Con frecuencia se conocen informaciones sobre la situación de quiebra financiera en la que se encuentra el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Pero el problema es de tanta gravedad que, si no se le atiende y resuelve, sus consecuencias podrían ser catastróficas en el corto plazo. Por ejemplo, entre otras desgracias, que los pensionados se queden sin sus pensiones. De modo que necesariamente debe preocupar cada información sobre la crisis de la institución de la seguridad social.
Tal es el caso de la nota informativa publicada por LA PRENSA el lunes 19 de junio, con el título El INSS siguió contratando empleados, pese al agotamiento de sus reservas y baja afiliación empresarial. La información está sustentada en datos del Anuario Estadístico 2021 del INSS, el último publicado tras más de un año de atraso.
Dos de los principales datos mencionados por el periódico se refieren a la insolvencia financiera del INSS y la desmedida burocracia que socava la institución, que en el pago por remuneraciones y servicios gasta gran parte de los ingresos por cotizaciones empresariales, laborales y del Estado.
El régimen actual ha sido incapaz de administrar el INSS, por ineficiencia administrativa y corrupción, por la mentalidad populista que apunta a aumentar el empleo a cuenta del Estado en vez de hacerlo mediante el desarrollo de la economía productiva.
El sandinismo en el poder ya había quebrado el sistema de seguridad social, en los años ochenta, con sus políticas estatistas, populistas y de clientelismo partidista. Le costó un mundo al gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro rescatar al INSS y rehabilitar sus finanzas. Y aunque el INSS volvió a caer en crisis en el gobierno de Arnoldo Alemán, por su gran corrupción, no llegó a los extremos de lo ocurrido en el período sandinista de 1979 a 1990.
El presidente Enrique Bolaños (enero 2002-enero de 2007), quien como doña Violeta se distinguió por su honestidad personal, recuperó asombrosamente el INSS, que según él mismo lo denunció “fue una rica caja chica de los funcionarios del gobierno anterior empeñados en un rápido enriquecimiento con el dinero de los trabajadores asegurados y pensionados”.
En un informe que don Enrique rindió públicamente el 26 de mayo de 2006, al celebrar el 50 aniversario de la fundación del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, señaló que bajo su gobierno “la nueva administración del INSS disminuyó los gastos administrativos de un 17 por ciento en 1999, a solo el 7 por ciento para este año 2006, con relación a los ingresos anuales de la institución”.
Agregó don Enrique que gracias a “los ingresos anuales de la institución eficientemente bien gerenciada (por su directora ejecutiva doña Edda Callejas Montealegre) con personal honesto y gestión transparente, pudo ampliar la cobertura, mejorar las prestaciones de salud y las cuantías de pensiones, que mejoraron de manera acelerada en los últimos cuatro años de gestión de esta administración, incrementando los montos en un 33 por ciento”.
La experiencia de los gobiernos democráticos de doña Violeta y don Enrique demostró que no puede haber crisis del INSS si hay gobernantes honrados y eficientes que, además, incentiven el desarrollo de la libre empresa y el crecimiento económico que generan empleos productivos. Se probó que el Seguro Social puede cumplir la misión que le corresponde, de garantizar los derechos sociales de las personas en todas las etapas de la vida. Y de ser una herramienta clave para la reducción de la desigualdad y la protección de las personas en situaciones extremas de pobreza, hambre y desamparo.
El buen gobierno no debe ser solo un lema propagandístico, sino un hecho, como lo fue en los dos gobiernos democráticos arriba mencionados.