El Altar de Pérgamo y el friso de la Telefiada

Al subir por la escalera que conduce a la plataforma superior del altar, se logra admirar un friso de mármol, llamado el pequeño friso de Pérgamo, el cual adorna los muros que encierran los tres lados de este espacio.  El friso no se terminó a causa de la interrupción prematura de los trabajos.  Sin embargo, los elementos conservados permiten apreciar la organización y la calidad plástica del relieve. El motivo del friso es la leyenda de Télefo, hijo de Heracles y de Auge. 

Aléos, rey de Tégia, decidió consultar el oráculo de Apolo. El oráculo declaró que la descendencia de su hija Auge acarrearía la maldición de su casa. Con el propósito de prevenir una desgracia, el rey dispuso consagrar su hija a Atenea como sacerdotisa de la diosa. El caso es que ella faltó a sus votos de castidad y, como resultado de una relación secreta con Heracles, nació su hijo Télefo. 

 En castigo la desgraciada hija del rey fue abandonada al oleaje del mar en una frágil barquilla, mientras el niño fue llevado a un bosque umbroso. Pese a todo, madre e hijo fueron salvados de una muerte segura. La barquilla de Auge fue arrojada por las olas a las costas de Mysia, cuyo rey Teutras la tomó en adopción, en tanto Heracles se ocupó de encontrar a su hijo, quien fue amamantado por una leona. 

Llegado a hombre Télefo, bajo el peso de una maldición por un crimen cometido en su familia, debe abandonar la corte de Tégia.  De esta suerte, Télefo llega a Mysia, a la corte de Teutras, al que le presta varios servicios luchando en contra de sus enemigos. Para agradecer sus acciones heroicas, ignorando el trasfondo, Teutras le ofrece la mano de su hija adoptiva Auge.  Sin embargo, la serpiente de Atenea interviene y hace que se reconozcan madre e hijo. 

 El friso hace recuento de los combates de Télefo contra los aqueos que en ruta a Troya desembarcaron en las costas de Mysia. Télefo fue herido por Aquiles de un golpe de lanza y, según el oráculo, la herida no puede ser sanada más que por quien la ha infligido. Télefo decide partir hacia Grecia en busca de los aqueos. Finalmente es curado gracias a la intervención de Odiseo (Ulises) que interpretó el oráculo de una manera muy particular. En recompensa por la ayuda recibida, Télefo guía él mismo la flota aquea hacia Troya.  De regreso a la Eolia, Télefo funda la ciudad de Pérgamo y hace construir numerosos santuarios para el culto de los dioses. Las escenas en el friso de la Telefiada han sido inspiradas por la epopeya que reconstruye el destino del legendario Télefo, venerado por los reyes de Pérgamo como su ancestro.

Descubrimiento y reconstrucción del gran altar

A fines del primer milenio de nuestra era, los bizantinos de Constantinopla (hoy Estambul), instalados en la acrópolis de Pérgamo, destruyeron el Gran Altar y se sirvieron de sus piedras para levantar las fortificaciones de defensa contra las embestidas de los árabes musulmanes. Fue en estos muros bizantinos donde Carl Humann, ingeniero alemán, descubrió en 1871 los restos de los relieves de mármol blanco, descubrimiento que fue el punto de partida para las excavaciones subsiguientes en la acrópolis, a cargo  de los museos berlineses. El Museo de Berlín confió a Alexander Conze la dirección de estos trabajos. 

El Gran Altar de Zeus

Después de negociaciones y bajo acuerdo con el gobierno otomano de Ankara, Turquía, las antigüedades encontradas, entre ellas las del Gran Altar de Pérgamo, fueron enviadas a dicho museo. 

Más de 20 años transcurrieron en su reconstrucción y con millares de trozos se pudo al fin recomponer el impresionante friso. Hasta en 1902 el altar encontró su lugar en el centro histórico de Berlín, en la Isla de los Museos, rodeada por el río Spree, propiamente en la Alexanderplatz, en un edificio construido especialmente para el Museo de Pérgamo, el cual fue abierto al público en 1908. Sin embargo, en 1930 un nuevo museo fue edificado en el mismo sitio, con algunas modificaciones por las dimensiones del altar, colocado en medio del nuevo edificio. 

Al estallar la II Guerra Mundial en 1939, los museos berlineses fueron cerrados y los frisos y otras obras de arte transportados fuera de la Isla de los Museos, al abrigo de los bombardeos aliados. En 1945, terminada la guerra, por causa de estos bombardeos, no era posible colocar los frisos en su sitio anterior. 

