Daniel Ortega y Rosario Murillo

El dictador Daniel Ortega, su esposa y cogobernante, Rosario Murillo, junto a los policías que fueron víctimas de la represión en 2018. LA PRENSA/ TOMADO DE LA PRESIDENCIA

Las mentiras de Ortega en su discurso del 19 de abril

Desde 2018, el dictador ha mantenido e incrementado su discurso de odio, basado en mentiras y tergiversaciones, contra la Iglesia católica

Una vez más, el dictador Daniel Ortega dirigió toda su saña contra la Iglesia católica en el discurso de este miércoles 19 de abril, algo que ha sido habitual los últimos cinco años, desde que comenzó la crisis por la brutal represión policial contra las protestas civiles de 2018.

Aunque Ortega ataca a los obispos, los amenaza, incita agresiones contra ellos, los ha encarcelado y mantiene preso a monseñor Rolando Álvarez —uno de los más críticos contra su régimen dictatorial—, en 2018 el mismo Ortega fue quien los buscó cuando se vio superado por las masivas protestas en todo el país.

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El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez —exiliado desde hace más de tres años por las amenazas de muerte del régimen—, ha dicho en reiteradas ocasiones que Ortega le pidió a los miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) que mediaran el fallido diálogo nacional en 2018. En ese entonces, todas las partes estaban de acuerdo en buscar una salida a la crisis que generó el descontento por una reforma a la seguridad social y luego por la brutal represión armada contra los protestantes.

En el momento que se estableció el diálogo, el 16 de mayo de 2018, la dictadura de Ortega y su esposa Rosario Murillo, ya habían asesinado a 57 jóvenes que salieron a manifestarse, muertes que se incrementarían cada día hasta llegar a un saldo de 355, entre estos 24 menores de edad, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que verificó in situ la situación del país en ese entonces.

Miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) participando como mediadores y testigos en el fallido diálogo nacional de mayo de 2018. LA PRENSA/Archivo

Aún así, Ortega lleva cinco años acusando a los obispos de terroristas y cómplices de un supuesto golpe de Estado que, según él, se intentó en abril de 2018 para sacarlo del poder.

La primera vez que arremetió contra los obispos fue el 19 de julio de 2018, en la conmemoración del 39 aniversario de la Revolución Sandinista, ante el Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua, incluyendo al nuncio apostólico, monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag, quien posteriormente fue obligado a dejar el país. «Yo pensaba que (los obispos) eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan de los golpistas», dijo Ortega visiblemente enfadado.

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Uno de los argumentos más repetidos por Ortega es que las iglesias fueron refugio de criminales y de actos de violencia, sin embargo, lo que se vivió en 2018 fue que las iglesias, incluyendo la Catedral de Managua, mantuvieron abiertas las puertas a los jóvenes, estudiantes y protestantes en general que huían de la represión de la Policía y de los civiles armados que disparaban a la cabeza y el pecho a los protestantes, lo que provocaba el caos y los enfrentamientos en desventaja de los manifestantes, quienes se defendían con piedras y morteros.

Los templos católicos también fueron centro de acopio de agua y comida que la ciudadanía enviaba en solidaridad con los estudiantes que estaban atrincherados en las universidades, sin embargo, la misma Policía evitaba el envío de esa ayuda.

Aunque existía la idea de que los policías y los civiles armados —también llamados paramilitares por la ciudadanía— no entraban a las iglesias, sí lo hicieron en muchas ocasiones, e incluso dispararon contra la infraestructura de los templos, prueba de esto es la parroquia Jesús de la Divina Misericordia.

Divina Misericordia
La parte externa del cuarto de oración de la capilla Divina Misericordia quedó agujerada por las balas de los paramilitares orteguistas que la atacaron el 13 de julio de 2018. Jeffrey Jarquín fue sobreviviente de ese ataque. LA PRENSA/Archivo

El 13 de julio de 2018, los estudiantes que estaban atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) huyeron del recinto tras el ataque armado que ordenó Ortega para evacuar la universidad. Los jóvenes se refugiaron en la parroquia Jesús de la Divina Misericordia, que colinda con la UNAN.

Los paramilitares siguieron a los estudiantes hasta la iglesia y la acribillaron a tiros desde afuera. A la iglesia fue llevado con un balazo en la cabeza el joven Gerald Vásquez, quien murió en el templo.

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Otra prueba de los ataques y profanación de las iglesias fue el ataque a la Basílica Menor de San Sebastián, en Diriamba, Carazo, el 9 de julio de 2018. Ese día, paramilitares y simpatizantes de Ortega invadieron y saquearon el templo, y agredieron a sacerdotes, obispos, al cardenal Leopoldo Brenes y a feligreses.

Son decenas de eventos de agresión a sacerdotes, ataques y robos a iglesias y catedrales del país, de parte de los simpatizantes de Ortega. Otro de los hechos destacados fue la agresión a periodistas y feligreses en la misa de cuerpo de presente del poeta Ernesto Cardenal, el 3 de marzo de 2020.

Universidades jesuitas
El padre Edwin Román fue agredido en la sacristía de la parroquia de San Sebastián, en Diriamba, por encapuchados y paramilitares que se tomaron el templo para agredir a los sacerdotes por órdenes de la dictadura. LA PRENSA/AFP

Al día de hoy, las iglesias católicas no pueden celebrar con libertad sus eventos religiosos, porque son asediadas por la Policía. Este miércoles Ortega confirmó su actuar diciendo que estas decisiones se tomaron para «evitar manipulaciones», por eso «se les dijo que realizaran las actividades en las iglesias o cerca de las iglesias y algunos de ellos empezaron a tronar, ¿por qué?, porque querían sangre, ellos quieren sangre, quieren muerte, quieren que se quemen las escuelas, los hospitales, quieren destrucción», agregó el dictador.

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