Tuve el honor de participar en la apertura de dos libros de traducciones al japonés por Naohito Watanabe de la obra maestra Azul, junto al repertorio de cuentos y del libro El Viaje a Nicaragua e Intermezzo Tropical, de Rubén Darío. Evento ocurrido en el Parque Rubén Darío en Miami, Florida, el 29 de julio de 2023.
Como diplomático japonés por muchos años, el doctor Watanabe ha sido un puente de unión entre Hispanoamérica, Japón y Estados Unidos. Eslabón de una cadena cultural que hoy nos une y nos amarra fuertemente. Él ha conocido a profundidad cada país al que ha sido asignado. Viajar es adquirir experiencias y conocimientos.
“Tiene la ciudad de Bremen como divisa un decir latino que el prestigioso D’Annunzio ha repetido en uno de sus poemas armoniosos y cósmicos: Navigare necesse est, vivere non est necesse”. Palabras escritas por Darío en Historia de mis libros.
Cuando se viaja, la imaginación trabaja. El viajar va acompañado también del soñar. Y resulta que, muchas veces, lo que se sueña es más grande de lo que se vive. Los sueños no tienen límites, creándose un mundo lleno de ensueños y fantasías. Eso pasó con Darío y pasa con el doctor Watanabe pues ambos han sido grandes viajeros.
Sin embargo, Rubén no pudo cumplir la tarea de visitar el Asia oriental como él lo deseaba, pero su imaginación pudo más. Resulta que su literatura está impregnada de ese exotismo exuberante recreándolo en su prosa y poesía sin haberlo vivido.
Japón como país emergente suscitaría el interés y la curiosidad de los escritores de esa época. Rubén Darío como periodista informado fue un incansable lector de escritores amantes de esa cultura. Fue además un vaticinador de la cultura renaciente del Japón junto a la culminación de la cultura asiática y su antigüedad histórica. Como decía el mismo doctor Watanabe, en una conferencia presentada en Barcelona, titulada: Rubén Darío Japón y Japonismo, “La visión de Darío sobre Japón es muy penetrante” (…). “advertía con la cierta premonición de la guerra lo que iba a venir después del aclamado triunfo de la civilización”.
El doctor Watanabe es originario de Knochi, ciudad del también notable traductor y primer visitante japonés a los Estados Unidos durante el proceso de la apertura del Japón al mundo occidental: Nakahama Manjirō (1827-1898).
Japón, archipiélago del Océano Pacífico, rebalsante de costas, volcanes, ríos, palacios orientales, y poseedor de coloridos ocasos y auroras, es un país que deleita a cualquier pintor o poeta. Está lleno de seres respetuosos, donde el orden, la disciplina y la limpieza imperan. El sol dorado e incandescente, astro luminoso que inspiró a Rubén en su poesía y prosa es el mismo que infundió al doctor Watanabe para traducirlo. Astro que resalta en Intermezzo Tropical, en Azul de Darío y también llevado como un estandarte en la bandera japonesa. Es el mismo sol admirado por nuestros indígenas que actualmente adorna la cúspide de la iglesia San Juan Bautista de Sutiaba en León, Nicaragua.
Oigamos a Darío en Vesperal:
Ha pasado la siesta / y la hora del poniente se avecina, / y hay ya frescor en esta costa, / que el sol del Trópico calcina.
En Canción Otoñal, óigase esto otro:
En Occidente húndese / el sol crepuscular; / vestido de oro y púrpura / mañana volverá. / En la vida hay crepúsculos / que nos hacen llorar, …
Y oigámosle, en La canción del Oro:
Cantemos el oro, rey del mundo, / que lleva dicha y luz por donde va, / como los fragmentos de un sol despedazados.
No es raro pues que al doctor Watanabe nuestra tierra de lagos, volcanes, ríos y mares nicaragüenses le inspiraran y se enamorara. Él fue allí representante diplomático del Japón en dos ocasiones. 1991-1996 y 2001-2006. Su primer contacto con Rubén Darío estando allí en Nicaragua lo obtiene a través de una niña impúber.
