Breve historia de León Viejo

León Viejo fue la primera capital de Nicaragua y asiento de las autoridades españolas de la primitiva Gobernación de Nicaragua. Abandonada por sus escasos y temerosos pobladores en enero de 1610, tras el gran terremoto que tuvo lugar el día once de dicho mes y que destruyó casi totalmente 80 de sus modestas casas, iglesias y edificios públicos, sus ruinas permanecieron sepultadas por una capa de ceniza volcánica y lodo de aluviones por más de tres siglos. 

Pese a su corta existencia (ochenta y seis años), la trágica ciudad, cuya historia se inicia con el degollamiento de su fundador, Francisco Hernández de Córdoba y culmina con el asesinato de su tercer obispo, Fray Antonio de Valdivieso, fue escenario de acontecimientos de gran relevancia para Hispanoamérica.  Entre sus primeros moradores figuran capitanes y personajes que más tarde se hicieron célebres, como descubridores, conquistadores y fundadores de ciudades en diversos puntos del continente y también por sus crueldades con los indios. Entre ellos figuran Sebastián de Benalcázar, fundador de las ciudades de Popayán (1536) y Cali (1536) en Colombia; Hernando de Soto, el descubridor del río Mississipí, Hernán Ponce de León, quien participó con Pizarro en la conquista del Perú y Gonzalo Fernández de Oviedo, autor de la monumental crónica: Historia General y Natural de las Indias.

Al conquistador español capitán Francisco Hernández de Córdoba, enviado a tierras nicaragüenses por el Gobernador de Castilla del Oro (después Panamá) Pedrarias Dávila, le corresponde el mérito de la fundación de las primeras ciudades erigidas en el territorio de lo que hoy se conoce como República de Nicaragua.

La fundación de León siguió la costumbre de establecer las ciudades españolas en las proximidades de los poblados indígenas, con el evidente propósito de aprovechar su mano de obra.  Así León fue fundada en la provincia de Imabite (que Fernández de Oviedo llama de Nagrando o Nagarando), a orillas del lago Xolotlán (hoy de Managua), a poco más de una legua del volcán Momotombo.  El mismo Fernández de Oviedo subraya que esa región era tierra fértil y muy poblada de indios. 

Cuando la ciudad de León fue fundada, el volcán Momotombo no tenía su forma cónica actual.  Su aspecto era más bien terrífico, pues entonces, según lo vio y dibujó Oviedo, tenía cinco bocas y desde la ciudad podía contemplarse la lava ardiendo, que por la noche semejaba una inmensa fogata.  El mismo Pedrarias, en carta al Emperador de 1525, dice a propósito del volcán: “Y por encima de la corona, sale fuego, que se vee a la clara de día e de noche por cinco bocas a la redonda”.

El primer acontecimiento histórico que tuvo lugar en la recién establecida ciudad fue el ajusticiamiento de su fundador. Hernández de Córdoba llegó a Nicaragua como lugarteniente de Pedrarias Dávila, gobernador de Castilla del Oro. Mal aconsejado, Hernández de Córdoba decidió solicitar al Rey su nombramiento como Gobernador de Nicaragua, hecho que disgustó profundamente a Pedrarias quien, a pesar de su edad y padecimientos, emprendió viaje de Panamá a Nicaragua para castigar al rebelde.  Capturado y hecho prisionero en Granada, aun antes de la llegada de Pedrarias, Hernández de Córdoba fue sometido a juicio sumario, iniciándose el expediente en Granada y concluyéndose en León, donde en julio de 1526 fue condenado a ser degollado en la plaza principal de la ciudad que él mismo fundara dos años antes. Cabe notar que Hernández de Córdoba fue el segundo capitán español degollado por órdenes de Pedrarias. El primero fue su yerno, el descubridor del Océano Pacífico, Vlasco Núñez de Balboa, a quien antes había desposado con su hija mayor doña María de Peñalosa, quien luego sería esposa del gobernador de Nicaragua, Rodrigo de Contreras.

Muerto Hernández de Córdoba, Pedrarias asumió el control de Nicaragua por varios meses, hasta que se vio precisado a regresar a Panamá para hacer frente a un juicio de Residencia. En su ausencia se disputaron la Gobernación Martin de Estete, lugarteniente de Pedrarias y Diego López de Salcedo, hasta que Pedrarias, haciendo valer sus influencias en la Corte, consiguió que se le nombrara Gobernador de Nicaragua en junio de 1527, regresando a León en marzo de 1528. Siguiendo su costumbre, de inmediato hizo encarcelar y procesar a López de Salcedo.

