Hay victorias en el deporte cuyo descaro epopéyico define a toda una generación tanto de jugadores como de fanáticos, hay victorias que resumen la grandeza, hay victorias que se convierten en leyendas, hay victorias que reescriben la propia historia y hay victorias que solo por recordarlas aceleran el corazón. Solo el verdadero aficionado del futbol entenderá lo que esta noche acaba de suceder: el Real Estelí venció 1-0 al Saprissa. En Costa Rica lo llaman “vergüenza” y en Nicaragua nos quedamos sin palabras. Había que hacer un partido perfecto, sin cometer errores y si sucedían corregir en el momento y Estelí lo consiguió: sacó el sombrero, agitó la varita y se hizo la magia.
La victoria de Estelí representa la excepción del balompié en Nicaragua. En el pasado quedó la frase: “jugaron como nunca y perdieron como siempre”. Este equipo ha alcanzado la madurez, entienden sus limitaciones y potencializan sus ventajas, trabajan en sus carencias y les gusta dar golpes de sorpresa. Estelí no rehuyó al juego, peleó la pelota, supo salir en las contras, cortar la distribución del rival y evitar el asedio constante durante los 90 minutos. El Saprissa nunca estuvo cómodo, creyeron tener el partido antes de jugarlo y cayeron en el infierno, ardiendo ante la imposibilidad de igualar el marcador y mucho menos remontarlo.
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Y aunque nos volvamos locos con el triunfo y entendemos la dimensión de la victoria hay mucho por mejorar, demasiado camino por recorrer, pero lo más esperanzador es que este equipo parece haber encontrado el camino de su crecimiento. La eliminatoria no está para nada definida, pero ahora nadie nos quita la ilusión de soñar con ver a un conjunto nicaragüense en las semifinales de la Copa Centroamericana.