Al llegar al desembarcadero del lago Cocibolca de Granada una niña harapienta y descalza, pelo claro, ojos negros y tez tostada al sol, de aproximadamente unos nueve años se le acercó al doctor Watanabe diciéndole: “Señor, escuche por favor. Le voy a recitar un poema y comenzó: Margarita, está linda la mar. Y, el viento / lleva esencia sutil de azahar (…)” El doctor Watanabe escuchó deslumbrado. Quedando impresionado, de ese encuentro fugaz. Relato que le tocaría el corazón y le marcaría para siempre. Historia que le cautivó y penetró su espíritu inquieto y le obligó desde ese día a conocer con profundidad a Rubén, dándole la fuerza y templanza para traducirlo al japonés. ¡Empresa llena de valor!
El doctor Watanabe encontró en Nicaragua todas las circunstancias, bajo las cuales el poeta o el escritor se recrea y donde la mente del artista trabaja profundamente creando o simulando los trazados de un cuadro, como lo expresó Rubén en su Acuarela del Álbum Santiagués, de su obra, Azul.
Hay pues muchos atributos y características que se destacan en común entre Nicaragua y Japón que no podrían haber pasado desapercibidas por un traductor como Watanabe.
Él cuando lee a Darío comprende esa “quinta esencia” contenida en Rubén mencionada por Juan Valera, diciendo: “Usted lo ha revuelto todo: lo ha puesto a cocer en el alambique de su cerebro, y ha sacado de ello una rara quinta esencia”. “No es usted ni romántico, ni naturalista, ni neurótico, ni decadente, ni simbólico, ni parnasiano”.
Es por esto que hoy Rubén Darío es el máximo representante del modernismo literario y gran renovador de la lengua poética española. Movimiento que nos traería desde los antiguos y clásicos hasta los modernos, llenando su obra de cosmopolitismo universal, completándola con esa herencia oriental, de las culturas japonesas, y asiáticas que están incrustadas y dispersas en toda su obra literaria.
El doctor Watanabe no solo ha sido un diplomático, sino ese gran pintor. Pintor al igual que el Ricardo protagonista del Álbum Porteño, En busca de Cuadros, y de Acuarela del libro Azul, donde Rubén trazara sus líneas poéticas. Al igual que el también escultor, Recaredo otro de sus protagonistas, quien moldeaba el mármol o el marfil como un Fidias o un Praxíteles de la antigua Grecia, junto a su amada Suzette quien descansaba en su diván, muerta de celos por falta de atención, en el cuento La muerte de la emperatriz de la China. También como los salones decorados de ¡japonerías! ¡chinerías! acompañados del exotismo oriental con “grupos fantásticos y maravillosos”; “lacas de Kioto, …mariposas de raros abanicos”, (…) “dragones devorando flores de loto”; del cuento del Rey Burgués.
Darío fue gran pintor de esas sus Acuarelas llenas de bellos jardines, donde el cerebro artístico del poeta combinado a los sonidos de la naturaleza recreara Un Retrato de Watteau dentro de un Paisaje Al Carbón o a El Ideal. Colección pictórica y sensorial encontrada en la obra original y primigenia de la “primavera artística” de Darío: Azul. Obra del color del cielo, del mar y del color del arte y del ensueño.
Este egregio diplomático y traductor tuvo la valentía no de traducir palabra por palabra, sino de dibujar ese cuadro pictórico de las palabras y pensamientos de Darío, dándole forma y expresión en su lengua japonesa.Empresa de gran envergadura digna de muchísima admiración.
Desde el día de hoy la gran nación japonesa gozará de la obra de Rubén Darío y conocerá a nuestro gran poeta y bardo universal, padre del modernismo y de la patria nicaragüense.
La autora es máster en Literatura Española.