Otra de las singularidades de León Viejo es el hecho de que en ella ejerció su gobierno uno de los más encumbrados representantes de la corona española en tierras del Nuevo Mundo, el tristemente célebre Pedro Arias de Ávila, por contracción conocido como Pedrarias Dávila, apodado el “Galán” por su apuesta figura (tenía fama de ser el hombre más alto de su época) y el “Gran Justador” por su lucimiento en justas y torneos, donde ganó fama de invencible.  En tierras americanas agregaría luego otro apodo, quizás más justo: “Furor domini”, por su duro carácter y sus inhumanas crueldades con los indios, de las que tampoco escaparon los mismos españoles.

Hijo del segundo conde de Puñoenrostro, fue paje del Rey Poeta Juan II, en cuya corte se educó. Heredó de su tío, el obispo de Segovia, Juan Arias, una inmensa fortuna.  Se casó con Isabel de Bobadilla y Peñalosa, hija del Comendador de Calatrava y sobrina de la marquesa de Moya, Beatriz de Bobadilla, íntima amiga y dama de la corte de la reina Isabel la Católica.  Por esa época, una copla popular decía: “Después de la reina de Castilla, la Bobadilla”…

Cuando Pedrarias, primer gobernador de Nicaragua, llegó a León era un anciano, posiblemente mayor de setenta años o más, pero lleno aun de energía y pasiones, pese a sus dolencias y quebrantos de salud. Pedrarias trajo de Panamá ganado vacuno, bovino, porcino y mular, así como otros animales domésticos, granos e implementos agrícolas. Pedrarias se esforzó por precisar los límites de su gobernación, continuó las expediciones al Desagüadero y con él se inicia para Nicaragua el período propiamente colonial. La ciudad de León dejó de ser una simple colección de miserables barracas y las primeras construcciones, al modo de España, comenzaron a levantarse. 

El 6 de marzo de 1531 murió Pedrarias después de larga y penosa enfermedad en los urogenitales. Dice el Marqués de Losoya que “la población asistió, amedrentada aun, a las solemnes exequias que en honor del tan magnífico como desalmado caballero se celebraron en la Catedral por orden del Licenciado Francisco de Castañeda, Alcalde Mayor de la ciudad”, quien, además, aprovechó la oportunidad para alzarse con el Gobierno por cuatro años, mientras la Corte nombraba al sucesor de Pedrarias.

Otro hecho histórico, que repercutió en todo el mundo hispánico, que tuvo lugar en León Viejo fue el asesinato de su tercer obispo, Fray Antonio de Valdivieso, por el hijo del gobernador Rodrigo de Contreras y nieto de Pedrarias, Hernando de Contreras.

En la Gobernación de Nicaragua quien más celo demostró en el cumplimiento de las Leyes Nuevas fue el obispo Fray Antonio Valdivieso, de la Orden de Santo Domingo y gran amigo de Fray Bartolomé de las Casas. Fue nombrado obispo por Carlos V en 1544.

El obispo Valdivieso era persona de carácter enérgico. En su celo, en defensa de los naturales, no reparaba en hacer uso de sus armas teológicas, como lo era decretar excomuniones contra quienes contradecían sus disposiciones. Pero sus acciones estaban inspiradas en la defensa del indígena en contra de tantos abusos y en el cuestionamiento al sistema imperante. Justamente se le considera un precursor de la defensa de los derechos humanos en Nicaragua.

La conspiración de los Contreras perseguía el propósito de desconocer la autoridad del Rey de España y proclamar en Perú a Hernando “Príncipe del Cuzco” o “Príncipe del Nuevo Mundo”; abolir las Nuevas Leyes y restablecer el orden social y económico instituido por los conquistadores, basado en el trabajo sin salario de los indios encomendados. Los hermanos Contreras sufrieron su castigo al pasar por Panamá. Hernando fue decapitado y su cabeza expuesta en la plaza central de Panamá, clavada en una pica.

A raíz del asesinato del obispo Valdivieso, los habitantes de León Viejo se convencieron que la ciudad estaba maldita y pronto recibiría un castigo por el sacrílego crimen. Las frecuentes erupciones del vecino volcán Momotombo, los temblores y terremotos que provocaba (1594-1610) y otras calamidades (clima excesivamente caluroso, insalubridad, malas aguas) ayudaron a alimentar ese convencimiento, a tono con la mentalidad supersticiosa de la época.

Arropada en su sudario, la ciudad yerma inició su sueño de tres siglos y medio. Las ruinas ilustres, dadas por perdidas  o imaginadas bajo las aguas del Lago de Managua, no volvieron a ver la luz del día hasta que la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) las relocalizó el 26 de abril de 1967, cuando quien escribe se desempeñaba como rector de la misma, y encabezó las investigaciones que condujeron a su relocalización. El traslado de la ciudad en 1610, a su nuevo asiento, no interrumpe su continuidad jurídica e histórica, por lo que en 2024, la ciudad de León cumplirá, igual que Granada, 500 años de fundada.

El autor es educador, académico y escritor. Fue rector de la Universidad Nacional Autónoma de León.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí