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Primera de dos entregas
Al régimen castrista le tomó solo un par de años desmantelar las instituciones religiosas en Cuba y reducir al silencio a la Iglesia católica que quedó acorralada en la isla desde 1961.
A la dictadura de Nicaragua el mismo proceso destructivo le ha tomado cinco años a partir de 2018, pero a diferencia de su par cubano, la administración Ortega-Murillo ha arrollado por igual a curas de pueblo, nuncios apostólicos y al mismo papa como líder universal del catolicismo.
¿Se puede decir que una dictadura, de las dos aquí citadas, ha sido más brutal que la otra en su lucha maligna contra la religión?
Un experto en religión de Cuba, la historia de 1961 y datos de organizaciones de derechos humanos concuerdan que la ferocidad estatal ha sido similar en sus diferentes momentos de cada país, pero uno de los regímenes ha sido particularmente menos inteligente que el otro.
Cuba: aniquilación de las estructuras católicas en 1961
Veamos sus historias.
Osvaldo Gallardo González es un escritor cubano exiliado en Miami y director del medio Cuba Trending; sobre todo es un laico investigador de la religión católica en la isla y crítico del régimen.
Para él, el origen de lo que pasa en Nicaragua ahora, pero con nueva crueldad adaptada, tiene sus raíces en los sucesos de 1961: el asalto y desmantelamiento de toda la estructura religiosa de Cuba.
“En el año 1961 se expulsó a la mayoría de los agentes pastorales que no eran cubanos, había mucho misionero autóctono y extranjero en el país, pero desde entonces en Cuba no hay una escuela católica. No hay una emisora católica, no hay una institución católica que no sean las propias iglesias”, narra.
Y señala que mucha de aquella información se ha perdido en el tiempo y sugiere por ello, que debe hablarse de esa historia para comprender la persecución religiosa en Nicaragua y Venezuela.
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Diezmaron la iglesia y tomaron sus templos
En ese sentido, comparado a lo que ocurre con Nicaragua hoy, a su criterio lo de Cuba fue más radical: “fue una iglesia diezmada de feligreses, de pastores, de sus instituciones, de sus símbolos, de todo, además de que fueron secuestrados templos completos y prohibidas actividades tan profundamente religiosas como la Navidad y Semana Santa”.
“Para que tengas una idea: en Cuba todavía puede haber templos de esa época que son almacenes, aunque ha habido un proceso hace un tiempo en que se han devuelto algunos de esos templos, pero la mayoría quedó en otras manos”, comenta el escritor.
Recuerda que en su ciudad, en Camagüey, el templo y casa de las hermanas Teresianas en el reparto Saratoga fue desde un almacén hasta un ring de boxeo.
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¿Cómo inició todo el desmantelamiento a la Iglesia?
Todo inició con una misa. Reconstruyamos la historia con Gallardo.
En noviembre de 1959 se celebró en La Habana el Congreso Católico Nacional. Al terminar, la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre fue trasladada para una misa de acción de gracias a plaza abierta.
Fidel Castro, el presidente títere Osvaldo Dorticos (se suicidaría años después) y varios ministros y comandantes guerrilleros asistieron a la misa de clausura en la Plaza Cívica (luego plaza de la revolución), colmada por casi un millón de personas.
Al dictador le pareció “una fuerza humana demasiado poderosa para dejarla en manos de hombres con sotanas”.
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Sería la última manifestación pública para los católicos cubanos, hasta la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, casi cuarenta años después, en enero de 1998.
Iglesia cubana alza la voz contra abusos comunistas
Un año después del triunfo de los rebeldes comunistas sobre el gobierno de Fulgencio Batista, los obispos cubanos empezaron a cuestionar las prácticas abusivas de la nueva autoridad: fusilamientos de opositores, saqueo y expropiaciones de propiedades, apresamientos arbitrarios y discursos de odio contra todo sector social que cuestionara el nuevo orden.
La iglesia sentó una posición clara en una carta pastoral del 7 de agosto de 1960: “La Iglesia está hoy, estará siempre, a favor de los humildes, pero no está ni estará jamás con el comunismo…La mayoría absoluta del pueblo cubano que es católico, sólo por el engaño o la coacción podría ser conducida a un régimen comunista”.
Los discursos agresivos de los guerrilleros se enfilaron entonces contra la Iglesia y sus miembros: “burgueses”, “contrarrevolucionarios”, “terroristas”, “traidores a la patria” e “instrumentos del imperialismo”, “curas falangistas” y “esbirros con sotanas”.
Pronto pasaron del discurso al sabotaje: bajo el lema “Con la Cruz y con la Patria”, el régimen ensayó la creación de una iglesia nacional, a imagen y semejanza de un modelo organizado en China una década antes.
Turbas y discursos de odio contra la iglesia
El proyecto de división no prosperó y el régimen pronto encaminó sus acciones a crear desórdenes en los templos con turbas furiosas que gritaban consignas en las misas, profanaban templos y apaleaban a curas y feligreses.
El régimen acusó al clero de promover discursos de odio y división social desde sus sermones y empezó a clausurar y confiscar los espacios religiosos de que disponía la Iglesia en la prensa escrita, la radio y la televisión.
Fidel Castro dictó el curso de la campaña contra la iglesia en 1961 con un violento discurso pronunciado en la Universidad de La Habana.
“¿Qué derecho tienen a inmiscuirse en los problemas políticos? Y una de las cosas en que más insisten es en el problema del comunismo, y en plan de emplazar al gobierno. En primer lugar, debemos decirles que el gobierno no tiene que darles cuenta alguna a los señores arzobispos de su conducta, el gobierno revolucionario no tiene que rendir cuentas de sus actividades políticas al clero falangista”.
