La histórica decisión de imputar 37 delitos federales al expresidente Trump abre definitivamente la próxima campaña electoral en los Estados Unidos, y rompe la tradición en dicho país, en donde los expresidentes, desde George Washington, han sido tratados con total reverencia. Trump se enfrenta con otras causas penales, como son: intentar manipular el resultado electoral de 2020 en Georgia y por su papel en el asalto al Capitolio, además de los delitos contables en la Fiscalía de Manhattan de una mujer que afirma haber sido violada por él.
El hecho en sí, refuerza la tesis republicana que acusa al gobierno de Joe Biden de uso político de las instituciones para investigar a Trump, y le proporciona al expresidente la gasolina y publicidad necesaria para mantenerse en primera línea por toda la campaña.
La campaña que debería de arrancar en febrero próximo en los estados de Iowa y Nueva Hampshire, ya ha empezado con esta decisión de imputar al expresidente Trump los cargos mencionados.
Si la elección fuera en estos días, posiblemente la ganaría Biden. La actual Administración ha logrado hasta la fecha evitar la caída de la economía y ha jugado un papel decisivo en unificar a Europa, en la guerra ruso-Ucrania.
De todos es sabido que cuando el tiempo electoral se aproxima, la administración que dirige entra en estado de paralización. Ese es el caso que hoy enfrentamos. A partir de este momento todo el que intente o pretenda una decisión o arreglo con Washington va a tomar en cuenta lo que pueda pasar en las próximas elecciones y tratará de negociar los acuerdos después del resultado de las mismas. Se abre un gran espacio en donde la mirada de Washington en muchos temas va a estar ausente, y da tiempo a cualquier recomposición de fuerzas.
Existen 3 elementos que pueden decidir la próxima elección.
El primero es ver si Hunter Biden, el hijo del presidente estadounidense, Joe Biden, es imputado por la Fiscalía ya que aseguran que hay evidencias suficientes para acusarlo de delitos fiscales, así como una declaración falsa relacionada con la compra de un arma, según publicaciones recientes del diario The Washington Post. La acusación a Trump, enerva los ánimos en un país en donde la radicalización política se ha venido acentuando y la contraofensiva podría tener como objetivo, poner al propio presidente en entredicho ante el electorado por el caso de su hijo.
El segundo hecho se verá del resultado de la contraofensiva de Ucrania en la guerra y la respuesta de Rusia a la misma. Un avance de las tropas ucranianas podría provocar medidas hasta ahora no contempladas por Rusia, como podrían ser la movilización de una enorme cantidad de hombres y el bombardeo a las líneas de suministros de los aliados. ¿Qué haría la actual administración ante tales hechos?
El tercero es la recesión. Si se llegase a desatar dicho fenómeno, no veo al actual presidente reeligiéndose. Hay un elemento que puede influenciar a la misma como es el caso que está en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, ante la propuesta de Joe Biden de anular parte de la enorme deuda de 400,000 millones de dólares que contrajeron 43 millones de estudiantes. El tribunal, integrado por seis jueces conservadores y tres liberales, está estudiando la demanda de seis estados republicanos —Nebraska, Missouri, Arkansas, Iowa, Kansas y Carolina del Sur— y dos individuales para detener el plan. Si el supremo tribunal norteamericano adopta la tesis conservadora, los resultados podrían ser catastróficos para todo el país y la recesión estaría a las puertas. Con lo que tendría como resultado que el voto no partidario, que es la mayoría, se inclinase a aprobar un cambio de Administración.
Una cosa queda clara. La actual Administración norteamericana para muchas cosas, en especial a lo que tiene que ver con América Latina —campo del cual mucho se ha descuidado—, ha entrado en un período de impasse, un vacío de poder que permite a muchos recomponer fuerzas y ganar tiempo.
El autor es abogado