Nicaragua es un país donde los periodistas independientes necesitan el aliento de la solidaridad internacional. Y la verdad es que reciben bastante.
Pero esa solidaridad los compromete a su vez a ser solidarios con los colegas de otros países que por el ejercicio de su profesión también sufren la represión.
Tal es el caso del eminente periodista guatemalteco, José Rubén Zamora, quien está preso desde el 29 de julio del año pasado y esta semana fue condenado a seis años de prisión y a pagar una cuantiosa multa.
Zamora es fundador y director del diario guatemalteco El Periódico que fue obligado a cerrar —inclusive su edición digital— por las presiones y represiones gubernamentales.
Para condenarlo, a Zamora lo acusan de cometer el delito de lavado de dinero. El pretexto fue que encontraron en su residencia una relativamente fuerte cantidad de dinero, que según las autoridades fue obtenido delictivamente. Pero según Zamora ese dinero era producto de la venta de una valiosa obra de arte, transacción de la cual tenía las pruebas, pero no fueron admitidas por la autoridad judicial. En realidad, para condenarlo la autoridad judicial violó todas las normas del debido proceso; ni siquiera le permitió leer al final del juicio un alegato en su propia defensa.
En realidad, Zamora ha sido encarcelado, procesado y condenado por haber dedicado El Periódico casi exclusivamente a investigar y denunciar la corrupción pública en Guatemala, que es mucha; no solo la del actual gobierno sino también de los anteriores.
Que la condena al periodista José Rubén Zamora es una pasada de cuenta política lo reconoció el mismo fiscal que pidió para la víctima una pena de 40 años de prisión, e insiste en pedirla después de que le fue impuesta la sentencia de seis años. En un video de amplia circulación el fiscal dijo que El Periódico era “un medio de comunicación que denigraba, insultaba el honor y prestigio a fiscales, jueces y magistrados, y a personas de la sociedad civil”.
Al respecto el diario Prensa Libre, de Guatemala, en su comentario editorial de ayer viernes 16 de junio señala que tal declaración del fiscal demuestra “que la persecución contra Zamora es motivada en sus opiniones, las cuales es libre de emitir, él o cualquier ciudadano según el artículo 35 constitucional”; es decir, de la Constitución de Guatemala. Y agrega que si “a alguien le gusten o no (esas opiniones) es distinto. En el caso que hubiese incurrido en calumnia o difamación, el canal legal debió ser la Ley de Emisión del Pensamiento”, la que en ese país tipifica tales delitos.
José Rubén Zamora es solo uno de los muchos periodistas de Guatemala víctimas de la ola de autoritarismo que azota a la región. En los últimos tres años han ocurrido allí “más de 350 agresiones a periodistas y su trabajo”, dice la Asociación de Periodistas de Guatemala. Obviamente, el propósito es menoscabar o liquidar la libertad de expresión y de prensa.
El periodista guatemalteco José Rubén Zamora ha recibido y sigue recibiendo muchas muestras de solidaridad, de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), de las asociaciones internacionales de periodistas y de muchos medios y periodistas independientes de distintos países. Una valiosa solidaridad moral internacional a la que se suma LA PRENSA de Nicaragua.