El pasado jueves 21 de septiembre el profesor Andrés Pérez Baltodano publicaba en la edición virtual de LA PRENSA un artículo de opinión que captó mi interés por dos razones: la primera que aborda la idea de los liderazgos vencidos, metaforizados con expresiones —confieso— muy pocas de un académico serio como él. Es entendible que muchas veces quienes escribimos tratemos de optar por una semántica más escueta para la mayoría de los lectores. Y la segunda idea sobre nuevos y jóvenes liderazgos.
Sobre el primer punto, Pérez Baltodano tiene razón al manifestar que “hemos consumido productos políticos ‘vencidos’”. Cita los casos —curiosamente— de Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro. No obstante, si es una tesis que debe ser aplicada a la casta política en general, omite nombres que bien caben, dado que, como Ortega se entronizaron en la oposición con las mismas intenciones de ser corredentores a la actual crisis política del país. A decir de lo anterior, son sus camaradas ideológicos, curiosamente obnubilados en su crítica, incluido el caso de Monteverde.
Pese a eso, Andrés no deja de tener razón. Debemos ser autocríticos y pensar que la oposición surgida y resurgida a raíz de la tragedia del 2018 ha cerrado su ciclo. Su momento pasó y en ello no exagero a que en la política debemos ser como el río de Heráclito que fluye. El problema es que estos “diques” tampoco son productos por sí solos, son creados, confirmados y elegidos. En el caso de Ortega por su hermano Sergio Ramírez y Dora María Téllez, entre otros, aun con el divorcio posterior, el dictador ya estaba creado.
La crítica no debe ser parcial, debe ser general para que pueda ser aceptada como tal cuando el prisma no se utiliza para unos y se aleja de los corresponsables de la fallida oposición. La idea fundamental de un nuevo liderazgo con “nuevas y jóvenes ideas”, Pérez Baltodano no la trae a raíz de la crisis, sino desde antes. Respondió al V volumen de las Obras de Serrano Caldera proponiendo la necesidad de que los jóvenes iniciáramos un debate respecto de la obra del filósofo nicaragüense. No renuncia a su idea y es parte de lo que también él dijo como “conjunción entre teoría y praxis”.
Es necesario renovar este liderazgo que ya no tiene la confianza de una sociedad polarizada como la de hoy. Nicaragua exige y requiere, que incluso en el ámbito académico, otros se opaquen para dar paso al brillo de una generación cuya fuerza moral supera cualquier oposición antes de abril 2018.
El problema endémico es el llamado adulto-centrismo que ha impedido el surgir de “otras visiones y estrategias” que respondan a la pregunta de todos: Después de Ortega, ¿quién o qué?
El autor es nicaragüense exiliado.