganado las elecciones de la fecha mencionada y dije que las elecciones en votos y escaños las había ganado el PP, que obtuvo 137 asientos, cuyo candidato en potencia en esos momentos era Alberto Núñez Feijóo, presidente de dicho partido y número uno de la lista de candidatos por Madrid, en quien normalmente suele recaer la candidatura a futuro presidente del gobierno una vez que el rey, previas las consultas del caso, escogiese de los candidatos propuestos.
Pues bien, una vez hechas las consultas por el rey Felipe VI con todos los representantes de los partidos que compitieron en las elecciones del 23J, designó a Alberto Núñez Feijóo para que fuese el candidato propuesto al Congreso de los Diputados para la Presidencia del Gobierno, lo que fue comunicado a la presidencia de las Cortes y procediese en consecuencia.
La presidencia del Congreso de los Diputados, convocó al pleno a los efectos de dar cumplimiento al mandato constitucional y a la escogencia hecha por su majestad el rey. En dicho pleno se votaría definitivamente si el candidato propuesto alcanzaba en primera votación una mayoría absoluta de 176 votos, que es la mitad más uno de los escaños del Congreso de los diputados, compuesto de 350 miembros votados en las elecciones generales.
En el primer día el candidato Núñez Feijóo, no alcanzó dicha mayoría absoluta en los términos explicados anteriormente, después de haber presentado con claridad, transparencia y buen verbo su programa electoral a los convocados al plenario, en las que expuso las líneas maestras de los que su gobierno seguiría si le otorgaban la confianza necesaria, y los demás partidos replicaban o cuestionaban los puntos que al entender de sus respectivos partidos no estaban de acuerdo a su línea programática propuesta, lo que fue a su vez replicado contundentemente por el candidato.
Al no haber conseguido en esa primera votación la mayoría absoluta de votos se sometió la misma propuesta cuarenta y ocho horas después, pero esta vez no era necesaria una mayoría absoluta, bastaba con una mayoría simple, es decir, más votos síes que noes y en este caso se entendería otorgada la confianza y en consecuencia sería designado presidente del gobierno.
En esta segunda votación el candidato tampoco obtuvo la mayoría deseada que le otorgaría la confianza para ser presidente del gobierno. El resultado de la votación fue el mismo que en la primera, el candidato Núñez Feijóo obtuvo tanto en la primera como en la segunda votación 172 votos y quedaba a cuatro de conseguir la presidencia del gobierno, ya que los otros partidos que votaron en contra obtuvieron 178 escaños, con lo que la candidatura decayó y perdió el candidato ganador de las elecciones. Lo cual explico por qué a continuación.
España, como también expliqué en mi anterior artículo publicado en estas mismas páginas, es un sistema de monarquía parlamentaria, en la que no importa ganar las elecciones generales como sucedió en este caso, puesto que lo importante es tener una mayoría absoluta o simple ya sea que un solo partido o varios en coalición, obtengan esa mayoría de 176 votos parlamentarios. Sistema que se sigue en la mayoría de los países de Europa occidental, pero que plantea ciertas dudas y tiene sus variaciones de uno a otros países, ya que por ejemplo en Grecia, cuna de la democracia, el candidato que gana las elecciones obtiene un plus de veinte escaños más, lo que indudablemente cambia las tornas y es casi seguro que se convierte en presidente del gobierno.
Pero hagamos un poco de historia de lo que pasó en los días que se verificaron las elecciones. El candidato Núñez Feijóo dijo en una parte de sus disquisiciones, que todos los partidos se habían retratado, lo que significaba que el otro partido con posibilidades de obtener la presidencia del gobierno, es decir el PSOE, comandado por el actual presidente Pedro Sánchez Castejón y candidato a renovar su estadía en la Moncloa, sede de la presidencia del gobierno, ya había armado su jugada para derrotar al candidato Núñez Feijóo, desde el momento mismo en tras las elecciones se alió con todos los otros partidos de extrema izquierda para conseguir la presidencia del Congreso de los Diputados, que recayó en la perdedora de la presidencia de su comunidad autónoma, la redomada sanchista Francine Armengol una catalanista de Pro seguidora de los llamados países catalanes.
El PSOE, que obtuvo un resultado mediocre con 122 escaños, lleva como aliado en una coalición un invento llamado Sumar, liderado por la comunista Yolanda Díaz y compuesto de 15 micropartidos, todos ellos de extrema izquierda, que obtuvo 31 escaños y luego se le unieron a la ambición desmedida del sanchismo los partidos separatistas de Cataluña: Esquerra Republicana, que obtuvo 7 escaños, Junts per Cataluña, que obtuvo otros 7 asientos en el Congreso de los Diputados, con la particularidad de este último que su presidente o líder es el fugado de la justicia española Carles Puigdemont, quien reside en Bélgica para evitar ser enjuiciado en España por ser el presidente catalán que promovió junto con otros connotados separatistas la independencia de Cataluña el 1 de octubre de 2017.
A ello en este lado hay que añadirle que los separatistas vascos del EH/Bildu, descendientes de la ETA que mató a miles de españoles por conseguir su objetivo de la patria vasca, y PNV, sacaron respectivamente 6 escaños el primero y 5 el segundo, más 1 de bloque nacionalista gallego, lo que obviamente superaron en la investidura de Núñez Feijóo que solo contaba con sus 137 escaños, más los 33 de Vox, 1 de Coalición Canaria y otro de Unión del Pueblo Navarro.
Pero ahora el rey tiene que realizar nuevamente una ronda de consultas con los partidos que compitieron en las elecciones al igual que hizo en la primera vuelta y escoger un nuevo candidato a la presidencia del gobierno, que presumiblemente el escogido sea Pedro Sánchez Castejón, que por permanecer en la presidencia del gobierno hará todo cuanto sea para no irse. No importa para él el precio a pagar, si es necesario se entregará en manos de Puigdemont, el traidor a España que en estos momentos tiene la llave del futuro gobierno y para ello exigen a Sánchez una amnistía general que borre todo el pasado de los golpistas y un referéndum para separar a Cataluña de España.
Si esto llega a suceder de la forma en que se inventen habrán quebrado la unidad de España, labrada desde hace quinientos años por los reyes católicos Fernando e Isabel y la transformarán en una república de republiquitas. Dios nos libre de semejante desatino.
El autor es abogado nicaragüense residente en España.