Por razones de seguridad y conservación, los frisos fueron llevados por los rusos al Museo del Hermitage en Leningrado (San Petersburgo). Hasta en 1958 los frisos fueron devueltos por la URSS y en 1959 de nuevo reconstruidos, esta vez siguiendo las especificaciones de 1930 y las modificaciones de espacio como resultado de recientes y anteriores investigaciones científicas. Así que en 1959 se logró abrir nuevamente, a los miles de visitantes, el Museo de Pérgamo y su Gran Altar.

Colofón del traductor

Visitar el Museo de Pérgamo constituye un recuerdo inolvidable. Yo fui uno de esos visitantes, impresionado por la belleza del Gran Altar y sus esculturas, y por las leyendas que rodean a los dioses olímpicos y su combate contra los gigantes.  

En mis años juveniles acaricié el sueño de visitar Alemania Oriental, entonces bajo la dictadura comunista de la RDA, con el propósito de visitar los museos berlineses, en especial el Museo de Pérgamo, del cual ya tenía abundantes referencias. 

Hoy que repaso mis recuerdos, al dejar atrás la Puerta de Brandeburgo, que marcó la división de Berlín este-oeste con el muro, me veo transitando la avenida Unter der Linden (Bajo los Tilos) en dirección a la Isla de los Museos y en ella la Alexanderplatz, donde se encuentra el magnífico museo, inamovible hasta hoy si las veleidades de la política no se imponen.

Conmovedora es la impresión que causa ver y tocar esas piedras milenarias, acarreadas desde Asia Menor (Turquía) para reconstruir en lejanos países sus templos y santuarios, estatuas y medallones, orfebrería y utensilios, que en un día antiguo eran contemplados y apreciados por los habitantes de sus deslumbrantes ciudades hasta que fueron sepultadas por el tiempo y el olvido. Ahora han cobrado vida, han renacido, al salir a la luz para asombrar a los estudiosos y turistas bien informados que vienen aquí en un día actual, impulsándonos a imaginar al menos lo que en un día remoto cualquiera, en esas ciudades amadas de los dioses, fuera un día de ofrendas y recogimiento religioso, o de juegos florales y gimnásticos, o de mercados abigarrados y vocingleros, o de debates filosóficos y políticos en las ágoras.

Pérgamo fue la encrucijada de muchas civilizaciones que dejaron su impronta.  Por allí, desde todos los puntos cardinales, llegaban y partían, por tierras y mares, pueblos de todas las razas y culturas.  Desde la India, Persia, Cáucaso, Mesopotamia, Egipto, Judea, Arabia, Tracia, Grecia, Macedonia, Sicilia. Este intercambio trajo como consecuencia el desarrollo extraordinario de esta ciudad que ansiaba competir con la Atenas de Pericles (495 – 429 a.C.), a la vez que rivalizaba con la Alejandría de los Ptolomeos en Egipto. 

Fue durante la dinastía de los atálidas, entre los siglos III y II a.C., más específicamente con Atalo I, cuando Pérgamo con 60,000 habitantes, gozó de su época de máximo esplendor. Se alzaron los edificios de mayor envergadura, como los templos, altares y santuarios, el teatro más grande de la época para 10,000 espectadores, el ágora, el palacio real, las murallas. La biblioteca de Pérgamo era tan famosa como la de Alejandría, con 200,000 títulos, muchos de ellos terminaron como obsequio de Marco Antonio a Cleopatra.  Famosa por la creación del papel que lleva su nombre, el pergamino, sustituto del papiro, el uso de las aguas termales y las curativas, como por las guerras y los terremotos que causaron en Pérgamo migraciones, siniestros y destrucción. Con la conquista romana en el año 88 a.C., llegó el eclipse para una bella, espléndida y portentosa ciudad.

Con todo, los fundamentalistas de las religiones no entienden ni respetan las culturas antiguas, anteriores a ellas. Según San Juan, Pérgamo es una de las siete iglesias del Apocalipsis y se refiere a esta ciudad como «el trono de Satanás”. Y algo mucho más reciente, la política.  El gobierno de Turquía, a instancias del alcalde de Bérgamo, ha iniciado una campaña para exigir la devolución a su lugar de origen del monumental altar de Zeus, transportado a Berlín hace más de un siglo y que se expone en el Museo de Pérgamo en Berlín, según ha dado a conocer el Ministerio de Cultura de Turquía.

La autora es investigadora del Staatliche Museen Zu Berlin. Traducido del francés por Porfirio Gómez.

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