El asesinato atroz de Ariel José Mendoza Espinoza, de 36 años, una mujer trans conocida como la Mendoza por su apellido ha conmocionado nuevamente a los nicaragüenses, sin embargo, no es el primer crimen de este tipo que ocurre en Nicaragua. El 3 de marzo de 2021, se conoció el crimen de odio contra Kendra Contreras, conocida como Lala.
Actualmente, ambos crímenes demuestran el odio, la vulnerabilidad, la violencia y la discriminación que sufre la comunidad trans en el país, coinciden activistas y defensoras de la comunidad LGTBI.
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Esta mujer trans se ganaba la vida vendiendo gomas de mascar y cigarros de manera ambulante en el mercado de Mayoreo, en Managua. Había sido reportada como desaparecida el 30 de marzo pasado. Vivía con su familia en Villa Canadá, en el Distrito Seis de Managua. Su cuerpo en estado de descomposición y con signos de violencia fue encontrado el 7 de abril en un predio montoso en el barrio La Curva.
Extraoficialmente se conoció que la Mendoza fue estrangulada y su cuerpo presentó visibles quemaduras relacionadas con la exposición al sol. Hasta el 8 de abril, la Policía tenía bajo investigación a tres hombres por el crimen, sin embargo, no se ha brindado más información y tampoco han dado por esclarecido el crimen.
Alarma y temor en la comunidad LGTBI
Ludwika Vega, presidenta de la Asociación Nicaragüense de Transgéneras (Anit), sostiene que el asesinato de la Mendoza enciende las alarmas del colectivo y manifiesta preocupación por representar a todas luces un crimen de odio.
«Es un crimen de odio porque la mataron con saña a esta mujer trans que era una trabajadora ambulante, una persona humilde, esto es algo que lamentablemente llena de mucho temor a la población LGTBI», apunta Vega.
Para la titular de Anit los estereotipos de género, el machismo y la intolerancia son parte de las cegueras que tiene la sociedad. «A nosotras nos rechazan por el comportamiento de vida que tenemos —dizque diferente al normal—, nosotras vivimos con un caparazón de lucha porque nos defendemos muchas veces cuando nos agreden y ofenden, entonces ahí las personas nos tildan de pleitistas, bochincheras, vagas, de la calle y todo tipo de ofensa que existe contra las mujeres trans», apunta.
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En esa misma línea, la feminista y directora del Colectivo La Corriente, María Teresa Blandón, remarca que este crimen «pone en evidencia la marca muy dolorosa, grave y peligrosa de la cultura machista y discriminatoria en Nicaragua donde se toleran actos de violencia en contra de estos cuerpos que son diferentes a las expectativas sociales porque no se someten a la única manera de ser hombre o mujer».
Blandón reprocha que en Nicaragua aún predomine la cultura autoritaria que «no permite, no reconoce, no celebra la libertad que tenemos todas las personas a decidir cómo queremos vivir, expresarnos, relacionarnos con las otras personas». La defensora llama a despojarse de los perjuicios y poder coexistir con esta comunidad, así, dice, «como se coexiste con otras diferencias políticas y religiosas».
Una activista LGTBI, quien solicitó anonimato por temor a represalias, asegura que si es difícil ser mujer en un país como Nicaragua donde defensoras de derechos denuncian acoso, violencia y femicidios cada semana, ser una mujer transgénero conlleva otros retos.
«El transfemicidio es un acto de odio donde la sociedad no acepta y no tiene conciencia y termina discriminando y demostrándolo con la crueldad que las asesinan», sostiene la activista.
Tres crímenes de odio
A la fecha, con el asesinato de la Mendoza, según la presidenta de Anit, se contabilizan tres crímenes de odio; los otros ocurrieron en marzo y febrero pasados.
El pasado 6 de marzo, Juana Mena Hernández, una mujer trans de 35 años, oriunda de Masaya, murió a causa de una golpiza que recibió de un hombre, quien supuestamente se identificó como su pareja.
A finales de febrero pasado, en una comunidad del municipio de Jinotepe, en el departamento de Carazo, Juan Ramón García Martínez, de 48 años, mató a su hijo de 16 años, a quien rechazaba por su orientación sexual: ser homosexual.
El informe anual 2022 del Observatorio LGBTIQ+ Nicaragua revela que durante ese año se recepcionaron un total de 43 denuncias de discriminación y violencia contra esta comunidad, siendo las mujeres trans las principales víctimas con 21 casos, homosexuales con 17 casos, 7 casos de lesbianas, y un caso respectivamente de mujer bisexual, hombre bisexual y persona no binaria.

El Observatorio concluyó que la cantidad de casos reportados «evidencian el ambiente de total impunidad que prevalece en el país».