El joven opositor nicaragüense Max Jerez, quien en Nicaragua era profesor de música y estudiante de Ciencias Políticas, lleva tres semanas trabajando para una empresa de servicios de construcción y mantenimiento, tras haber recibido su permiso de trabajo en Estados Unidos.
«He estado restaurando y dándole mantenimiento a la madera e instalaciones de barcos, pero también me toca trabajar en los diferentes lugares, si alguien tiene una casa, una construcción o una remodelación, pues tengo que moverme y trabajar en diferentes lugares de la ciudad», manifestó Jerez.
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Jerez, de 29 años, es uno de los 222 presos políticos de Nicaragua que la dictadura de Daniel Ortega envió a Estados Unidos el pasado 9 de febrero, sin nacionalidad nicaragüense y bajo condición de deportación, lo que para los críticos significa un destierro de opositores.

En Nicaragua, Jerez estudiaba Ciencias Políticas y era un destacado activista opositor contra la dictadura de Ortega, pero en su nueva vida en Estados Unidos tiene claro que no será fácil reanudar sus estudios universitarios, mientras tanto tiene que buscar una fuente de ingreso económico.
«Esta realidad no es muy diferente a la que enfrentan miles de nicaragüenses que han tenido que dejar el país y enfrentarse a nuevos desafíos en Estados Unidos y pues toca hacerle frente a estas oportunidades e insertarse al mundo laboral», expresó el joven opositor.
Jerez dijo que en su tiempo libre seguirá «comprometido y enfocado en el trabajo por la libertad y los derechos humanos de Nicaragua».
«Estoy haciendo todos mis esfuerzos por no dejar esta lucha y continuar apoyando lo más que pueda la causa del pueblo nicaragüense», agregó el joven.
La semana pasada, Jerez participó en un Foro de Juventudes, como parte de las actividades paralelas de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Promotor de las protestas de 2018
Max Jerez, de 29 años, destacó en las protestas estudiantiles contra Ortega en 2018 y también fue uno de los participantes en el intento de diálogo nacional, para buscar una salida a la crisis producida por la represión armada contra los manifestantes, lo que dejó más de 300 muertos, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
En ese momento, Jerez estudiaba su carrera en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), una de las trincheras de las protestas estudiantiles. Su liderazgo y activismo opositor lo pusieron al frente de la organización estudiantil Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), que a la vez es integrante de la plataforma opositora Alianza Cívica, una organización que nació en medio de las protestas de 2018.

Su liderazgo opositor lo hicieron blanco de la persecución y hostigamiento de la Policía orteguista, hasta su encarcelamiento en julio de 2021, en un contexto de detenciones de destacados opositores antes de las votaciones presidenciales que se realizaron en noviembre de ese año, en las que Ortega se garantizó cinco año más de gobierno hasta 2026.
Durante el encierro de Max, su mamá, Heidi Meza Torres, enfermó de gravedad y solo pedía ver a su hijo por última vez, lo que las autoridades judiciales, que responden a los intereses de Ortega, no le permitieron. La mamá de Jerez murió tres meses después del encarcelamiento de su hijo. Jerez supo la noticia hasta un mes después. El joven estuvo preso casi dos años.