La larga noche oscura cubana
Comenzó entonces la larga noche oscura contra los sacerdotes y el personal religioso en Cuba.
A raíz de la invasión de playa Girón, el dictador desató una ola de detenciones masivas en todo el país, principalmente contra empresarios, intelectuales, periodistas, artistas, activistas y opositores a quienes acusó de terroristas y traidores y anunció su fusilamiento.
La Iglesia católica alzo su voz por los detenidos y pidió respeto por sus derechos humanos y juicios justos apegados a derecho.
La furia comunista se giró entonces contra todos los sacerdotes, religiosos y religiosas que por las noches fueron detenidos en sus casas y templos, arrastrados por soldados o milicianos a los cuarteles y centros de detenciones.
Se cerraron y ocuparon todas las instalaciones de las organizaciones católicas.
“A muchos religiosos extranjeros no los detuvieron, los encerraron en sus casas o parroquias por varios días sin dejarlos salir. A otros los vejaron en sus mismos conventos, mientras profanaban las iglesias y destruían sus símbolos”, cuenta Gallardo.
Confiscan universidades y escuelas
Durante las semanas siguientes los sacerdotes extranjeros fueron conminados a salir del país.
No se promulgó ninguna ley al respecto, pero todos recibieron la visita de funcionarios del régimen para comunicarles verbalmente la expulsión definitiva de la isla.
La guerra del régimen apenas comenzaba y pasaba a otro plano de destrucción de la fe religiosa con la Ley de Nacionalización General y Gratuita de la Enseñanza, dictada el 6 de junio de 1961.
Se nacionalizó la educación y todo centro educativo que no era estatal, fue confiscado y sus regentes expulsados, apresados y hasta fusilados.
¿Cómo se llegó a eso?
Con otra misa. Esta vez prohibida.
Unos 350 colegios católicos y 100 protestantes fueron confiscados en todo el país junto a dos universidades católicas y dos de otra denominación tras la aprobación de la ley de nacionalización de la educación.
En Cuba había 723 sacerdotes, de los cuales 483 eran miembros de órdenes religiosas, casi todos dedicados a la enseñanza, junto a 2,225 monjas que atendían orfanatos, escuelas y asilos de ancianos.
Todos quedaron de inmediato sin techo ni trabajo y abandonaron el país, enviados por sus superiores a otros países de América Latina o Europa.
El tiro de gracia llegó el 8 de septiembre de 1961.
Ese día el régimen prohibió la misa y procesión de la Virgen de la Caridad del Cobre.
Monseñor Eduardo Boza Masvidal, a cargo de la Iglesia en La Habana, cerró el templo para evitar incidentes, pero miles de feligreses de todo el país que habían llegado en romería, reaccionaron enardecidos.
Tomaron una imagen de La Caridad y fueron en procesión hacia el Palacio Presidencial, gritando “Viva Cristo Rey” y “Viva nuestra señora de La Caridad”.
Desterrados en el buque Covadonga unos, otros fusilados por orden del Che
Las fuerzas de seguridad los estaban esperando y atacaron la procesión: hubo disparos, heridos y un manifestante católico muerto, que el régimen manipuló como “héroe y mártir de la revolución” por el cual “el pueblo pedía justicia”.
La prensa oficialista achacó el crimen a un sacerdote crítico a quien acusaron de francotirador y el régimen desató una ola de asaltos a las principales iglesias del país y la detención de números sacerdotes y religiosos.

En total 132 sacerdotes fueron expulsados de Cuba, nueve días después de permanecer desaparecidos.
El 17 de septiembre de 1961 fueron montados en el buque Covadonga que los deportó a España.
Decenas de líderes católicos y laicos, que tenían cargos en organizaciones católicas o civiles vinculadas a instituciones religiosas, fueron acusados de traidores a la patria y terroristas y enviados al paredón de fusilamiento en los predios del antiguo fuerte español La Cabaña, donde gritaban “Viva Cristo Rey” antes de ser acribillados por la orden y supervisión de Ernesto “Che” Guevara, jefe de las milicias y comandante de La Cabaña.
La desarticulación fue consumada
Tras los sucesos de 1961 llegó el silencio.
La Iglesia y los católicos habían sido desarticulados y algunos pocos religiosos cubanos fueron confinados en parroquias y conventos.
Los que se atrevieran a celebrar misas o promover en público la palabra de cristo, eran internados en los campos de concentración de las llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción, donde los explotaban en largas jornadas de trabajo forzado y torturas.
Para ello la dictadura había creado la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos, perteneciente al Comité Central del Partido Comunista de Cuba que, copiadas del modelo soviético y chino de los años 50, controlaba las actividades religiosas en el país.
Esa oficina limitó a 110 el número de sacerdotes que durante tres décadas pudieron ejercer a duras penas sus oficios.
En 1969 se suprimió formalmente la Semana Santa y la Navidad por considerarse “actos culturales del capitalismo” y “representaciones de la burguesía”.
Mediante un decreto, Castro anuló el 25 de diciembre, el 1de enero y el 6 de enero como días festivos y obligó a los trabajadores a duplicar horas de trabajo forzado en esas fechas.
La mayoría de los cubanos dejó de asistir a los templos, bautizar a sus hijos, elegir nombres cristianos y celebrar bodas religiosas.
En los hogares se ocultaron las imágenes de los santos y la cifra de cubanos que se consideraban católicos (78 por ciento en 1960) se redujo a 10 por ciento en 1990.
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