El mejor profesor

Tuve la dicha y la satisfacción de estudiar Derecho en la época de oro de la Facultad en la  Universidad Nacional de  León. Una pléyade de hombres ilustres y sabios me dio clases. Cada uno de ellos, era una inagotable fuente de sabiduría y de virtud. Entre mis profesores, el que más me impresionó fue sin lugar a dudas el doctor Rafael Ortega Aguilar. Un verdadero sabio del derecho civil, dedicado a su pasión que era estar al día en esa materia, y con una vida personal intachable. Gozaba Ortega de una memoria prodigiosa, y se sabía de memoria el Código Civil.

En otra arista se encontraba Armando Rizo Oyanguren, sencillo, fino, delicado, todo un señor en el verdadero sentido de la palabra, amante de la historia de Nicaragua (quien me inculcó esa semilla), constitucionalista insigne, autor de un manual de derecho administrativo y lector incansable.

Edgardo Buitrago Buitrago fue mi decano, un humanista hecho persona, locuaz, generoso, amable, dariano por excelencia y profundamente hispano, amante de la cultura y de la tradición.

Pero de todos ellos, a alguno de los cuales me referiré en futuras entregas, el que más sobresalía, como profesor, como hombre integral, como producto acabado, buscando la perfección, fue sin lugar a dudas Marianito Fiallos Oyanguren.

Nunca lo vi de saco ni de corbata, generalmente andaba con una guayabera blanca, empezaba la clase contando chiles, o anécdotas muchas veces relacionadas a cualquier acontecimiento de esos días. Y ya cuando había captado la atención de sus alumnos, impartía  la clase.

¡Pero qué clase amigos! Cuando empezaba la materia, era como si una catarata se abriese de pronto, con sencillez, fluidez y profundidad, su voz se remontaba como cóndor que alza el vuelo y en pocos minutos domina las alturas. Verbo encarnado en conocimiento científico, sin improvisaciones o espejismo, cátedra pura, que lo dejaba a uno anonadado para terminar con la misma sencillez que empezaba con una pulcritud que francamente impresionaba. Sin lugar a dudas él fue mi mejor profesor.

El autor es abogado.

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