El Estado Vaticano o Santa Sede planteó ante la ONU que “espera entablar un diálogo diplomático respetuoso (con el régimen de Nicaragua) para el bien de la Iglesia local y de toda la población”.
Así lo dijo este martes 26 de septiembre el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, al hablar ante la 78ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
Santa Sede es la denominación oficial del gobierno del Estado Vaticano, el cual no es miembro de pleno derecho de las Naciones Unidas. Participa como Estado observador con todos los derechos correspondientes, pero no puede votar para la toma de decisiones. O sea que su participación es eminentemente moral.
El Vaticano mantiene relaciones con 180 de los 193 Estados miembros de la ONU. No las tiene solo con algunos pocos Estados cuyos regímenes son hostiles a la religión católica. Para ser precisos, no tiene relaciones solo con 13 países del mundo, nombrados aquí por orden alfabético: Afganistán, Arabia Saudita, Brunéi, Bután, China, Corea del Norte, Islas Maldivas, Laos, Mauritania, Somalia, Unión de las Comoras, Tuvalu y Vietnam
Los observadores internacionales ven como un absurdo que uno de los Estados con los que la Santa Sede tiene las peores relaciones es el de Nicaragua, cuya población mayoritaria es católica. El Vaticano y Nicaragua ni siquiera tienen relaciones formales, pues el régimen nicaragüense las suspendió en marzo pasado, después de que el papa Francisco aludió en duros términos al régimen de Daniel Ortega, por sus acciones contra la Iglesia católica local.
Ni siquiera con el Gobierno de EE. UU. al que llama “enemigo de la humanidad” y lo identifica como su enemigo principal, el régimen sandinista es tan hostil como con la Iglesia católica y el Vaticano.
Sin embargo, la Santa Sede y personalmente el papa Francisco son perseverantes en su disposición al diálogo respetuoso con el régimen de Nicaragua, como ha dicho el arzobispo Gallagher en las Naciones Unidas, en interés de las partes y en general del pueblo nicaragüense.
Sin embargo, el régimen de Managua ha ignorado el planteamiento de diálogo diplomático respetuoso, presentado por la Santa Sede ante la Asamblea General de la ONU. Lo que hizo el canciller de Nicaragua, Denis Moncada, quien habló en representación de Daniel Ortega, fue reiterar el discurso oficial beligerante contra todos los Estados a los que ha declarado como enemigos —hasta contra la misma ONU— y asegurar que resistirá sus presiones hasta vencerlos.
Es lamentable que la disposición al diálogo no sea recíproca, pue sobra decir que Nicaragua necesita que se ponga fin a la crisis, a la polarización del odio y la intolerancia entre hermanos nicaragüenses. Lo cual solo se podría lograr mediante el sacrificio de un diálogo y acuerdos como los que se firmaron en marzo de 2019 en el Incae, que desafortunadamente no fueron cumplidos y se quedaron en el papel.