Que el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva declare la intención de mediar con el dictador Daniel Ortega por la liberación de monseñor Rolando Álvarez, no es más que una estrategia para «justificar» y «lavarse la cara», luego de maniobrar a favor del régimen en un proyecto de resolución sobre Nicaragua a debatirse en la 53 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Sin embargo, dio pie atrás a sus propuestas.
Este jueves, tras reunirse con el papa Francisco, Lula aseguró que intentará convencer a Ortega para que libere a monseñor Álvarez, condenado a más de 26 años de prisión por negarse a abandonar el país el 9 de febrero de este año, junto con 222 presos políticos que fueron desterrados a Estados Unidos. El obispo fue sentenciado por delitos relacionados con «traición a la patria».
«Yo hablaré con Ortega para que le puedan dar la libertad porque es necesario aprender a pedir perdón (…) y reconocer este error», dijo Lula, quien calificó el encarcelamiento del obispo de Matagalpa como «un error» de Ortega.
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«Lo primero que hay que hacer es confirmar ese supuesto intento de mediar con Ortega para liberar a monseñor Alvarez. Desde que asumió la Presidencia de Brasil se ha especulado mucho acerca del papel que Lula podría jugar en la solución de la crisis nicaragüense, pero ha transcurrido un año y no se ha conocido de ninguna iniciativa en esa dirección y mucho menos de ningún resultado», comentó un experto en relaciones internacionales, quien prefiere mantenerse en el anonimato.
El experto señaló que aún en el caso que existiese una iniciativa en ese sentido, habría que ver cuál es el pensar de monseñor Álvarez, quien voluntariamente rechazó un ofrecimiento de liberación y destierro.

A la vez, señaló que la supuesta iniciativa de mediación con este propósito podría ser «una cortina de humo para desviar la atención del vergonzoso papel que ha jugado Lula en la Asamblea General de la OEA en relación con la situación en Nicaragua. La realidad es que hasta ahora Ortega ha rechazado todo intento de mediación, de México, Argentina, Colombia y el Vaticano», afirmó el experto.
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El politólogo Manuel Orozco, analista del Diálogo Interamericano, coincidió por separado con el experto en que «la reflexión de Lula trata de contrapesar su recomendación en OEA de bajar el tono sobre Nicaragua, apelando el lado humanitario del régimen».
«Independientemente de si Ortega tuviese planes de excarcelar a monseñor Álvarez, la propuesta de Ortega contribuye a abogar al peso moral de liberarlo. Para Lula, sería una victoria tanto dentro de OEA, Nicaragua y Brasil», agregó Orozco.
Ortega no confía en nadie, incluido Lula
Si embargo, a criterio del exembajador de Nicaragua ante la OEA, Arturo McFields, está bien «difícil» que Lula convenza a Ortega de liberar a monseñor Álvarez, porque «las relaciones de Ortega con Latinoamérica son muy frágiles», pues las únicas relaciones que mantiene en la región son sus aliados de Venezuela y Cuba.
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A la vez McFields recordó que Ortega «no fue a la toma de posesión de Lula y eso es un indicador importante. Es decir, él (Ortega) no se siente en confianza yendo a Brasil. Solo visita La Habana y Caracas».
Según McFields, aunque Ortega y Lula tienen una relación histórica, Ortega «no confía en otros socios más allá de Cuba y Venezuela. Habría que ver qué pasa, no lo considero imposible, pero lo veo altamente difícil».
Qué influyó para que Lula diera paso atrás
Días atrás se conoció que Brasil había propuesto modificaciones a la redacción del proyecto de resolución sobre Nicaragua, que condena a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
No obstante, este jueves 22 de junio los Estados miembros de este organismo lograron consensuar un proyecto de resolución sobre Nicaragua, que no incluye la propuesta de Brasil, que quería atenuar el tono condenatorio contra la dictadura orteguista.
La propuesta de Brasil implicaba cambios, como que en Nicaragua solo se necesita “fortalecer su democracia”, pero ahora con el apoyo de Colombia y Chile, Brasil insiste en que se quite el pedido de “retorno” a la democracia, pero aceptan solicitar un “efectivo ejercicio de la democracia representativa”, entre otros puntos.
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Para McFields, hay tres elementos que jugaron en contra de Brasil para aceptar la resolución que reconoce las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua: falta de apoyo en la OEA, el costo político y la conversación con el papa Francisco.
«Lula probó las aguas y se dio cuenta que a lo interno de la OEA no tuvo el apoyo que esperaba, porque hay un convencimiento muy amplio de lo que Ortega hace en Nicaragua, por eso enmendó. A nivel de su país, el tema de Nicaragua es muy incómodo, no tiene apoyo en casa, entonces el costo político para él es muy fuerte y está la plática que tuvo con el papa Francisco», explicó McFields.
El texto final sobre Nicaragua será sometido a votación este viernes 23 de junio al finalizar la 53 Asamblea General de la OEA que se lleva a cabo en Washington DC.